Viernes, 05 Abril 2019 00:00

El PRO recalcula la­ alianza con la UCR y el Papa viene "pronto"

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Para el partido fundado por Macri ya no se trata, por otra parte, de confrontar prioritariamente con interlocutores del kirchnerismo, sino de potenciar sus lazos con los radicales. Francisco aguarda el fin de la crispación social para visitar su país.

 

Las constataciones del Indec sobre el significativo crecimiento de la pobreza en el país (1 de cada 3 argentinos es pobre; 1 de cada 2 menores de 14 años es pobre), la persistencia de la inflación, el paráte económico, la amplia brecha entre precios y salarios ensombrecen el paisaje social en un año en el que se dirimen la presidencia de la Argentina y, si se quiere, el rumbo que el país debe adoptar para salir de la crítica situación. El minué que entrelaza el valor del dólar y el ascenso de las tasas de interés es observado como una danza macabra por una sociedad en la que se extiende el escepticismo.

¿CAMBIO O MAS DE LOS MISMO?

Interrogado por el escritor Mario Vargas Llosa, Mauricio Macri afirmó que si es reelegido continuará "por el mismo camino lo más rápido posible". Para algunos se trata de una demostración de firmeza, para otros es un signo de obcecación. En fin, más allá de las opiniones la cuestión que necesita respuesta es cuál sería la nueva relación de fuerzas que, en tal caso, le podría permitir al Presidente hacer más ligero aquello que prometió y no pudo cumplir en este período.

Los giros políticos sorprenden sobre todo a quienes prefieren amurallarse detrás de certezas que los cambios de la realidad han dejado desubicadas. El Presidente inició sus funciones convencido de que las cosas difíciles tendrían para su gobierno una solución sencilla. La sociedad acompañó esa ilusión durante un tiempo. Después se inició un ciclo de desencanto que hasta ahora no ha concluido y que el oficialismo registra dolorosamente en encuestas y en aproximaciones mayores al electorado, como los timbreos o los actos de inauguración de obras. La respuesta que reciben los protagonistas de esos encuentros suelen ser decepcionantes para ellos.

Las usinas ideológicas del PRO han preparado un manual para instruir a sus adherentes en las discusiones cotidianas. Es que ahora esos simpatizantes deben explicar muchos retrocesos a un público que tiene dificultades a la hora de pagar los servicios públicos y cuyos sectores menos desfavorecidos en el primer trimestre de este año encogieron un 15 por ciento su consumo de carne vacuna.

Ya no se trata, por otra parte, de confrontar prioritariamente con interlocutores del kirchnerismo, a los que el oficialismo podía echar flit con réplicas prêt-à-porter sobre la herencia recibida, alusiones a los cuadernos del chofer Centeno, citas de Fernández Díaz o Feinmann y escuchas telefónicas propaladas por Majul.

Ahora, en cambio, la base de Cambiemos tiene que defender a su gobierno en temas álgidos como la inflación que desobedece los pronósticos oficiales, el dólar que se dispara, la pobreza que se incrementa o las tasas escaladoras frente a argumentos de otra índole, cuyas fuentes pueden ser desde Roberto Lavagna hasta Ricardo Alfonsín, desde el socialismo que gobierna Santa Fe hasta Marcelo Tinelli, Martín Lousteau (el ex embajador de Macri en Estados Unidos) o dirigentes empresarios grandes y medianos.

Pese a lo que el Presidente le dijo a Vargas Llosa, los hechos llevan al gobierno a vacilar ante la idea de "hacer lo mismo". Desde la Casa Rosada se filtró esta semana, por ejemplo, la novedad de que el PRO podría conceder a sus socios radicales la candidatura a vicepresidente, un objetivo que tienta particularmente al presidente del comité nacional de la UCR, el gobernador de Mendoza Alfredo Cornejo.

VIENTOS DE FRONDA

Se sugería que la oferta sería formalizada el próximo lunes, en una reunión que estaba programada con gobernadores y dirigentes radicales. Si bien esa reunión fue suspendida (tal vez porque Jaime Durán Barba y otras voces influyentes en la Casa Rosada cuestionaron la concesión) y aunque es probable incluso que la invitación no llegue a concretarse, el mero hecho de haber incluido en la agenda el cambio de Gabriela Michetti por un barón (y varón) del radicalismo en la fórmula presidencial da cuenta de que el optimismo profesional del vértice del PRO empieza a experimentar fisuras.

