Miércoles, 03 Abril 2019 00:00

Macri y el “Sottogoverno”

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El presidente Mauricio Macri, al presentar su gabinete, el 2 de diciembre de 2015, prometió que “la AFI (Agencia Federal de Inteligencia) estará al servicio de la seguridad nacional, y no como en los últimos años, que se usó para hostigar y espiar a los ciudadanos".

 

Sin embargo, el presidente no solo no cumplió lo prometido sino que aparentemente, según las investigaciones de un juez federal, ha utilizado la AFI de un modo desconocido hasta ahora en un gobierno democrático. Esta actuación, por parte de un gobierno que se había envuelto en la bandera republicana para ganar las elecciones, es una enorme decepción para las expectativas de cambio a las que se habían apuntado tantos ciudadanos argentinos.

La existencia de un sistema de espionaje utilizado discrecionalmente por el Gobierno y que el politólogo italiano Norberto Bobbio caracterizara como el “sottogoverno”, no es ninguna novedad y ha sido reconocida por periodistas amigos de los principios deontológicos de la profesión como Carlos Pagni y Hugo Alconada Mon. En una nota publicada hace más de un año bajo el significativo título de “El pestilente círculo negro del espionaje” Carlos Pagni denunció a “este círculo de personas instaladas en las entrañas del poder, que utilizan fondos e instrumentos asignados por el Estado para perseguir o extorsionar, fuera de cualquier marco legal”. Añadió que “el problema de Macri es que ese pestilente "círculo negro", que se extiende bajo sus pies, ha comenzado a descomponerse y está fuera de control”.

En el capítulo 10 del ensayo “La raíz de todos los males”, Hugo Alconada Mon ha relatado los métodos operativos de los servicios de informaciones del Estado. Señala, por ejemplo, el método de armar investigaciones falsas para ordenar las intercepciones de las comunicaciones telefónicas. “Por eso se destituyó, a dos jueces en Misiones, José Luis Rey y Horacio Gallardo, dentro de la investigación por escuchas ilegales que incluyó el procesamiento del entonces jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, sobreseído cuando ya era Presidente, de la mano del operador Javier Fernández”. Añade que “tampoco resultan tranquilizadores los motivos que esgrimió el presidente Mauricio Macri para nombrar a Gustavo Arribas al frente de la AFI: «Yo pensé de todos mis amigos, ¿cuál era el más vivo, el más desconfiado, el más acostumbrado a toda esa cosa de las trampas?». Añade que “peor, sin embargo, es la caracterización de Arribas por Roberto Digón, el veterano dirigente del club Boca Juniors que trabajó y lidió durante años con el actual Presidente y su «Señor Cinco». «Son íntimos amigos. Hicieron muchos negocios juntos, no tengo dudas de que Arribas era un testaferro de Macri», algo que hasta ahora nadie demostró”. Finalmente, añade el periodista, que Macri dispuso con el decreto 656 / 2016 que todo el presupuesto de la AFI volviera a quedar en las sombras. Es decir, más de 6.000 millones de pesos en la actualidad, una inmensa caja negra para pagar espías “free lance”.

Debemos ser imparciales para que quede en evidencia el carácter estructural del problema. La presencia de personajes siniestros al frente de los servicios de inteligencia del Estado no es una práctica que afecte solo al actual gobierno de Cambiemos. En 2004, el entonces ministro de Justicia, Gustavo Béliz, acusó a Jaime Stiuso de manejar fondos millonarios y ofrecer al presidente Néstor Kirchner información falsa sobre el atentado de la AMIA. Béliz enseñó por primera vez una imagen del espía en la tele y dijo: “La SIDE la maneja un señor al que todo el mundo le tiene miedo porque dicen que es peligroso y te puede mandar a matar. Ese hombre participó de todos los Gobiernos y se llama Jaime Stiusso”. Después de ese programa, Néstor Kirchner le pidió la renuncia a Béliz y éste declaró: “Es el costo de decir la verdad; me metí con el aparato más oscuro de la Argentina, que es la SIDE”.

Ahora las reacciones pueriles del Gobierno, pidiendo la destitución del juez que investiga la trama de espionaje ilegal descubierta a raíz de la detención del agente encubierto Marcelo D’Alessio, son escandalosas, pero no pueden sorprender a nadie. Es la reacción natural de todo aquel que urde cualquier excusa cuando ha sido descubierto con las manos en la masa. La preocupación de Elisa Carrió por los efectos colaterales sobre la “causa de los cuadernos” es comprensible, pero no justifica el uso poco serio de teorías conspirativas para salvar el problema. Lo cierto es que ha quedado de manifiesto una trama que operaba como apoyo logístico en algunas investigaciones de la justicia federal, de modo que una causa que se basa en unos cuadernos confeccionados de un modo extraño por un chófer que luego los ha incinerado, no puede más que alimentar nuevas suspicacias. Lo que no se debe interpretar como un deseo de que la causa que ha sacado a la luz la cartelización de la obra pública por parte de empresarios de la añeja “patria contratista” acabe en una vía muerta. Lo que sería deseable es que esa investigación sea escrupulosamente objetiva y dirigida por un juez imparcial, justamente, para evitar que termine en un sonoro fracaso.

El maestro italiano Norberto Bobbio ha sido quien ha analizado a fondo los problemas de la democracia realmente existente y, en especial, las dificultades que impiden reducir al máximo el poder invisible. Sostiene que la democracia real se ve condicionada por fenómenos recientes, como la manipulación de la opinión pública a través de las noticias falsas o de fenómenos como el sottogoverno que limita las posibilidades de hacer transparente y erradicar las prácticas ocultas del poder estatal. Cuando los gobiernos son insensibles al uso de metodologías extorsivas que utilizan información obtenida ilegalmente para disciplinar al Poder Judicial, es la legitimidad del sistema democrático en su conjunto la que se fe afectada.

Aleardo F. Laría

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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