Martes, 23 Abril 2019 00:00

Las evidencias del sentido común

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¿Qué razonamiento puede contradecir a ese sentido común que nos “advierte” siempre acerca de que algo no está bien o debería ser analizado mediante una segunda mirada?

 

¿La respuesta? NINGUNO.

Es cierto que habrá quienes puedan sentirse más sobrecogidos que otros por algunas sensaciones interiores que adquieren la forma de “verdades intuidas”, pero nadie ha podido desterrar ese sentimiento que por siglos ha terminado atormentando a quienes intentaron desconocer la realidad…hasta que la misma se los llevó “puestos”.

Al leer en los últimos días otras novedades (surgen casi a diario como hongos envenenados), sobre la corrupción descarada y descarnada de Néstor y Cristina Kirchner, uno se pregunta con perplejidad: ¿qué hace falta aún para confirmar con más detalles las características de la corrupción instalada por una pareja cleptocrática, que demostró estar totalmente desprovista de cualquier tipo de escrúpulos?

Si con las próximas elecciones a la vista se pretende definir entonces la “grieta” (¿) como la existencia de dos posiciones políticas diferentes, se comete un gravísimo error, porque las comparaciones sobre las alternativas actualmente disponibles para decidir el voto en octubre deberían ser consideradas solamente entre candidatos que cultivasen valores equivalentes.

Por lo que hoy se sabe –y que nos dejen de embromar con que los juicios de Comodoro Py están “armados”, por favor-, el gobierno de los K tuvo como rasgo esencial el haber encumbrado en el poder a una turbamulta de delincuentes que apelaron a cualquier recurso a su alcance para enriquecerse, mientras utilizaban argumentos y “escenificaciones” de un gran cinismo, diciéndose entre ellos -como ha declarado el “arrepentido” contador Manzanares-, que las coimas cobradas durante años eran “una comisión que se le cobra a la patria por hacer las cosas bien”.

Inaudito.

“La luna”, dice Balmes, “conserva siempre su misma figura y, no obstante, nos presenta de continuo variedad de fases: una roca informe y desigual se nos ofrece a lo lejos como una cúpula que corona un soberbio edificio; y el monumento que mirado de cerca es una maravilla del arte, se divisa a larga distancia como una peña irregular, desgajada, caída a la aventura en las faldas del monte”.

Podríamos usar metafóricamente esta reflexión para definir el brillo engañoso que alguna vez derramó el kirchnerismo sobre quienes creyeron percibir que estábamos en presencia de un “cambio de escenario” que nos llevaría a la prosperidad.

Siguiendo con estas reflexiones, estamos convencidos que una conducta que pueda dar cabida al sentido común aludido se opera cuando abandonamos las pasiones, dejando de prestar nuestra connivencia a las ilusiones montadas sobre una visión fantasmagórica semejante a la que derramaron Néstor, Cristina y sus secuaces con sus mentiras y su desvergüenza.

No tener en cuenta las características de esta realidad para obrar en consecuencia, sería prestarse al juego de los intereses de quienes, aún en la sombra, pretenden introducirnos nuevamente “en un escenario tenebroso y negro como la boca de una tumba” (Balmes).

No puede saberse aún si los fondos del FMI servirán para sacarnos del pantano en el que estamos chapoteando, pero la historia enseña que los países salen adelante no solo mediante el uso del dinero disponible, sino a partir del momento en que deciden “hacer lo que hay que hacer”, sabiendo de antemano que los primeros pasos podrían asemejarse a los de un enfermo de cierta gravedad que intenta recobrar su posición horizontal luego de haber permanecido en cama durante mucho tiempo.

Cambiemos, uno de los extremos “supuestos” de la tan mentada grieta, nos ha devuelto el valor de una política que hace eso que hay que hacer.

Equivocándose, trastabillando, abriendo y cerrando puertas alternativamente, pero devolviéndonos la fe en algunos valores que los Kirchner revolcaron por el suelo con su hipocresía sin igual.

Es necesario que todos tomemos conciencia que no se trata de esperar solamente que un gobierno haga por sí algo por nosotros, sino qué estamos dispuestos a aportar cada uno para que ello sea realidad.

¿Hace falta ser más claro?

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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