Martes, 10 Septiembre 2019 00:00

Los secretos objetivos del rechazo a la verdad

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Para algunos líderes políticos mesiánicos, nada tiene “sentido revolucionario trascendente” (sic), si su discurso no se llena de conceptos que pretenden catalogar la verdad como la antítesis de una realidad que inventan con un desparpajo asombroso.

 

Son los que propulsan políticas “populistas” (una suerte de marxismo nacionalista), mediante un mensaje engañoso que pretende eliminar su calidad intercambiable, contribuyendo a volverlo ininteligible y, por ende, muy difícil de rebatir.

Es bien sabido que esta ideología no se identifica con ningún dogma en especial, sino que constituye una “guía para la acción”.

Esto es lo que ha venido ocurriendo en América Latina, apuntalado por dirigentes carismáticos que señalan machaconamente las necesidades de castigados por supuestas recetas neoliberales (que nada tienen en común con el liberalismo), favoreciendo la instauración de un Estado que encadena mediante todo tipo de controles cualquier vestigio de sociedad “abierta”.

De tal modo, sus gobiernos terminan siempre en “algo que no es ni esto, ni aquello”, como sostiene Jean Revel, corporizando una gigantesca evasión de la realidad “real” que no toleran ni están dispuestos a asumir. Cualquier semejanza con el peronismo, no es pura casualidad.

Los resultados han quedado a la vista en Ecuador, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba, y en menor medida en Perú, Guatemala y Honduras.

Son excepciones, por el momento, Uruguay, Chile, Colombia y Brasil (aunque su actual Presidente sea algo desconcertante en esta materia); y Cuba y Venezuela son dos casos paradigmáticos de dictaduras que constituyen una obscena exhibición de la violencia del Estado.

El resto de los países nombrados en primer término, han impuesto regímenes constitucionales, donde las izquierdas y las derechas se han fusionado para sostener un sistema autoritario, sumando la ayuda de dirigentes que desarrollan sus negocios al calor del poder, financiando sus desvaríos en la sombra.

El ex primer ministro socialista de Francia Laurent Fabius sostenía que “el socialismo no es un paisaje fácil de describir, ni que se descubra de una sola ojeada desde lo alto de una colina” (sic), convirtiendo esta definición en un jeroglífico lingüístico que habilita a sus dirigentes para sostener cualquier superchería.

¿Ejemplo cercano? Entre nosotros, los Kirchner. Una sociedad “familiar” que estructuró su fortaleza política incorporando a destajo a quienes se manifestaban pidiendo justicia, resarcimiento e igualdad social para recuperar los derechos humanos pisoteados por las dictaduras militares, convirtiendo este asunto en una emoción popular preponderante para extender sus gobiernos autoritarios.

La pobreza, el desempleo, el narcotráfico y la violencia no hacen más que aumentar al amparo de estos campeones de los derechos del hombre, que durante algún tiempo consiguen disimular su rigidez conceptual, hasta que sus regulaciones terminan convirtiendo el sistema político en un aguantadero de malhechores de saco y corbata.

Las consecuencias nefastas de estos regímenes terminan permitiendo que unos pocos se llenen los bolsillos con los dineros públicos, sin que para ellos esto sea una consecuencia del fracaso de sus políticas “distributivas”, sino de las “fatalidades naturales” y el “sabotaje fomentado desde el exterior por potencias hostiles” (sic).

Estamos muy cerca de reencontrarnos con estas políticas demagógicas nuevamente, dando paso a la verdadera esencia de su ideología, como en el caso del abogado Grabois quien propone una reforma agraria a la que concibe expropiando propiedades rurales donde “alguien” determine su explotación ineficiente.

Como siempre, ¿quiénes decidirán la índole, calificación y cuantificación de estos programas parcelarios? Pues el mismísimo Estado, que las distribuirá seguramente entre sus entenados en forma discrecional.

La historia contemporánea ha demostrado el fracaso de estos experimentos de laboratorio, anulando las bondades de la supuesta imaginación benévola de Grabois, y de quienes como él se consideran apóstoles de la caridad social.

No queremos ser “pájaros de mal agüero”, como dice el refrán popular, pero no vemos de qué manera “los Fernández” puedan manejar los límites en los que habrá que mantener a estos pensadores populares que, dicho sea de paso, fueron prohijados entusiastamente por ellos durante doce años.

Creemos que el dilema del kirchnerismo es el de toda ideología impracticable por su inconsistencia y terminará estrellando las ambiciones de sus “moderados” contra una realidad plagada de masas vociferantes que se mantienen al acecho y ya han comenzado a movilizarse multitudinariamente después de las PASO.

Porque “el rechazo de la verdad por parte de esta hoguera de creencias puede inflamar noblemente algún espíritu por un tiempo, pero a su término se degrada siempre en un sindicato de intereses” (Jean Revel).

Nuestras reflexiones van dirigidas especialmente a todos aquellos “enojados” que aún están a tiempo de reconsiderar sus preferencias el próximo 27 de octubre, recordándoles que una mentira puede permanecer en el poder por muchos años sin que con su triunfo se convierta en verdad, y se necesita más tiempo aún para que dicha verdad pueda imponerse finalmente, confirmando el fracaso de la mentira aludida.

Sería bueno tener en cuenta también lo que señalan de nuestro país algunos observadores internacionales, como el ex diputado y periodista chileno Hermógenes Pérez de Arce, quien recordó hace unos días la inviabilidad de la productividad de nuestro país, con el ejemplo siguiente:

a) Chile: tiene 6 millones de empleados en la actividad privada y 3

millones de empleados estatales;

b) Estados Unidos: 144 millones en la actividad privada y 64 millones de

empleados estatales;

c) Argentina: 9 millones de empleados en la actividad privada y…15 MILLONES DE EMPLEADOS QUE VIVEN DEL ESTADO.

Como se ve, nuestros problemas radican en la ineficiencia y la demagógica absorción de trabajadores por parte del Estado, y la ecuación no cierra por ningún lado; aunque el “moderado” Alberto Fernández haya dicho que lo que nos perjudica es una… ¡dependencia exagerada de los Estados Unidos!

Si este tipo de engaños y tergiversaciones prosperan, ESTAREMOS FRITOS.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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Fundado el 4 de agosto de 2003

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