Jueves, 08 Agosto 2019 00:00

Anticipo de lo que puede venir

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Ramos Padilla, juez que nunca estaría en la lista que Alberto Fernández tiene en la mira, procesó a Daniel Santoro.

 

Si hay un juez que no está en la lista que Alberto Fernández tiene en la mira es Ramos Padilla. Es la lista de jueces que han investigado y que investigan por corrupción a Cristina Kirchner y a quienes el candidato a presidente de Cristina amenazó por sus nombres. Les dijo: “Van a tener que explicar las barrabasadas” que hicieron. No dijo cuándo, pero indicios no faltan.

Ramos Padilla no está ni podría estar en esa lista por una simple razón: es un juez del kirchnerismo que le debe el cargo de juez al kirchnerismo. Y que empuja una causa en la que el kirchnerismo tiene puestas todas las fichas para bajar al fiscal de la causa de los cuadernos de las coimas, que es como bajar a la causa misma.

Por si hace falta decirlo: la causa de los cuadernos es la causa que retrata mejor que ninguna la trama de coimas en la obra pública que montó el kirchnerismo no bien llegó al poder. Hay una multitud de empresarios y ex funcionarios presos y una montaña de fojas con testimonios de arrepentidos que cruza a todos: los que pidieron las coimas, los que las pagaron y los que las llevaron y adónde.

¿En qué punto se tocan esta causa de los cuadernos de las coimas con la que lleva Ramos Padilla? En el falso abogado D‘Alessio, que fue funcionario del kirchnerismo y del macrismo y que se vendía como agente de la DEA, con información de medio mundo y contactos con medio mundo.

D’Alessio operaba desde una agencia de seguridad con dos ex jefes de la Bonaerense. Operar quería decir hacer informes de inteligencia que vendían a organismos y a empresas y que sobre todo usaban para extorsionar a empresarios.

A D’Alessio lo denunció Pedro Etchebest, otras veces Pedro Rodríguez. Dijo que D’Alessio le pidió plata para sacarlo del expediente de los cuadernos en el que Etchebest no figuraba. La denuncia se entiende mejor por un dato: Etchebest compartía oficina y secretaria con D’Alessio y con sus socios ex policías en Puerto Madero. Ramos Padilla no ha dicho una palabra sobre esto.

También compartía al menos alguno de sus métodos: hizo fotografiar en Pinamar a D’Alessio con el fiscal Stornelli, de la causa cuadernos. Esa foto es el argumento único para que la causa esté en el juzgado de Dolores de Ramos Padilla, aunque los delitos que se investigan no hayan ocurrido allí.

Cuatro días antes de que Etchebest denunciara a D’Alessio, el abogado de Baratta, ladero de De Vido, le decía: “Sí, Dolores se está moviendo mucho en estos tiempos... Quiere mover y activar todo”. Otras escuchas de esos días: “...Sí, te estoy diciendo, boludo, Ramos Padilla agarró viaje” y “Bonadio, Stornelli, puf...”. Esta es del lobbysta y operador cristinista Valdés a Schiavi, el de los trenes.

Las escuchas de la Operación Puf son más claras que los argumentos de Ramos Padilla para procesar a Daniel Santoro, de Clarín. Lo procesa por una tentativa de extorsión de D’Alessio al empresario Cifuentes y también por coerción contra un ex directivo de PDVSA. Pero lo procesa sin que se lo haya pedido el fiscal y sin ejecutar ni una de la veintena de pruebas solicitadas por el periodista.

En el fallo, se nota el cuidado que Ramos Padilla pone para que no lo acusen de limitar la actividad periodística. Y una más: el juez advierte a Santoro que si interfiere en la causa, lo meterá preso. Hablar de esto y de lo que podría venir con la Justicia y con los medios no es una fantasía.


Ricardo Roa

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