Viernes, 21 Junio 2019 00:00

Votos y poder

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Omar Perotti será el nuevo gobernador de la provincia. Se trata de un político moderado, con experiencia de gestión, conoce cómo funciona un Estado y sobre todo conoce cómo funciona el sistema político de la provincia.

 

Si las tradicionales categorías de análisis tienen importancia, el liderazgo de Perotti merecería calificarse de centro derecha, confirmando una vez más que en esta provincia éste parece ser el posicionamiento del peronismo, advirtiendo al respecto que la realidad suele ser más rica y a veces más complicada que los encasillamientos ideológicos o políticos.

Lo que sí resulta evidente es que Perotti gana porque logra unir al peronismo, una tarea que hubiera resultado imposible o muy dificultosa para otros dirigentes de esta fuerza política. Ni Agustín Rossi, ni María Eugenia Bielsa, por ejemplo, hubieran podido hacerlo, más allá de sus intenciones, por lo que se confirma que la clave ganadora del peronismo reclamaba precisamente de este liderazgo moderado a través de un dirigente que, si las asociaciones históricas están permitidas, recuerda a Carlos Alberto Reutemann, el político que durante 16 años lideró las estrategias electorales del peronismo.

Nada en política se hace sin costos. La noche misma de los festejos del peronismo ya se pudieron registrar las tensiones de una unidad cuyas diferencias no pueden disimularse. Si el límite es Macri o el hambre, puede ser un amable y divertido juego de palabras, pero a nadie se le escapa que en esos fraseos están latentes diferencias que en algún momento se harán presentes. Dependerá de la sensatez de los dirigentes, de su capacidad para ponerse los límites del caso, para que esas diferencias enriquezcan al peronismo y no sean la antesala de divisiones irremediables que una oposición fuerte, como la que hay, se las ingeniará para aprovechar. De más está decir que la responsabilidad central para sostener esa unidad tan trabajosamente elaborada es de Perotti. Esto quiere decir que de su experiencia política dependerá el ejercicio de un liderazgo que sea coherente con los objetivos moderados y centristas con los que se presentó ante la sociedad.

En la provincia de Santa Fe el poder político real estará bien distribuido, una condición que estimulará la búsqueda de acuerdos para ejercer las tareas de gobierno. Nada nuevo bajo el sol en una provincia donde los últimos gobiernos, sin renunciar a sus atributos, fueron capaces de construir consensos y reducir las diferencias. El pasaje de un gobierno frentista liderado por el Socialismo a un gobierno peronista seguramente generará tensiones, pero atendiendo a la fortaleza del sistema político y a la propia densidad de la sociedad civil en una provincia en la que el pluralismo es su rasgo distintivo, es lícito y deseable suponer que los acuerdos bajo el signo de la moderación serán la constante, posibilidad que por otra parte el propio Perotti se ocupó muy bien en destacar.

La distribución del poder en la provincia es una de las consecuencias distintivas de estas elecciones. Y uno de los aspectos que todo análisis político debe tener en cuenta. El peronismo ganó el gobierno, pero la oposición controla la Cámara de diputados, mientras que la Cámara de senadores -tal vez el espacio más anacrónico de la política provincial- estará más o menos equilibrada. El poder territorial también estará bien distribuido, ya que si bien el peronismo controla más departamentos, la oposición controlará las principales ciudades. O sea, que la propia configuración del poder en la provincia reclama de acuerdos y consensos, una exigencia que, muy bien podría decirse, nace de la geografía política de la provincia.

El Frente Progresista, y en particular el Partido Socialista, seguramente hará su propio balance. Perdieron el gobierno provincial, de alguna manera perdieron el gobierno en la ciudad de Rosario y perdieron dos senadurías claves. Sería un error, sin embargo, arribar a conclusiones lapidarias. El Partido Socialista controla la Cámara de Diputados y ganó la intendencia de la ciudad capital de la provincia. Una fuerza política con estos espacios de poder está viva y con posibilidades reales de reconquistar espacios en el juego de la democracia. Es verdad que el Socialismo no solo que tiene enormes dificultades para establecer estrategias políticas nacionales, sino problemas reales para ir más allá de la ciudad de Rosario. De todos modos su presencia política en la provincia sigue siendo fuerte, dispone de cuadros políticos y experiencia de gestión, y en particular, es un partido que sabe lo que quiere, virtud que en un mundo en donde la política tiende a devaluarse merece ser destacada.

¿Por qué perdió el gobierno? Se supone que después de tres gestiones, toda gestión democrática empieza a sufrir un inevitable desgaste, salvo, claro está, el caso de Gildo Insfrán o Rodríguez Saá, pero en Santa Fe ya vimos que esos “privilegios” no tienen lugar. Una de las paradojas del actual proceso electoral, es que la gestión de Miguel Lifschitz es evaluada como positiva, una calificación que, obviamente, no excluye errores, pero lo notable es que esa buena calificación no le impidió que su candidato sea derrotado. A su vez, el Frente Progresista se sostuvo en estos años, pero perdió consistencia. Las responsabilidades de ese deterioro nunca quedan claras, pero convengamos que, si el Socialismo hegemonizó esta coalición política, alguna responsabilidad debe tener por su deterioro y deserciones.

A Cambiemos es evidente que no le fue bien. No llegó al veinte por ciento de los votos y perdió la intendencia de Santa Fe. Comparada con la elección de 2017, el balance es negativo en toda la línea, pero sería un error “entusiasmarse” con el pesimismo, en tanto que en ningún balance electoral una fuerza que obtiene casi el veinte por ciento de los votos merece ser subestimada. A ello hay que añadirle que el poder territorial de la UCR sigue siendo importante. Se podrá observar que ese radicalismo está dividido, una observación que merece matizarse, porque las disidencias internas de la UCR ahora tendrán posibilidades de recomponerse, en tanto unos y otros deberán desempeñarse en el territorio de la oposición, un campo que suele crear mejores condiciones para los entendimientos.

Obtener malos resultados en una elección no es nada estimulante, pero lo más grave es no aprender de las experiencias. El radicalismo perdió la ciudad de Santa Fe después de tres gestiones -Mario Barletta y José Corral- que la sociedad evalúa como buenas. La pregunta a hacerse en este caso, la inevitable pregunta, es qué se hizo mal para obtener en la ciudad de Santa Fe resultados tan magros o, para expresarlo de otro modo, para perder por una diferencia tan alta, derrota que una mirada superficial supondría que es lo más cercano a un castigo. La política a veces suele presentarse bajo el signo de la paradoja: una gestión bien evaluada es derrotada por una diferencia abrumadora. Atribuir la derrota al supuesto desprestigio de Macri no parece ser una explicación convincente, entre otras cosas porque en los temas municipales el electorado evalúa más las realidades locales que las nacionales. Suponer que nada se pudo hacer ante un candidato proveniente del mundo mediático, no alcanza a explicar lo sucedido. Emilio Jatón, efectivamente proviene de “afuera” de la política, pero desde sus inicios estuvo avalado por el Partido Socialista. Por lo pronto, está visto que una buena gestión no alcanza para ganar las elecciones si ella no está reforzada por una presencia social y política que traduzca ante los votantes los beneficios de esa gestión, un proceso que no se da automáticamente y que reclama precisamente del arte de la política para realizarse.


Rogelio Alaniz

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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