Viernes, 17 Mayo 2019 00:00

Fake news: el juicio de CFK se suspende y cae la candidatura del presidente Macri

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Acusaban a la Corte Suprema de haber "votado" por Cristina Fernández Kirchner, pero el proceso contra la ex mandataria sigue su curso. Mientras tanto, en Cambiemos los radicales quieren forzar un cambio para diluir el manejo hegemónico del titular del Ejecutivo. Sin embargo, a lo sumo sólo conseguirán hacerlo ir a las PASO.

 

La presentación del libro Sinceramente, de la señora de Kirchner, puso en escena un espectáculo excitante para los dos extremos sociológicos de la grieta, los conformados por los seguidores más fervorosos de la ex presidente y por sus cuestionadores más acérrimos.

Unos y otros sobredimensionaron el acto que acompañó a la primeriza autora en Palermo, en la exclusiva ceremonia realizada en el predio de la Sociedad Rural. Si bien la lluvia representó una molestia, la verdad es que la concurrencia (tanto la que estuvo en el recinto como la que siguió los acontecimientos desde la calle) no superó ni de lejos otros actos realizados en honor a la señora de Kirchner.

Los 350.000 ejemplares vendidos en muy pocos días hablan del interés que la expresidente suscita no sólo entre sus partidarios, sino también en una vasta legión de adversarios obstinados que compraron esas 600 páginas para confirmar sus sentimientos negativos.

Resultó interesante observar la decepción de algunos observadores ante la contención del acto que protagonizó la señora de Kirchner (los repudiables inconvenientes generados a una periodista del canal de noticias TN ocurrieron en otros ámbitos de la Feria). La señora habló con moderación (que algunos quisieron definir como "`un mero maquillaje''), dio un discurso corto, de apenas media hora, no mencionó su candidatura ni se refirió al Presidente Macri.

Los que esperaban en el fondo de su corazón que la señora dijera algo extremo que diera pistas sobre sus planes siniestros, al no encontrarlo, se refugiaron en declaraciones de seguidores de ella como el ex supremo Eugenio Zaffaroni (reiteró que quiere una nueva Constitución), del detenido Luis D'Elía (que imaginó desde la cárcel que el ataque matutino en el Congreso era una operación oficialista para quitarle rating a la presentación del libro de Cristina) o en una ocurrencia de los últimos días del escritor chaqueño Oscar Giardinelli, que sugirió eliminar el Poder Judicial (curiosamente el miércoles 15 a la noche, un cacerolazo alentado desde el otro borde de la grieta insinuaría la misma medicina para la mayoría automática de la Corte Suprema).

Suponer que la señora no es capaz de aprender de la experiencia ni de sacar conclusiones de sus fallos es (así sea acertado) un prejuicio. No hay a priori motivos para suponer que otros pueden cambiar, pero no ella.

Prejuicio o no, esa parece ser la opinión de un sector ciertamente amplio, aunque no mayoritario, de la sociedad: de allí el techo que las encuestas revelan y que constituiría un obstáculo muy difícil de franquear -por cierto, no el único- en caso de que ella decida ser candidata presidencial.

En el otro plato de esa balanza hay que ubicar el notable entusiasmo que muestran sus seguidores y la capacidad política que le ha permitido a ella, con pocas palabras y poco gasto (más bien con rédito: las ventas de su libro le acreditan 21 millones de pesos) ubicarse en el centro del escenario.

VOTO LA CORTE

A partir de la próxima semana el escenario será diferente, ya que empiezan las audiencias del primero de los juicios orales a que será sometida.

Por un momento tanto sus partidarios como sus adversarios supusieron que el juicio se había suspendido como mínimo hasta después del comicio. Ello ocurrió porque una interpretación pret a porter dio por sentado que la mayoría de la Corte Suprema (4 a 1: única excepción, su devaluado presidente, Carlos Rosenkrantz), había decidido hacer un favor a la señora de Kirchner al pedir el expediente al Tribunal Oral encargado del proceso que también involucra a Julio De Vido y a otros ex funcionarios relacionados con la obra pública.

