Lunes, 27 Mayo 2019 00:00

"Pero hay algo que te vende..."

Escrito por 
Valora este artículo
(8 votos)

 

La Señora finalmente se sentó en el banquillo de los acusados. Desde los tiempos de las juntas militares los argentinos no presenciamos esta escena en la que el poder rinde cuentas.

 

La democracia es imperfecta y en la Argentina mucho más, pero convengamos que a veces a los ciudadanos de a pie nos da algunas satisfacciones. El pasado martes, los argentinos que creemos en la ley y la decencia nos dimos el gusto.

La Señora que salió de su residencia de la Recoleta, que ingresó al recinto exhibiendo poder y riqueza, debió escuchar sentadita y sin abrir la boca el informe judicial que le imputa ser la jefa de una asociación ilícita. A pocos metros estaban sus cómplices, socios y sirvientes. No se sentaron juntos porque la Señora, en otro gesto que la distingue, practica el “yo no fui”. Y no debería sorprendernos que en posteriores declaraciones asegure que ella a los señores José López, Julio De Vido, Lázaro Báez y Carlos Kirchner no los conoce, no los vio nunca y no sabe absolutamente nada de sus vidas.

Sorpresas que da la vida. Jamás imaginé que alguna vez iba a sentir una lejana pero consistente corriente de simpatía por De Vido, Báez and Company. Corruptos, ladrones, delincuentes, apretadores, sin embargo, no batieron, no entregaron a nadie. Ni a su jefe, ni a su jefa. Y a esa lealtad la Señora la paga dejándolos colgados de la palmera. Ni visitas, ni saludos, ni guiño.

“Si vas a robar robá, pero hacelo con códigos”, aconsejó el compañero Guillermo Moreno. Y ahora empezamos a sospechar que el destinario de esa contraseña del hampa era la Señora. Corrompió, robó, destruyó ideales y esperanzas, pero a los caídos en ese singular campo de batalla, la única atención, la exclusiva cortesía que les brinda, es una mueca de desprecio.

“Qué buen vasallo si hubiera buen Señor”, dice más o menos así el cortesano amigo del Cid Campeador. Y realmente. ¡Qué buenos vasallos los kirchneristas! Todos. Incluida las señoras Carlotto, Bonafini y Almeida. Dios mío. Ni en las pesadillas más truculentas hubiera imaginado vivir la escena en la que las abanderadas de los derechos humanos comprometen el poco o escaso honor que les queda para defender a una mujer que en los tiempos difíciles estuvo más preocupada en ser una abogada exitosa que una abogada preocupada por los perseguidos y desaparecidos.

En 1957, Fernando Ayala filma la película “El Jefe”. El guión es de David Viñas. Trata de un personaje simpático, pintón, carismático que fascina a sus seguidores. Es el jefe y nadie lo discute. Los inicia en el delito y los representa. Hasta el momento en que las cosas se ponen difíciles y el jefe los entrega. La moraleja es clara: no es aconsejable someterse a la voluntad de un jefe. Y en 1957 estaba claro, muy en claro, quién era el destinatario del texto de David Viñas. Los Jefes y las Jefas, se parecen demasiado. Entre otras cosas porque detrás de sus fanfarronerías, ocurrencias, arrebatos de guapos, se esconde un manipulador, cobarde, un miserable y un canalla. No estaría mal que los presos de Ezeiza vean esa película. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

Sin códigos y sin vergüenza. La Señora lucha por su libertad. Si para eso hay que ser presidente o vice, o lo que el destino disponga, así se hará. Primero la libertad y después veremos. El señor Alberto Fernández se ocupó en dejar bien en claro esta demanda. Es más, la única declaración firme, concreta, consistente, real, fue la de revisar los procesos judiciales y sancionar a los jueces que se atrevieron. Como los militares en 1983, los kirchneristas solo están preocupados por la amnistía.

Me divierten quienes se florean en explicaciones acerca de las condiciones geniales de conductora de Cristina por haber designado al Alberto candidato a presidente. Conociendo el paño, no nos sorprendería que dentro de unos años nos enteremos que al Alberto lo ungió Florencia, como en su momento coronó a Boudou, según leímos en “Sinceramente”. Anécdota más, anécdota menos, las decisiones políticas del populismo se toman en la alcoba.

