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Martes, 07 Mayo 2019 00:00

Sinceramente, un verdadero engendro autorreferencial

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Al que no sepa al tiro  
Qué es la “sumatoria”,  
Le damos el birrete
De burro zanahoria

-Adolfo Bioy Casares calificando con ironía “Canciones para mis polluelos” de Mabel Pestalozzi en DICCIONARIO DEL ARGENTINO EXQUISITO

 

Sinceramente (esta vez nosotros), no podemos recomendar la lectura del libro de Cristina Fernández de Kirchner, al que consideramos un intento “sumatorio” por confirmar a algunos indecisos que es ELLA, y siempre ELLA, la señalada por el Destino (con mayúscula), para poner orden en la Argentina frente al caos (sic) macrista.

Sus “polluelos” y algunos oportunistas que aún le rinden pleitesía, sentirán seguramente que la REINA no está desnuda y sigue “revoleando” su atuendo con donaire sin igual.

Pero para quienes hayan gozado alguna vez con la prosa de algunos autores latinoamericanos que describen la realidad con maestría, el libro que hemos leído –con enorme esfuerzo, debemos confesarlo-, constituirá seguramente un prototipo más de los libretos para radio y teleteatro de los 50/60, donde el estereotipo de malos, buenos, ingratos, lindos y feos entretenía a la audiencia con un lenguaje rebuscado que Bioy Casares denominó alguna vez como “esencia del peronismo fino” (sic).

En nuestra opinión, es un intento por revivir el pasado reciente enfocando TODOS los acontecimientos de la sociedad alrededor de quien se adjudica un fulgor autorreferencial -superlativo e insoportable-, describiendo algunos hechos que la tuvieron como supuesta protagonista, con mentiras semejantes a las que adornaron siempre su pasión oratoria de actriz melodramática.

Los hechos políticos tergiversados no guardan mucho orden y pasan de análisis pormenorizados TOTALMENTE FALSOS a descripciones “emocionadas” sin solución de continuidad, causando la sensación de que la autora ha intentado poner en una lata para envasar sardinas de 250 gramos de capacidad, un kilo y medio y, por momentos, hasta tres kilos del producto.

De allí el grosor de un libraco que pretende ser un “testimonio de vida”, pero resulta a la postre un mamotreto insoportable.

Usando su mismo lenguaje coloquial “exquisito” (que siempre nos provocó hilaridad): “too much” (sic); y al decirlo, no tememos ser acusados de usar “bad information” (sic).

En todo momento, se tiene la sensación de estar frente a una larga lista de anécdotas pedestres, similares a las que relatan algunas peluqueras barriales que suelen atiborrar el oído de sus clientas con citas de una precisión incomprobable.

Hemos leído que el periodista Marcelo Longobardi, al ser interrogado por esta obra, la catalogó como “una porquería”. Nosotros agregamos: es un verdadero “engendro”. Es decir, algo que carece de valor literario alguno y no aporta nada a la historia política argentina, dada la cantidad de falsedades que contiene, revelando únicamente la pasión de la autora por ser considerada algo así como el ombligo del universo.

En nuestro caso, hicimos denodados esfuerzos para concentrarnos en escudriñar sobre sus contenidos conceptuales, advirtiendo que los mismos son de una ramplonería inaguantable, a punto tal que refutar su mediocridad carece de interés.

El libro refleja todos y cada uno de los rasgos de una sublime narcisista. La misma persona que peroraba en los actos públicos y cadenas de difusión oficial obligatoria durante su gobierno, en el que sufrimos el azote de la “incordialidad” de quien parece no haber podido superar hasta hoy el fermento de sus demonios interiores.

Éstos deben relacionarse probablemente con ciertos hechos familiares que hubo de vivir en su complicada adolescencia y trascendieron en las investigaciones específicas muy bien documentadas por la periodista y escritora platense Graciela Brunetti -contemporánea de Cristina, con quien compartió acontecimientos sociales de la época-, que hubo de auto exiliarse por temor en Montevideo en los años K (“Arregláte como puedas” y “Hasta aquí llegaste”).

Por otro lado, pone al lector frente a un “pastiche” resultante entre lo que escribió (¿o dictó?) la ex Presidente y el “ensamblado” de su relato por parte de los correctores de la editorial Penguin Random House, con los que no parece haber habido muchas coincidencias sobre el “estilo”.

Quizá porque la infatuada protagonista ha de haber sentido –como siempre-, que alguien podía “hacer sombra” a una genialidad personal que le permite morar en el Olimpo, de donde baja cada tanto para “iluminar” a la humanidad, distinguiendo a réprobos de elegidos.

Por si existiesen dudas sobre lo que señalamos, sugerimos a quienes nos leen que tomen al azar cualquiera de las páginas de la obra y podrán comprobar las características del “borbotón” emocional que domina a su autora.

Verán además variados errores de sintaxis, lunfardismos vertidos como “al pasar”, malas palabras gratuitas (a las que parece ser bastante adicta la actual senadora según audios de ella misma que han trascendido), e interjecciones viscerales de quien pretende llegar a sus “polluelos” y solo consigue hacer un nuevo aporte para que podamos comprender el grado de irrealidad en el que vivió siempre Y LO QUE NOS ESPERARÍA DE UN EVENTUAL GOBIERNO FUTURO BAJO SU MANDO.

Es esto último quizá lo más relevante, porque queda en claro su íntimo deseo de conducirnos a una Argentina diferente, destruyendo todo lo que se oponga a lo que considera principios “nacionales y populares”, con un férreo control de los poderes del Estado por parte de “militantes políticos”, diciéndole de tal modo adiós a la república.

Castrismo chavista en estado puro, predicado por quien creemos (para muestra basta un botón), que debería someterse a un tratamiento psicológico que lograra morigerar sus recurrentes desvaríos, aprovechados sin duda alguna por una izquierda radicalizada que intenta recrear con ella su propio Caballo de Troya ateniense posmoderno.

Si nos cruzáramos con la “abogada exitosa” alguna vez, le recordaríamos una frase del novelista estadounidense Jerome D. Salinger: “la vida es como un partido y hay que vivirlo de acuerdo con las reglas de juego”. Algo difícil de lograr –lo entendemos-, para personas acostumbradas a alimentar sus fantasías en forma compulsiva.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero  
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