"La Corte Suprema ya votó por Cristina Kirchner'', resumió un distinguido analista. La misma certeza impulsó el cacerolazo del miércoles por la noche y, del otro costado, las frases felices de asesores cercanos de la ex presidente, como Alberto Fernández.

Pero la certeza era, si se quiere, un ejemplo de fake news. La Corte aclaró el jueves que la solicitud del expediente no implicaba en modo alguno la postergación del juicio.

En la historia del periodismo hay curiosas formas de rectificar un error. Una fue esta: un medio había informado equivocadamente que una persona había fallecido. El hombre se quejó y les demostró que estaba vivito y coleando. Para resarcirlo sin admitir el fallo le ofrecieron anunciar su nacimiento al día siguiente.

MAURICIO PRECANDIDATO

La discusión sobre la candidatura presidencial de Mauricio Macri no ha cesado en el seno de la coalición oficialista. Esta semana la revitalizó el presidente de la Unión Cívica Radical, el gobernador de Mendoza Alfredo Cornejo, ante una jerarquizada audiencia en la AmCham, la Cámara de Comercio estadounidense en la Argentina.

Los radicales están empeñados en forzar cambios en Cambiemos, diluyendo el manejo hegemónico que ejerce allí el partido del Presidente tanto en el diseño de las políticas y las tácticas electorales como en el reparto de posiciones.

La abrumadora derrota sufrida por el oficialismo en Córdoba no contribuye a mejorar el carácter de los socios de la coalición. En la Casa Rosada culpan al “clásico internismo” de la UCR por la división que sufrió Cambiemos.

Por cierto, sin división el triunfo de Juan Schiaretti igual se hubiera consumado y la diferencia entre él y la suma de los dos candidatos en que se bifurcó la coalición habría sido de todos modos rotunda: 25 puntos porcentuales. El peronismo se habría adjudicado asimismo la capital provincial contra los dos gajos de Cambiemos juntos. Los motivos de la derrota del oficialismo en Córdoba hay que buscarlos en otro lado.

Tampoco da en la clave -aunque contenga elementos ciertos- el relato radical que responsabiliza a los estrategas del Pro por haber manejado "de lejos y con intransigencia'' la discusión interna provinciana entre Mario Negri y Ramón Mestre, por no haber tenido muñeca para orientar una negociación positiva y por haber "dejado solos'' a los candidatos.

Puede haber habido poca flexibilidad en el equipo que conduce Marcos Peña para tratar con Mestre. Pero no se puede negar que Negri fue respaldado desde Balcarce 50 y desde el Pro central, que contribuyó a la campaña con las presencias de María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta. Hoy Peña se enorgullece de que el candidato que apoyó sacó un 5% más que Mestre y tuvo las dos terceras partes del 30% que acumularon ambos postulantes radicales.

La doctora Elisa Carrió fue, hay que admitirlo, la que más cuerpo puso en defensa de Negri. Habrá que si lo hizo con eficacia: sus garrotazos de ciego, enojos y frases agresivas pueden enfervorizar a espíritus previamente convencidos, pero chocan contra la sensibilidad de un electorado sensato y equilibrado como el cordobés. Tras la derrota, la diputada no desagotó su ira (y su decepción sin brújula: olvidando su condición de oficialista sostiene que a los argentinos les gusta ``votar ladrones'') y ya de vuelta en el Congreso injurió en público al presidente del bloque de diputados del Pro, Nicolás Massot.

La intensidad que se desarrolla en las disputas internas de Cambiemos retroalimenta, si se quiere, la caída del oficialismo en las encuestas, que es uno de los argumentos que suelen instrumentarse para cuestionar la candidatura presidencial de Macri.

