Miércoles, 26 Junio 2019 00:00

La primera vuelta electoral

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Las PASO son una gran y precisa encuesta que no es definitiva, pero puede presionar más al dólar.

 

La invención kirchnerista de las PASO (recordemos qué quiere decir: primarias abiertas, simultáneas y obligatorias) fue en 2009 y tuvo dos culpables. Uno, Francisco De Narváez que le ganó a Néstor Kirchner las legislativas bonaerenses. Y el otro, Martín Sabbatella, que, siendo filokirchnerista pero todavía con prevenciones sobre el peronismo, fue por su lado y le quitó a Néstor los votos que, en teoría, le hubieran servido para no perder frente a De Narváez.

Como todo lo que sale forzado sigue forzado, la realidad es que desde que las PASO fueron ley a las pocas semanas de aquellas legislativas llenas de candidatos K testimoniales, las candidaturas poco y nada han tenido que ver con ellas. Ahora hay candidaturas -para todos los gustos- pero sin competencia interna. Por lo cual, ¿de qué internas se está hablando?

Las grandes sorpresas internas no fueron votadas ni serán votadas en las PASO. Han sido decisiones de cúpula, dedo puro, lo cual no debe ser tomado como extraño a la política. Cristina Kirchner eligió como su candidato a presidente a un kirchnerista que se había vuelto anticristinista al menos oral, Alberto Fernández, y metió a otro, Sergio Massa, de vuelta al medio de su feligresía haciéndole pagar el precio de ese retorno. Macri eligió a un peronista de raíz en su fórmula sorprendiendo a propios y extraños.

Semejantes acrobacias, que tienen sus copias en otras alianzas o partidos, han prescindido de primarias y por eso hubo quienes se animaron a proponer la suspensión de las PASO de agosto. El radicalismo de Cornejo lo hizo con toda claridad en el oficialismo y el peronismo oficialista de Pichetto se opuso de inmediato con igual claridad. Y mayor contundencia.

Primera conclusión: la argumentación de que así como están las cosas las PASO son un gasto innecesario y caro, tiene convencimiento corto porque el trasfondo que pasa es de temor de quedar el gobierno en ellas perdiendo en los votos.

La lectura de que al fin de cuentas las PASO son una especie de encuesta nacional más certera que las corrientes es tan difundida como bien discutible. Por empezar, Macri perdió esa encuesta en 2015 y después ganó el balotaje y en el medio se habló de que Scioli podía ganar tranquilamente en primera vuelta sacando más de diez puntos de diferencia. Ya sabemos lo que ocurrió entonces.

La tímida propuesta radical tiene varios inconvenientes que pueden estar denunciando cierta pérdida del buen olfato atribuido en general al viejo partido. Uno, la señal de temor que transmite de querer evitar que las PASO muestren para el oficialismo resultados atrás del kirchnerismo y de su aliado el peronismo, elevando aún más el grado de incombustibilidad del que Cristina alardea sin disimulo.

Otro inconveniente, y por dejar cerrada la lista acá, es el de omitir el cálculo sobre qué reflejos tendría en las propias filas ir por ese desafío innecesario en el Congreso, cuando a la oposición no le va ni le viene en mucho que haya PASO o no. Pichetto leyó rápido las señales que podrían ir surgiendo si la propuesta avanzaba: dijo que el Presidente “no les tiene miedo a las PASO”. Y añadió: “La propuesta que conduce Macri está fuerte”.

Segunda conclusión: la economía. Lo único que el Gobierno puede mostrar hoy es que el precio del dólar está contenido y en baja. Lo demás para la gente no es nada bueno, aunque haya alguna tenue brisa. Por lo tanto, las PASO y el precio del dólar van de la mano.


Ricardo Kirschbaum

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