Es probable que echar a rodar el tema del binomio compartido haya sido un intento de calmar los aires de fronda que agitan al radicalismo y amenazan la integridad de Cambiemos.

Pese a que los estrategas electorales del Pro sostienen que los radicales no romperán la coalición porque no tienen ningún destino alternativo, íntimamente temen que un sector de la UCR emigre hacia el consenso opositor que promueve Roberto Lavagna y le reste al oficialismo algunos puntos vitales en una votación que seguramente se definirá por una pequeña diferencia (Macri ganó por dos puntos el balotaje de 2015). Por eso penetra en el núcleo duro del Pro la idea de que "algo habrá que conceder".

Sin embargo, lo que los radicales más rebeldes exigen no es un puesto visible en la boleta, sino la participación en las decisiones de gobierno y la discusión de un programa. En su defecto, quieren que se abra el debate y se permita una elección primaria en la que el radicalismo puede preservar su identidad ideológica y expresar sus diferencias con el perfil ("neoliberal") que atribuyen al PRO.

Para el influyente jefe de gabinete Marcos Peña la idea de dirimir la candidatura presidencial de Cambiemos en una interna es insalubre: él quiere que la postulación de Macri a la reelección sea visualizada como una circunstancia natural. Peña también la considera amenazante: hay encuestas que muestran a Martín Lousteau (el más nombrado de los desafiantes que podría postular el radicalismo) como victorioso en un mano a mano con el Presidente en el escenario de las PASO oficialistas.

En fin, que Macri y Peña no quieren cambiar, sino hacer lo mismo, pero intuyen que tendrán que hacer ajustes, aunque no saben cuáles cambios serán eficaces.

LA ESPERANZA DEL PAPA

Lejos de las vacilaciones y las dudas que se tramitan en las cúpulas políticas locales, el Papa Francisco, da muestras de optimismo sobre el futuro próximo del país. Acaba de declarar que espera visitar la Argentina "pronto". Dos semanas atrás, al comentar la declaración de los obispos argentinos, en la que informaban que invitarían a Bergoglio a visitar la Argentina, habíamos adelantado en esta columna: "Suponer que esa declaración responde a una ocurrencia local no consultada previamente con Roma sería un grave signo de desinformación. La invitación de los obispos es, si se quiere, una autoinvitación de Francisco. Y eso implica un indicio inequívoco de que el Pontífice entrevé a corto plazo una situación que permitirá superar el espíritu de la grieta, que ha sido el principal obstáculo a un viaje suyo a la Argentina".

En efecto, el Papa esperaba que amainara la crispación y se abriera un camino cierto al diálogo y los consensos. Esta columna lo había analizado ya en septiembre de 2017, cuando se iniciaba la reestructuración del Episcopado argentino: "Con una Iglesia argentina reordenada para el año próximo, una condición importantísima para el viaje de Francisco se habrá cumplido. Otras tienen que ver con la política. Si en Colombia el Pontífice llegó para encontrarse con una sociedad que avanza enérgicamente de la violencia al orden democrático y la paz, de la división al diálogo y la convivencia, en Argentina todavía ese camino no termina de consolidarse. Se mantienen activos rastros elocuentes de la grieta que prevaleció durante una década larga".

En enero de 2018, cuando una campaña envenenada enrostraba al Papa que, habiendo llegado hasta Chile, no visitara su propia patria, se analizaba aquí: "Los críticos de Bergoglio no deberían considerar "evasivas" las razones que una y otra vez han sido invocadas desde El Vaticano y desde la misma Iglesia argentina. El obispo Víctor Fernández ya señaló hace varios meses, ante otra embestida parecida a la actual, que `la Argentina está pasando por un momento de excesiva polarización y crispación. Y el Papa teme que su presencia pueda ser utilizada para exacerbar aún más esta división'".

La esperanza recién manifestada por Francisco de poder estar pronto en la Argentina, revela su fuerte expectativa en que se está abriendo un camino de salida de la grieta y el enfrentamiento.

Por cierto, no hace falta aclarar que cuando dice "pronto" el Papa no quiere sugerir que viajará en 2019. A menudo lanzarse a aclarar lo obvio resulta una forma de enturbiar lo transparente.

Jorge Raventos

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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