Pese a esas presiones, la candidatura del Presidente no se caerá. A lo sumo, como aceptó el ministro de Interior, Macri podría someterse a una competencia en las PASO de agosto. No hay a la vista nadie que le pueda hacer sombra. Los radicales piensan en Martín Lousteau (y Lousteau con frecuencia también lo hace), más que nada para instalar la idea de que Cambiemos incluye sectores que no piensan como la conducción del Pro y para -apoyados en la representación territorial que tienen y en los votos que eventualmente obtenga su candidato en la interna- reclamar con más vigor su participación como socios de la coalición.

La convención radical que se desarrollará en Parque Norte la última semana de mayo tiene inquieto al oficialismo por el temor de que concluya en una ruptura. No ocurrirá, aunque las discusiones tendrán una temperatura elevada ya que hay sectores muy críticos.

La resultante puede ser un pliego de condiciones a presentar al gobierno (PASO presidencial, conducción colectiva de Cambiemos, acuerdos sobre políticas de gobierno, ciertas posiciones en las listas y los ministerios) y, eventualmente, conceder la libertad de acción a aquellos radicales que quieran probar otras alianzas (es decir, no considerar esas pruebas como indisciplinas partidarias punibles).

Si el oficialismo procura manejar con cautela sus equilibrios internos, el peronismo dirime sus problemas con menos discreción. El discurso con el que Juan Schiaretti agradeció el apoyo al pueblo cordobés ofreció un mensaje claro. El gobernador reelecto se definió como demócrata y federal y reivindicó un peronismo de sesgo republicano. Defendió la libertad de prensa sin cortapisas, subrayó la necesidad de políticas de equilibrio fiscal, respaldó la necesidad de alentar a la empresa privada y simultáneamente insistió en la necesidad de "un estado fuerte'', destacó que "Córdoba nunca defaulteó su deuda" y se opuso enérgicamente a la política de "la grieta", aunque -dijo- "haya algunos que con ella quieran ganar elecciones".

Esas palabras marcan un rumbo por el camino del medio (centro nacional lo llama Miguel Pichetto) a distancia clara tanto del oficialismo como de la línea que orienta la señora de Kirchner. Marca coincidencias con algunos rumbos pretendidos por el gobierno de Mauricio Macri (claridad y cumplimiento de las reglas de juego con inversores y acreedores; equilibrio fiscal) y admitió algunos que reivindica el kirchnerismo, pero en una combinación diversa, moderada, no extrema.

Como se suponía, Schiaretti se instala tras su triunfo como el principal orientador del peronismo federal. Pero no en vano esa corriente es "el peronismo de los gobernadores'': Schiaretti no ha querido actuar como jefe de ese sector ("como macho alfa'', bromeó él) ni adelantar un procedimiento para resolver la definición de las candidaturas propias. No considera que ese paso -que, en cualquier caso, considera un tema de urgencia- pueda darse sin recabar la opinión de otros gobernadores.

Por ejemplo, Juan Manzur (que va por la reelección en Tucumán el 9 de junio), el sanjuanino Sergio Uñac, el entrerriano Gustavo Bordet. Fueron los gobernadores justicialistas los que se inclinaron oportunamente por el método de la interna (las PASO) para definir la candidatura presidencial.

Roberto Lavagna sostiene que una interna peronista no es la forma de ofrecer un candidato para un frente más amplio en el que en principio intervendrían otros sectores políticos. Schiaretti no quiere dar una respuesta definitiva sin analizar el asunto con quienes asumieron aquella decisión junto a él. Lavagna (y, como él, Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey) deben esperar ese concilio de gobernadores.

En verdad, los gobernadores peronistas saben que compartirán el poder político que viene, sea quien sea el presidente. Pero, así como los radicales le reclaman hoy a Mauricio Macri ser consultados activamente y participar en la definición de las políticas, los gobernadores reclamarán lo propio al mandatario que decidan las urnas de octubre y noviembre. Preferirían hacerlo con un candidato propio. Preferirían no tener que hacerlo con la señora de Kirchner.

 

Jorge Raventos

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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