Miércoles, 05 Junio 2019 00:00

Vieja o nueva, la política es la política

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En un panorama tan complejo y crucial, sería imperdonable para Mauricio Macri no ser realista.

 

La política trata con la realidad, no con lo que debiera ser lo mejor (que siempre estará para ser probado) o con lo que a cada uno le gustaría que fuera. Las idas y vueltas de estas semanas son eso: nuestra política que ya, o hace rato, no se reduce al bipartidismo, en un tiempo claramente dividido entre radicales y peronistas. Hoy, esos dos partidos están en búsqueda de nueva identidad porque los dos dejaron pesadas herencias aún no levantadas: hiperinflación, menemismo, crisis del 2001, kirchnerismo.

La política es también entusiasmar con utopías o con mejorar la situación de todos o la de cada uno. Macri prometió la suya y la incumplió, aunque alejó los temores compartidos de una “venezualización” de la Argentina. Por eso ganó ajustadamente el balotaje presidencial de 2015. Cambiemos y kirchnerismo hacen notables esfuerzos para que no se les vayan votantes, y las terceras opciones, que saben que son terceras, basculan entre parecerse o colgarse de los que, por encuestas y olfato de atmósfera política, se saben arriba.

En el fondo lo que se dirime es si el ajuste macrista resolverá o profundizará la crisis, o el no ajuste cristinista la resolvería o la profundizaría. Es simple, Macri apuesta a conseguir de aquí a las sucesivas elecciones que el dólar siga más o menos calmo y los índices de inflación aflojando. La vice Cristina Kirchner, cuyo lugar en la fórmula de Unidad Ciudadana no opaca ni oculta su poder e influencia, apuesta a que Macri no pueda domar esas dos variables, mientras ofrece otra utopía: convencer que el suyo fue mejor gobierno y que si hubo corrupción, fue cosa ajena, que ni la salpica.

Alrededor de estos trazos gruesos, hay una alquimia de fórmulas y candidatos que no debiera extrañar: unos se aferran a un presente que se quiere mostrar con inauguraciones en línea y otros, a un pasado lleno de gloria declamada pero nunca verificada.

Alejandro Borensztein ironizó el domingo en Clarín sobre la curiosa novedad del ruidoso gran frente kirchnerista conformado por antikirchneristas declarados, como se podría anotar la sonora vocinglería radical que terminó dejando al viejo partido donde estaba, pero con más votos a favor que cuando empezó Cambiemos en Gualeguaychú. Mientras, se extraña el ruido de Carrió, sonoramente silenciosa en los últimos días. Alberto Fernández dijo que se vio con Massa y Massa, que no se vio. Este martes se rumoreó que Vidal se vería con Massa, y Massa aclaró que no tenía ninguna reunión prevista con Vidal.

La señal de Cambiemos, menos clara, tampoco es muy distinta cuando desliza que tiene varios caminos para elegir: también acude a las colectoras que hasta ayer eran mala palabra, pero ahora pueden servir para ir con Massa. Todo ello no le impide negociar con el Peronismo Federal.

La pregunta es ¿esto es vieja o nueva política? La respuesta es que la política tiene su dinámica de negociación y en un panorama tan complicado y crucial como el que se presenta sería imperdonable no ser realistas.

Cristina dio una muestra de ese realismo cuando cedió la candidatura presidencial al hoy averiado Alberto Fernández, a quien estudian por una lesión pulmonar demasiado rebelde. Y lo hizo porque su presencia al tope del binomio impedía la unidad del peronismo. Ya se sabe cuál es el premio mayor que Fernández le debe traer a su coequiper Fernández de Kirchner: que concluyan las causas por corrupción que la asedian.

Ricardo Kirschbaum

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