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Viernes, 10 Mayo 2019 00:00

El consenso: cómo escribir­ derecho en renglones torcidos

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Al lanzar ahora su convocatoria resumida en 10 puntos, el gobierno confiesa en verdad que necesita esa base amplia para completar el período y abrir sostenidamente una nueva etapa, que pueda continuar después del comicio, sea quien fuera el presidente electo.

 

A fines de marzo, en Córdoba, durante el Congreso de la lengua e interrogado por el escritor Mario Vargas Llosa, Mauricio Macri afirmó que, de ser reelegido, continuaría "por el mismo camino lo más rápido posible".

Menos de un mes después, sin embargo, empezó a resignarse a desvíos notables y comenzó a emplear instrumentos que no solo no estaban en su caja de herramientas original, sino que, más bien, habían sido condenadas como artificios mágicos empleados por el kirchnerismo, siempre pintado por la Casa Rosada como la encarnación del Mal, el gran adversario. Borges supo sugerir, sabiamente: "Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos".

El contexto político venía inquietando a la Casa Rosada y en el seno de la coalición de gobierno se empezó a discutir la táctica electoral fijada por el entorno presidencial: la tendencia a agudizar un enfrentamiento polarizado entre Cambiemos y el kirchnerismo, fijada desde aquellas alturas, no estaba dando resultado en ningún plano.

Los episodios ya ocurridos -elecciones primarias y generales en varias provincias- desplazaron a las líneas polarizadoras a los márgenes del espectro y la coalición oficialista fue la que más sintió esos resultados.

CON AYUDA DE MIS AMIGOS

El domingo ocurrirá otro de aún mayores consecuencias, cuando Juan Schiaretti sea reelegido en la provincia de Córdoba y, eventualmente, el peronismo alternativo conquiste la capital provincial, largamente hegemonizada por el radicalismo. El kirchnerismo, preventivamente, retiró allá sus candidatos: un gesto realista que reconoce la fuerza de Schiaretti y la baja densidad de las fuerzas K en Córdoba.

Pero, además, la táctica de instrumentar la polarización consiguió efectos dañinos en el terreno económico. La amenaza sobredimensionada de una eventual victoria de Cristina Kirchner en las presidenciales irrita la delicada sensibilidad de los mercados.

En ese contexto de fragilidad el gobierno encontró nuevamente un punto de apoyo en el exterior: apalancado en el gobierno de Donald Trump, el Fondo Monetario Internacional refrendó posibilidades de intervención en el mercado cambiario que antes proscribía: el Banco Central puede ahora interferir sin restricciones la libre flotación del dólar utilizando para ello los fondos transferidos por el organismo.

Con respaldo de la Casa Blanca, del Fondo y hasta de Jair Bolsonaro, Macri consideró que había llegado el momento de contragolpear a las fuerzas (propias y ajenas) que cuestionan su conducción o piden que resigne su candidatura y lanzó así la propuesta de 10 puntos destinada a cambiar el eje de la discusión pública (sacando de esa función, mientras sea posible, el valor del dólar y la inflación), buscar consensos que den seguridad a los mercados (y, de rebote, a recuperar iniciativa y suscitar fisuras en las legiones opositoras).

REVISAR GUALEGUAYCHU (LA ALIANZA CHICA)

Se trata de un nuevo cambio de instrumental. El gobierno nunca quiso acuerdos amplios. Mejor dicho: los desalentó.

Cambiemos nace de la táctica estimulada por el vértice del PRO y consagrada en la convención radical de Gualeguaychú (2015) que se inclinó por una alianza chica en detrimento de un acuerdo más amplio que incluyera a todas las principales fuerzas que en aquellas instancias se oponían al cristinismo. La Casa Rosada reforzó esa táctica chica cuando -paso siguiente- rechazó la idea de Cambiemos como coalición de gobierno y dispuso limitarla al rol de coalición electoral y parlamentaria.

El Presidente y su entorno se encuentran ahora con distintas ofensivas tendientes a revisar la táctica chica, es decir, la que se adoptó a partir de la convención radical de Gualeguaychú.

Hoy se le reclama (radicalismo) que se abra la coalición de gobierno y que los socios actuales tengan voz y voto en la definición de las políticas y en la definición de los elencos. Pero se le plantea asimismo que la coalición se amplíe ("algo más grande que Cambiemos", con peronistas, socialistas, Gen, etc., como frasean Martín Lousteau o el presidente de la UCR, el gobernador de Mendoza Alfredo Cornejo) o que se configure "otra coalición" (Ricardo Alfonsín).

