Viernes, 22 Febrero 2019 00:00

Cruje el sistema político

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El crecimiento de los extremos hace que en las elecciones se vote más en contra que a favor.

 

Pocas democracias mantuvieron un bipartidismo tan definido como la británica. Conservadores y laboristas. Y los terceros partidos, bien lejos. Ocho diputados dejaron en últimos días el laborismo y se instalaron como independientes. Tres diputadas abandonaron en las últimas horas a los conservadores y se les unieron.

La causa inmediata y visible es el Brexit. Pero como este fenómeno no es sólo británico, conviene indagar en razones menos del momento y más de fondo. Una, posible, y no mucho tratada es o puede ser que con tal de mantener la identidad que sostiene el bipartidismo, se termina en posiciones inflexibles, antipolíticas. Pero hay otra más contundente que sostiene que el bipartidismo hace tiempo que ha dejado de expresar a las sociedades. Y que lo que existe hoy en muchos países es un reagrupamiento de opiniones, básicamente enfrentadas, que está haciendo crecer a los extremos y colapsando el centro de la política.

El caso británico, como el resto de los predominantes no es definitivo pero es altamente sintomático. Por un lado, los laboristas disidentes se quejan de la ambigüedad ante el Brexit de su líder, el izquierdista Jeremy Corbyn, y los conservadores están decepcionados con May, también por el Brexit. Este nuevo grupo empuja la realización de un segundo referéndum para meter marcha atrás en la decisión de los ingleses de separarse de la Unión Europea.

Británicos y medio mundo dudan de que la mayoría quiera ahora el Brexit. La intransigencia partidaria se opone a su revisión. Y, para colmo, el Brexit es una cuña dentro de conservadores y laboristas que produce divisiones dentro de los partidos. El Nuevo Grupo Independiente, que es bipartidista, tiene ahora 11 escaños.

Tomemos otro caso de fuerte bipartidismo tras la Segunda Guerra: democristianos y socialdemócratas que han sufrido un agudísimo retroceso en Italia. En este caso no hay un Brexit, pero un dilema parecido: inmigración o no inmigración. Los grupos xenófobos de derecha penetran, como últimamente Vox, en el sur español.

El crecimiento de los extremos hace que en las elecciones se vote más en contra que a favor.

España está a las puertas de nuevas elecciones, con el sistema bipartidario lesionado claramente. Todos hablan de unidad, pero cada partido tiene la suya, mientras en Cataluña, por otro plebiscito, la división es seguir siendo españoles o no serlo, pero, eso sí, siempre europeos. En Francia unos impuestos provocaron revueltas, aunque los chalecos amarillos no formaron partido. Los tradicionales han perdido influencia.

EE.UU. mantiene su bipartidismo, pero con las agujas corridas a los extremos. Trump es un republicano intransigente e inmoderado. Bernie Sanders, que se dice independiente pero dentro de los demócratas, está corrido bien a la izquierda. Acaba de lanzarse para 2020.

En Brasil, la irrupción de Bolsonaro desde la derecha, parido por el largo predominio del PT y la corrupción de esos años, es otro ejemplo de la fluidez de la política y la incapacidad partidaria para metabolizar la crisis.

Aquí, la crisis de 2001 golpeó fuerte al radicalismo a muy poco y el peronismo es hoy un archipiélago con un propósito muy patente que es reconquistar el Estado. Macri ha sido, como su amigo Macron en Francia, un emergente de esa crisis de representatividad. Las elecciones de este año van a tener una oferta en la que la tendencia principal será votar para que Macri no sea reelecto o para que Cristina no vuelva a la Casa Rosada.

Ricardo Kirschbaum

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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