Miércoles, 03 Abril 2019 00:00

La Argentina como las familias o las personas

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No hay dudas que cuando un individuo o una familia tiene problemas para llegar a fin de mes tiene dos caminos para intentar solucionar la dificultad: aumentar ingresos o disminuir egresos, o, probablemente una combinación balanceada de ambas cosas.

 

Lo mismo ocurre con un país. Y la Argentina es obvio que tiene problemas “para llegar a fin de mes”. De modo que las soluciones elementales que cualquier persona o familia piensa para sí, también son aplicables a este colectivo llamado Argentina.

El punto está en que tanto en el capítulo “aumentar ingresos” como en el de “disminuir egresos” el país presenta una serie de dificultades operativas.

No hay dudas de que para aumentar ingresos es necesario trabajar más y para trabajar más a su vez es preciso que haya algo que hacer. Sin embargo, muchas de las posibles actividades que podrían emprenderse están indirectamente prohibidas por el orden jurídico vigente.

Con “indirectamente” quiero decir que está claro que no se va a encontrar una ley que diga “no se puede realizar tal actividad” o “queda prohibido trabajar de tal o cual cosa” o “es ilegal tal o cual actividad”. Eso no se va a encontrar.

Pero la maraña legal argentina es de tal profundidad, confusión, contradicciones y es tan costosa que, a los fines prácticos, es lo mismo que si prohibiera actividades.

Es algo parecido a que la utilización de motocicletas este permitida a condición de que sus manubrios estén revestidos de oro 18 quilates: técnicamente andar en moto se puede, pero prácticamente es como si estuviera prohibido.

Eso es lo que ocurre con el sistema legal (previsional, laboral, sindical, comercial, impositivo y administrativo) argentino: no prohibe directamente el trabajar, pero lo torno prácticamente imposible.

De modo que el flanco “aumentar los ingresos” se ve seriamente deteriorado.

En lo que se refiere a “disminuir los egresos” la cuestión es más o menos similar. La Argentina ha montado una arquitectura legal de protecciones muy costosa que, ahora, desarmarla, generaría un caos y un estado deliberativo en la sociedad difícil de bancar.

Es cierto que parte de esa estructura ha sido la generación de empleo público artificial, a manera de seguro de desempleo encubierto y que una manera de atacar el problema del exceso de egresos sería desarmar parte de esa estructura.

A los que dicen que eso implicaría poco menos que el incendio del país, les decimos que en el sector privado se han perdido en el último año 130000 puestos de trabajo y el país no se incendió. Entonces ¿por qué una reestructuración del empleo público generaría ese caos? ¿o acaso los empleados públicos tienen una especie de coronita que los hace distintos?

En ese sentido la OCDE acaba de recomendar el establecimiento de un seguro de desempleo a cara descubierta que cubra las necesidades de aquellos agentes de los cuales el Estado se desprenda porque es más eficiente y más barato asumir un seguro que pagar a personas cuya presencia en sus puestos encarece la administración y son una fuente de aumento de la burocracia inoperativa de primer orden.

También es imprescindible redireccionar el gasto a un tipo determinado de erogaciones que cubran las necesidades actuales. En ese sentido no hay dudas que lo que se impone es un mayor financiamiento para la educación en las destrezas que requiere la nueva economía y el nuevo mundo.

No se puede seguir educando a la población de acuerdo a las reglas de la educación del siglo pasado, sino que deben cambiarse las modalidades para preparar a la gente para manejar las herramientas que exigen las tecnologías de hoy.

Otro terreno en que deberían llevarse adelante modificaciones urgentes es el tributario. Sería imprescindible que la alícuota del IVA baje para que eso tenga un fuerte impacto en los precios, especialmente en los alimentos y medicamentos. La exención del impuesto a las ganancias a los miembros del poder judicial debe terminar. Los privilegios sindicales deberían ser eliminados de cuajo. Y el peso de las indemnizaciones también, aprovechando el nuevo esquema de seguro de desempleo.

Los aranceles y para aranceles a la importación, especialmente los que afectan a bienes de capital, deberían ser disminuidos drásticamente, y gradualmente disminuir también los aranceles generales a la importación para producir un abaratamiento del nivel general de precios.

Al mismo tiempo se deberían desarrollar políticas agresivas de exportación y de ganar mercados exteriores para lo cual es preciso bajar la carga impositiva que, junto con los productos, nos hace exportar impuestos que nadie quiere comprar.

No hay demasiados secretos en lo que una persona, una familia o un país debe hacer para “volver a llegar a fin de mes” e incluso para ahorrar y salir adelante. El tema es que que al lado de las estructuras que han fundido a la Argentina en los últimos 70 años ha nacido una casta de vivos que vive como los reyes de ese “negocio”. Desarmar ese “negocio” de los vivos que encontraron en el curro del nacionalismo popular la mejor mentira para vivir de arriba, es el gran secreto de la solución definitiva a la decadencia del país.

Desde ya que va a haber resistencias porque, pese a lo que pueda creerse, ese grupo es muy amplio y, obviamente, con la plata nuestra, se ha hecho, con el correr del tiempo, muy poderoso.

Pero si no se hace este intento la Argentina estará condenada a una decadencia gris, gradual y persistente que la convertirá definitivamente en uno de los países inexplicablemente más pobres del planeta.


Carlos Mira

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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