En el seno del partido del Presidente, varias figuras han insistido largamente (sin éxito) en una política de ampliación de las bases de la gobernabilidad: Emilio Monzó y el jefe de los diputados del PRO, Nicolás Massot, son los más notorios, pero no los únicos. Ellos quisieron anudar, en 2016, mientras los acuerdos parlamentarios para resolver temas centrales, como el pleito con los holdouts, lo facilitaban los pactos "tipo La Moncloa" que proponían peronistas federales como Miguel Pichetto. Y reiteraron su planteo después de la victoria electoral de Cambiemos en 2017 (pero terminaron desplazados).

Hay un consenso muy extendido en el sentido de que el próximo gobierno debe asentarse sobre una plataforma amplia, ya que están a la vista las consecuencias de la "táctica chica" que emprendió la coalición oficialista.

UNA POLITICA DE BASE AMPLIA

Es evidente que el problema de la Argentina no reside en ganar una elección (y mucho menos "una elección apocalíptica", como la describió un intelectual ligado al gobierno), sino en construir una estructura amplia -un sistema político institucional- capaz de convenir y poner en práctica sustentablemente un programa de crecimiento y reformas para impulsar la capacidad productiva, la competitividad internacional y el empleo.

Lo que las circunstancias dejan claro es que lo que provoca inquietud tanto a los inversores como a la sociedad es que el país no termina de componer un sistema político estable, que pueda impulsar y mantener reformas básicas.

En la táctica electoral de la polarización Cambiemos versus Kirchnerismo hay que buscar la causa del miedo de los inversores y, antes aún, el entorpecimiento y obstrucción de un sistema estable de consensos básicos.

Señalábamos unas semana atrás en esta columna que la panoplia de iniciativas reformistas que convergían sobre la Casa Rosada, incluyendo "las variantes del llamado "Plan V" (por María Eugenia Vidal) y hasta del "Plan H" (por Horacio Rodríguez Larreta) que empujan sectores del empresariado y de fondos de inversión y perturban a la Casa Rosada, no se refieren solo a reemplazar la candidatura de Macri e impedir una victoria de Cristina de Kirchner, sino a conseguir un respaldo amplio para el gobierno que definan las urnas. O, dicho de otro modo, que el próximo gobierno surja con un respaldo sumamente amplio que las urnas legitimen".

Más vale tarde que nunca: al lanzar ahora su convocatoria resumida en 10 puntos, el gobierno confiesa en verdad que necesita esa base amplia para completar el período y abrir sostenidamente una nueva etapa, que pueda continuar después del comicio, sea quien sea el presidente electo.

Ya no tiene importancia cuál fue la intención que guio originalmente el envite del gobierno (el propio gobierno ha ido cambiando sobre la marcha su idea de los interlocutores y su concepción sobre el documento). Lo que importa es que empieza a haber consenso sobre la necesidad de consenso. Eso es una revisión práctica. La necesidad del acuerdo está consagrada. Los 10 puntos del Presidente han servido para darle más movimiento a una idea que ya estaba en movimiento: no son un punto de llegada, pero funcionan como nuevo punto de partida.

Que se dialogue para ampliarlos, para interpretarlos, para discutir algunas formulaciones implica ya estar en buen camino.

Sergio Massa le había pedido al Presidente que convocara a un gran acuerdo incluyendo a empresarios, sindicalistas y movimientos sociales y a todas las fuerzas políticas representativas sin excepción. Roberto Lavagna acudirá al diálogo con su propio punteo, que no condena las tratativas con el Fondo Monetario Internacional le pide al gobierno que empiece a renegociar los acuerdos para poder cumplirlos; sostiene que una estrategia que apunte al crecimiento hará posible -con participación sindical, como ya ocurrió en Vaca Muerta- la reforma laboral que el gobierno no pudo encaminar todavía. Miguel Pichetto estimuló a Mauricio Macri tras asegurar en Estados Unidos, ante banqueros y fondos de inversión y "en defensa de la Argentina", que el peronismo alternativo sostendrá el cumplimiento de las obligaciones contraídas por el país.

LA ATMOSFERA DEL ACUERDO SE EXTIENDE A TRAVES DE LA DIVERSIDAD

Lo señalaron los obispos, desde Roma, donde participan de las audiencias ad limina con el Papa: "es muy importante favorecer un ámbito de diálogo para la búsqueda de consensos en torno a una agenda abierta y sensible a la realidad nacional, a la vida de los más pobres y al proyecto de país que soñamos y queremos (...) esa instancia debe ser para escuchar detenidamente las prioridades de cada uno y, luego de una escucha atenta, buscar elaborar una agenda consensuada (...) debe ser el resultado de un encuentro y no anterior a él".

Se trata, en verdad, de construir una política de unión nacional, que no es ni hegemonía facciosa ni unanimidad sino armonía en la diversidad. No se trata de una suma de palabras, sino de una gramática.

La política se reordena a partir de la búsqueda de ese consenso. Las alianzas las oposiciones y las afinidades tienen ese consenso básico como eje reordenador de una nueva etapa. El futuro ya no es lo que era antes.


Jorge Raventos

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