Viernes, 21 Junio 2019 00:00

Cómo contener desbordes si triunfa la fórmula F-F

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Pichetto sería una bisagra para permitir que el nuevo período sea una transición normalizadora.

 

Cuando invitó a Miguel Pichetto a acompañarlo en la fórmula oficialista, Mauricio Macri apostó a un vínculo explícito con el peronismo y reintrodujo a su fuerza en el territorio de la política, al que los ideólogos de su entorno más próximo se pretendían ajenos.

Fue una apuesta audaz, porque desafió los reflejos condicionado antiperonista de una porción no desdeñable de su propio electorado. Fue también una apuesta forzada.

La renuncia de Cristina Kirchner a disputar la presidencia y la consecuente candidatura de Alberto Fernández implicaron un desplazamiento al centro del tablero y habilitaron un reagrupamiento del grueso del peronismo (incluido el Frente Renovador de Sergio Massa) y un avance más allá de los límites rígidos que hasta allí le imponía la potencial postulación de la señora de Kirchner.

"Una movida más y era jaque mate", resumió el último miércoles el radical Federico Storani. En ese contexto, la fórmula Macri-Pichetto fue una respuesta eficaz y un intento de contraofensiva.

Aunque Pichetto declaró esta semana que "vendrán muchos peronistas a respaldar al presidente Macri", no debería pensarse que ese efecto, de existir, sea inmediato, ni habría que centrar allí el éxito de la jugada. En el corto plazo el oficialismo ya debería contabilizar como un triunfo haber recuperado iniciativa y optimismo, dos insumos que languidecían antes de la operación Pichetto.

Además, hay que registrar la buena reacción de los mercados (dólar en baja) y una mirada menos acuciante sobre la ventaja (de todos modos, más estrecha) que las encuestas todavía le asignan a la fórmula Fernández-Fernández.

El propio Presidente se ha reanimado y vuelve a mostrar un espíritu combativo. El Día de la Bandera desplegó un discurso áspero de cuestionamiento a "los señores Moyano".

Con el peronismo de Pichetto a sus espaldas, Macri gambeteó las eventuales acusaciones de antiperonismo. También matizó la ofensiva: no se trataba de un ataque al sindicalismo, ya que destacó la actitud virtuosa de otras organizaciones gremiales del transporte dispuestas a analizar alrededor de una mesa un acuerdo para bajar los costos logísticos y mejorar la competitividad de­ la producción argentina.

El Presidente ahora tiene que afinar su discurso para sostener su alianza con Pichetto (y no cerrar la puerta abierta hacia el peronismo).

TACTICA ELECTORAL

Así, la jugada que empezó como táctica electoral puede desplegar un alcance más largo, allanando el terreno para acuerdos de Estado. En su momento (que no era todavía el momento de Macri), Pichetto, junto al radical Ernesto Sanz había sugerido un gran acuerdo de gobernabilidad en el que intervinieran las principales fuerzas políticas y también las organizaciones sindicales y empresarias. Ese dato del pasado probablemente sea un programa del futuro próximo si Macri consigue su reelección.

Como resultado de esa operación habrá reformas (pese a algunas resistencias) pero (pese a los mercadófilos que quieren allanar el camino con una aplanadora) tendrán un ritmo gradual y un alcance socialmente sostenible.

Si esto ocurriera, Pichetto sería una bisagra para permitir que el nuevo período sea una transición normalizadora de amplia base, donde el conjunto del sistema político (los gobernadores, socios esenciales) asuma participación y responsabilidades.

CIRCULO ROJO

Muchos jugadores se plantean ahora cuál sería el "futurible" argentino en caso de que la encrucijada cruel del cuarto oscuro determine una victoria del binomio Fernández-Fernández.

Lo nuevo (consecuencia de la candidatura de Alberto Fernández y también de la incorporación de Sergio Massa al espacio) es que la eventualidad de un triunfo F-F ya no suscita una reacción unánime de rechazo en el círculo rojo. Una porción de ese sector, mayormente empresarial ha pasado a admitir esa eventualidad electoral como una simple opción B, no tan dramática como se la pinta desde la propaganda oficialista.

Es razonable: hasta en el seno de Cambiemos se admite que esa propaganda exagera a veces hasta llegar a lo inverosímil. "Lo de que Argentina va a ser Venezuela no es cierto", declaró anteanoche Federico Storani.

ACUERDO DE GOBERNABILIDAD

Ahora surgen interpretaciones (o relatos, si se quiere), según los cuales un eje formado por Alberto Fernández (ya presidente, en esa hipótesis) y Sergio Massa, apoyado en los gobernadores y también en las fuerzas moderadas (las que mantienen la alternativa de centro junto Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey así como las que hoy integran el oficialismo) impediría cualquier intento antisistema de sectores nostálgicos del cristinismo y conducirían la nave hacia el puerto común del gran acuerdo de gobernabilidad.

Entre los acuerdos resultantes de la opción A y los de la opción B habría, según esta narrativa, apenas diferencias de grado: una reforma más veloz (A), una mirada más social (B).

Así, la polarización electoral y la famosa grieta que ha quebrado amistades y hasta vínculos familiares terminarían evaporándose como una ilusión. O cocinándose a la par en un mismo caldo.

Por cierto, algunas de aquellas combinaciones y convergencias están dentro del campo de lo posible y conjeturable. Mucho más en una época en que los cruces transpartidarios se han naturalizado. Pero las quimeras de confrontaciones resueltas mágicamente son hijas de la fantasía; nacen, en verdad, de la convicción compartida por amplios sectores del país de que es indispensable que prevalezca una estrategia de unión nacional sobre las miradas facciosas. El peso de esa convicción no es tanto, sin embargo, como para anular conflictos que tienen raíces y fundamentos en la realidad.

En la ecuación de la realidad A no es igual a B. No se trata de anular identidades ni de forzar una homogeneización falsa. Alcanzaría, simplemente, con admitir que, pese a las diferencias, A y B forman parte del mismo conjunto.

Una conclusión plausible en la semana de la Bandera nacional.

Jorge Raventos

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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