Todo esto resulta muy divertido y bizarro. Pero convengamos que estas gambetas, estas jugadas con naipes marcados, estos falta envido con un cuatro, esta retórica de cuentero de feria, solo son posibles en lo que Marco Denevi calificó como la República de Trapalanda.

Me parece que Cristina se equivoca fiero con Alberto Fernández, como en su momento se equivocó con Amado Boudou, con el Morsa Aníbal Fernández, con Carlos Zannini o con Florencio Randazzo. Como diría mi tía Cata: “Desde que quedó viuda, esta chica no tiene suerte con los hombres”.

A Cristina no la denunciaron ayer. La denunciaron hace más de diez años. A su manera la Señora es una beneficiaria privilegiada del garantismo. Las cifras del saqueo son pavorosas. Pasaron diez años de impunidad, chicanas y complicidad. Y, sin embargo, los Kirchner insisten en que son perseguidos por jueces que a la hora de la verdad mayoritariamente los protegieron.

Que las cortinas de humo y las triquiñuelas de la runfla populista no nos hagan perder de vista lo importante: la cleptocracia está sentada en el banquillo de los acusados. La jefa, sus colaboradores, empleados y sirvientes. Estamos viviendo un tiempo histórico.

A no llamarse engaño o dejarse marear por los cantos de sirena de los conocidos tahúres de la política. Cristina está luchando por su libertad. La jefa de la cleptocracia empezó a ser juzgada en los tribunales. Cristina sabe que su derrota política es la cárcel. Todas las sorprendentes señales de “moderación” de los kirchneristas apuntan al pacto de impunidad.

Los argentinos debemos saldar cuentas con la corrupción como en su momento saldamos cuentas con el terrorismo de Estado. La corrupción transformada en sistema con la máxima autoridad del poder político transformado en jefe o en jefa del saqueo también es de terror, también mata y desquicia el tejido social.

La decisión de Cristina de consagrar al Alberto de candidato a presidente no es audaz, es irresponsable. Supongamos que le va todo bien y la fórmula gana las elecciones. ¿Otra vez una presidencia con doble comando? ¿Fernández aceptará ser un títere de Cristina? ¿Cristina, aceptará ser la Isabel de Fernández? Disparate y caos.

Es la primera vez en la historia criolla que la vicepresidente elige al presidente. Solo el peronismo es capaz de brindarnos estas novedades. Esto es tan disparatado y bizarro que hasta la fórmula de Cámpora era sensata. Perón después de todo estaba proscripto. La Señora no lo está. Debería estar presa, pero tampoco lo está, no lo está.

Al populismo le encantan las consignas y los jingles. Jolgorio de bailanta. Rimas primarias, que ni un letrista de cumbia villera se animaría a escribir, se presentan como el arquetipo de la sensibilidad popular. “Sin corpiños y sin calzón, somos todas de Perón”, cantaban las encantadoras y recatadas chicas de la rama femenina. “Framini, Anglada, Perón en la Rosada”, coreaban en marzo de 1962. “Suenen los pitos, suenen los bombos, somos peronchos y armamos kilombo”, se ufanaban los muchachos antes de que llegara López Rega y pusiera las cosas en su lugar. “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, se jactaban en marzo de 1973. “Traigan al gorila de Alfonsín, para que vean, que este pueblo no cambia de ideas, sigue las banderas de Evita y Perón”, cantaban con Herminio Iglesias en 1983.

¿Y ahora? Les tiro algunos jingles y no los cobro: “Alberto, Cristina, los Kirchner en la Argentina”. ¿Y por qué no?: “Alberto, Cristina, Máximo en Argentina”. Y ya que estamos en la brecha, ¿por qué no?: “Alberto al gobierno, Florencia al poder”. Una confesión me sea permitida: no me devané los sesos para rimar estas consignas nacionales y populares. Y tal vez esa ligereza y ramplonería sean la clave de su posible éxito. Se las dejo gratis y sin reclamar derechos de autor.


Rogelio Alaniz

Visto 229 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…