Martes, 11 Junio 2019 00:00

¿Amarrados a la calesita del kirchnerismo?

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Encarnado por un movimiento que se considera patrocinador mutante para las necesidades de cada hora, el kirchnerismo, nuevo estandarte del peronismo tradicional, persiste en agobiar a nuestra sociedad con el folklore biográfico de quienes se arrogaron siempre la “ilustración” necesaria para considerarse a sí mismos como el mejor destino para la nación argentina.

 

Tienen, en medio de los desastres que han dejado con sus pisadas de elefante, el “tupé” etiológico de reafirmar su capacidad para colocarnos en el umbral de la era moderna, proveyendo justicia e igualdad para todos y reiterando su adhesión a políticas públicas autoritarias, corruptas y ruinosas, que hoy vomitan sus entrañas en los estrados de la justicia.

Antes de su advenimiento -sostienen con una simplificación absurda-, nuestra sociedad estaba dominada por ricos que habían abandonado a los pobres a su propia suerte, insistiendo en convencernos de que todos los sectores sociales solo lograron “encontrarse con el destino que merecen” (sic), gracias a su clarividencia política.

Su dialéctica maniquea, con la que insisten en perorar sobre el mito de una invencibilidad -sostenida aún por algunos ciudadanos ilusos que parecen sufrir el síndrome de Estocolmo-, luce como el desparpajo de quien no tiene inhibición alguna para poner al servicio de la misma una formidable retahíla de mentiras.

Más de las que es posible soportar en silencio.

Porque vender su vida política como si fuese casi una “obra de arte”, no ha conseguido dar explicación convincente al hecho comprobado de que sus gobiernos empobrecieron y embrutecieron a gran parte de la ciudadanía, fomentando el resentimiento popular y el odio de clases.

Hasta el punto de haber logrado construir una denominada “grieta” que solo refleja en realidad la rebelión de quienes parecen haber decidido alzarse finalmente contra ellos.

Mientras tanto, los peronistas “puros” (¿), parecen proclamar un ideal más cercano a la social democracia europea, que en nada recuerda los años en que rugía el “león herbívoro”. ¿Será cierta la transformación o una consecuencia de haber perdido el favor popular?

Por si quedasen dudas de lo que aquí refrescamos conceptualmente, tenemos a la vista algunas evidencias dolorosas: millones de pobres sin cloacas, ni agua potable, ni escuelas que impartan una educación digna y eficaz y una inflación que no cede por el despilfarro de los fondos del erario público, evidencian los errores cometidos.

La nueva calesita que intentan poner en marcha para salir del pantano en el que nos dejaron, nos recuerda una frase utilizada por algunas agencias de turismo, que, en su caso, los define de pies a cabeza: “disfruta ahora y paga más tarde”; una ideología puesta al servicio de “un almacén de objetos de consumo, donde la vida humana es una búsqueda perpetua de gangas” (Zygmunt Bauman).

Somos muchos los que seguimos creyendo que la igualdad y la solidaridad social son perfectamente posibles de ser obtenidas en el futuro más allá del magma conceptual gelatinoso en el que nos sumergieron quienes aún hoy siguen montados en los caballitos descascarados de su viejo carrousel con cara de “yo no fui”.

Porque es evidente que no parecen haberse percatado aún que “a veces puede ser difícil definir el bien, pero EL MAL TIENE UN AROMA INCONFUNDIBLE y hasta un niño sabe de qué se trata el dolor. Por lo tanto, cada vez que deliberadamente se lo infligimos a una persona, sabemos perfectamente que estamos haciendo el mal” (Amos Oz, escritor y periodista israelí).

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
carlosberro242gmail.com

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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