Miércoles, 14 Agosto 2019 00:00

La racionalidad y la crisis

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Todavía falta la elección. Dato nada menor. Pero los mercados se mueven como si el 11 de agosto hubiera sido definitivo.

 

Game over, por la diferencia que sacaron Alberto Fernández y Cristina Kirchner en la primaria. El influyente The Financial Times utilizó su principal título para decir que el temor a la vuelta del populismo hundió al peso e ilustró su portada con una combinación del gráfico del derrumbe y un fotomontaje de Alberto F. hablando.

Es que el impacto externo del resultado ha sido devastador. Basta con ver la caída vertical de las acciones y bonos argentinos.

Pero el interno no ha sido menor: el peso se devaluó mucho, el pronóstico de inflación es otra vez preocupante, los empresarios dicen que no hay precios y el clima de conmoción se transmite a una sociedad que votó mayoritariamente por una fórmula.

Las perspectivas de Alberto y Cristina de ganar las elecciones son altas. Tan altas como para que ya haya comenzado en el círculo áulico del candidato la ronda de postulantes a distintos ministerios (en la Cancillería ya hay al menos tres en la cola: Argüello, Taiana y Solá, aunque también Scioli reclama esa cartera para sí).

Macri hizo lo peor: enojarse con la gente que no acompañó a su fórmula y culpar de la debacle económica a sus adversarios, utilizando otra vez la única arma electoral que tiene a mano que fue -y por lo visto sigue siendo- el miedo al retorno del autoritarismo. Pero el Presidente no se hace cargo de su gran parte de culpa. Esto es que el voto económico, el de la economía personal, ha sido superior a cualquier otro argumento, la corrupción, por ejemplo. Por citar solo un factor.

Hay que repetirlo: la elección se hará el 27 de octubre, dentro de 74 días. El Gobierno ahora está pensando en medidas que puedan cambiar el humor de la gente —Ganancias, salario mínimo, tarifas congeladas— pero para que eso tenga efecto se necesita bastante más tiempo del que dispone. Aun así, la empinada cuesta de la diferencia es difícil de trepar y menos enojado con la realidad.

Aspira a forzar una segunda vuelta. Para eso precisa que el Frente de Todos caiga casi 8 puntos (si se mantienen los números de agosto, una quimera). Y que Macri conserve al menos lo que sacó. La primaria ha abierto un tiempo de inestabilidad difícil de yugular.

Hay quienes piensan que un diálogo entre Macri y Alberto, aunque se conocen las nítidas diferencias, sería un gesto de racionalidad entre tanta incertidumbre.

Aquí hay un teléfono descompuesto. Es especulación y desconfianza mutua.

Desde el corazón de la Casa Rosada se asegura que el Presidente llamó a Alberto F. y que éste no devolvió el llamado.

Fernández dejó trascender que una reunión de él con Macri debilitaría aún más al Presidente, que debe actuar y dejar de hablar. Ese mensaje lo recibió Rogelio Frigerio, el ministro del Interior, que tuvo un contacto con el candidato del Frente de Todos. Frigerio sigue intentando ese diálogo como un símbolo de racionalidad. Si tiene efectos o no, se verá luego.

Ahora bien: lo que está en juego aquí va más allá de las especulaciones políticas y personales de los protagonistas. Sus estrategias electorales deben ceder ante una evidencia de que la Argentina, una vez más, se acerca demasiado al abismo.

Si ese diálogo es posible, hay que intentarlo.

Ricardo Kirschbaum

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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