Martes, 14 Mayo 2019 00:00

Los mohines de la reina

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Nada ha cambiado. Cristina causa la clara impresión de que siente estar por encima de los demás, apelando siempre a un nuevo renacer; un comienzo que le permita reinventarse. Como si fuera parte de una perpetua agonía personal: volver a ser políticamente lo que fue alguna vez.

 

Cualquier modelo le viene bien para contribuir a sus “alboradas” e intentar ser vista como la continuidad de una sabiduría siempre excelsa, fuera del alcance de la vida terrena del común de los mortales.

Las mismas palabras y frases de siempre: “sinceramente”, “yo creo que”, “como siempre digo” y otras tantas alusiones a la majestad de la que se siente investida, esta vez en “modo buena”.

Por debajo de su alocución al presentar un libro “impresentable” y predecible desde cualquier punto de vista que se lo considere, aleteaba, como siempre, lo que en su concepto la convierte en alguien “distinto” con sus consabidas apelaciones a “contratos sociales de ciudadanos responsables” (¿quiénes no lo son a su criterio?) y la creación de una nueva ley constitucional que vaya uno a saber adónde nos llevarían.

Todo esto matizado con gastadas efemérides: la coincidencia del acto con la fecha de su casamiento, la tarea ciclópea realizada con su esposo fallecido, la alusión al peronismo de los 50 (en este caso, mencionando al ¿converso? ex comunista Gelbard, el shu-shu tardío del General Perón) y la filtración del supuesto pedido del “inoxidable” y camaleónico Alberto Fernández para justificar la escritura del mamotreto con el que nos ha castigado a todos los que deseamos se la termine condenando por sus tropelías y corruptelas para poder alejarnos por un tiempo de su engolado frenesí.

La presentación del libro fue un grotesco acto de campaña política, al que solo le faltó la confirmación de su candidatura a la presidencia, siguiendo las estrictas reglas de ultratumba de quien siente que domina todas las constelaciones del universo, haciéndolas aparecer y desaparecer a su antojo, pero a la que se vio PERDIDA EN SU “ABUNDANCIA” Y PRESA DE UN NARCISISMO CIEGO E INCURABLE.

La Fundación de la Feria del Libro debería recibir un bonete triangular y ser “puesta en el rincón” por propiciar semejante desatino. De la Penguin Random House no podía esperarse otra cosa. Al fin y al cabo, el dinero mueve el mundo y en un momento de crisis editorial (nadie lee nada, por desgracia), había que aferrarse a un tablón que permitiera incrementar las ganancias a como diese lugar.

En la alocución vertida por la autora -improvisando en forma tan deshilachada como siempre-, pudo apreciarse una vez más la deriva de su temperamento, su carácter indomable y la recurrente manía por forzar a la sociedad para que la considere una genuina representante del clamor popular de los desprotegidos.

Nada que no haya formado parte del discurso de los líderes mesiánicos del mundo entero hasta el día de hoy. Solo que en el caso de Cristina la mitomanía ha adquirido una densidad que revela su aguda inestabilidad intelectiva y emocional.

Ya la hemos visto en su momento entregada al baile sobre una tarima, o acusando a “viejos amarretes” o insinuando “sotto voce” que siempre irá “por todo” en materia política, una frase que espanta a cualquier demócrata.

Los diagnósticos con los que propone –y propuso siempre-, “iluminar” a la sociedad, responden al papel de actriz melodramática heroica que suele practicar “in excelsis suo” con una persistencia exasperante.

Todo esto mueble a reflexionar acerca de qué nos pasa a los argentinos para estar tan pendientes de los vaivenes espasmódicos de quien ha demostrado ser una solemne mistificadora y, lo que es más grave aún, totalmente ineficiente a la hora de gobernar.

Alguien que ha “asaltado” el Olimpo e incita a quienes la siguen (y a quienes no tenemos más remedio que aguantarla) a derribar la “fortaleza de los poderosos” (tan solo ella, una probada supermillonaria), modificando la estructura republicana que sostiene nuestra democracia, para confiar en manos “calificadas” el rumbo del Estado (¿ella misma?).

Mientras analizábamos el contenido de sus dichos tratando de “pescar” algún concepto políticamente trascendente, fuimos teniendo la sensación de estar en presencia de un plato de sopa recalentada con sabor a rancio, sintiendo que nuestras crisis –a alguna de cuyas fases ella y su marido contribuyeron de manera explícita-, aguardan que se produzca con urgencia un “mea culpa” de todos los argentinos para poder abortar de una vez y para siempre la génesis de nuestros fracasos políticos y sociales al haber elegido siempre a candidatos equivocados para la función pública.

Porque la salud y la suerte de la democracia no deberían asentarse jamás sobre el discurso de seres mesiánicos radicales al estilo del filósofo existencialista ruso Chestov, quien señalaba muy suelto de cuerpo que es imposible oponer razones “profanas” al misterio sagrado de algunos dioses “iluminados”.

Todo un sello del kirchnerismo.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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