Miércoles, 10 Julio 2019 00:00

Alberto Fernández y su estrategia disonante

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Como dejó en claro Freud, gran parte de la vida emocional de un individuo es inconsciente, y los sentimientos que se agitan en su interior no siempre atraviesan el umbral de entrada a la conciencia plena.

 

Algo de esto le está ocurriendo al designado candidato a Presidente por…su eventual Vicepresidente.

En efecto, se lo ve muy excitado bajo una calma engañosa al ex Jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, que no debe sentirse muy cómodo en su papel de “lo dije pero no es como te lo dije”, cada vez que le ponen al frente sus antiguas críticas al corazón de la esencia K, que, durante los gobiernos del kirchnerismo, dirigió su “relato” a una izquierda radicalizada.

Una izquierda que, dicho sea de paso, jamás “comulgó” con el hijo pródigo que ha vuelto al redil halagado por la trampa que le ha tendido Cristina, quien se ha provisto de un chivo expiatorio perfecto para el caso de que las cosas no marchen de acuerdo con sus deseos de “sacar” a Macri de la Casa Rosada en las próximas elecciones.

Lo que se observa, es que en busca de un equilibrio imposible de sostener, Alberto F. no logra superar el escollo de antiguos dichos suyos que hoy deben pesarle sobre la espalda como una mochila de cien kilogramos.

La gorrita roja de guerrillero de escritorio con la que salió de su visita a Lula en la cárcel hace unos días, con una breve jaculatoria portuguesa –“Lula livre”-, resultó así bastante patética para quien parece sufrir el embate de sentimientos cruzados que no puede –ni podrá-, dominar.

Su fastidio ante determinadas preguntas de los periodistas que se le arriman para entender sus cambios de pensamiento político refleja una ira subyacente bajo el timbre de la voz “augusta” con la que intenta cultivar su apariencia de “pensador distinguido”.

Para mal de los pecados del inefable Alberto, se ve obligado a descifrar deslices conceptuales que no le permiten convertir en uno solo a los dos Fernández: el que fue (según su propio “relato”, claro está), y el que pretende ser hoy de buenas a primeras.

Esa preocupación, causa inconvenientes en la estrategia frente a sus conmilitones peronistas, que no digieren fácilmente el dedo autoritario de Cristina al nominarlo y lo miran de reojo, por más que asistan a las reuniones recoletas donde el candidato derrama pretensiones de equilibrio de quien no alcanza a fundirse en uno, como ocurre con Mimi y Francine en la historia de Henri Murger en la que se basó la inolvidable ópera “La Boheme” de Giacomo Puccini.

Lástima para él que no tenga a mano a su mejor intérprete, el fallecido director de orquesta Arturo Toscanini, para rescatar la unidad de su discurso de esencia cuasi lírica.

Las preocupaciones de individuos que cultivan las mismas ambivalencias del ungido candidato “a dedo”, suelen controlar una pequeña parte de la ansiedad que los consume en sus esfuerzos por encontrar un equilibrio imposible de lograr, pero nunca resuelven el problema: poder exhibir coherencia frente a sus eventuales votantes.

Mientras todo esto sucede, nos dice el aspirante a Presidente, muy suelto de cuerpo, que viene a “ordenar el caos”. ¿Será el que ha creado él mismo con sus ambivalencias?

Tenemos sospechas que cuando a los actuales intríngulis “albertianos” se sumen los que seguramente aportarán Massa y Cristina en una campaña de Juntos con “Todes” perfilada como “trifronte”, arribaremos posiblemente a un escenario que nos haga exclamar respecto del kirchnerismo: ¡CARTÓN LLENO NUEVAMENTE!

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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