Jueves, 07 Noviembre 2019 00:00

La muerte lenta de la sociedad argentina - Por Luis Tonelli

Escrito por  Luis Tonelli
Valora este artículo
(2 votos)

 

Las P.A.S.O. nos colocaron en el limbo de un presidente virtualmente derrocado y un presidente virtualmente entronizado. Las elecciones de primera vuelta confirmaron el curso natural de las cosas: Mauricio Macri perdió la reelección y Alberto Fernández ganó la presidencia.

 

Por un lado, la candidatura de Fernández permitió la reunificación del voto peronista y, por otro, la polarización no alcanzó a unificar el voto no peronista, disperso en varias candidaturas.

Así se daba, otra vez, el típico movimiento de diástole y sístole electoral argentino: los votantes se dividen en mitades casi exactas, pero el juego de los dirigentes políticos que reclaman ese voto lo que se altera. Esta vez el “todos unidos” (cuando podemos triunfar) le permitió alcanzar a Alberto Fernández números de ballotage y, a su vez, el voto estratégico del no peronismo, le permitió a Mauricio Macri disimular los índices negativos de popularidad de su gestión, y terminar con un dignísimo 40%. Obviamente, si hubiera habido ballotage, la moneda habría estado en el aire. Asi las cosas del país dividido en mitades.

Pero esta división electoral, que es una división a su vez sociodemográfica, no debiera necesariamente terminar en Grieta. Tampoco en los ciclos de redistribución y ajuste que han caracterizado el peculiar desempeño argentino. Sin embargo, el formato y la mecánica que la política argentina ha adquirido en las últimas décadas, con la continua presencia de la crisis, generó una verdadera caricatura grotesca de sus rasgos prominentes. A tal punto, que parece haber alcanzado su grado cero y ya, del stop and go -qué en realidad, en democracia fue crash and go (1989 y 2001) hemos entrado en una dramática calma chicha del stop and stop de una estangflación perniciosa.

Una clase política porosa y extensa, de fácil acceso y de astuta supervivencia, se las ha arreglado para representar los intereses particulares de la sociedad y ha dejado de representarla en sus intereses colectivos. La coyuntura de la gobernabilidad se ha deglutido las posibilidades de desarrollo (al absorber ahorros, inversiones, infraestructura, y planificación estratégica).

La desfiguración de lo que fue tempranamente una sociedad de clase media, contrasta con la crisis de crecimiento de nuestra vecina Chile. Allí, una política reducida y liviana, marginó a sectores sociales, que activados y dinamizados por el crecimiento, demandan participación, en una crisis de crecimiento -que se verá como su dirigencia la resuelve-. Aquí, la auspiciosa cadena de demandas y derechos iniciados por el peronismo, pero corregidos y aumentados alegremente por la sociedad argentina sin su contraparte productiva ha producido una “muerte lenta” de lo que fue nuestra sociedad, asistiéndose hoy a sus dramáticos estertores.

Lo que no significa necesariamente ni su colapso, ni un estallido, ni su disolución, sino algo quizás peor: su resignada y fatal involución. ¿Cómo evitarla, entonces?. Lo que es lo mismo que preguntarse, ¿puede aprovecharse nuestra gobernabilidad densa para convertirla en palanca del desarrollo y no en su agujero negro?

Diagnóstico y terapia son conocidos. El mundo, y menos la región, no ayudan. No tenemos ni deuda ni salto en precio de las commodities a la vista. Dios esta vez no parece ser argentino. Falta una racionalidad colectiva que rompa con el dilema del prisionero generalizado en el que estamos presos (donde todos decimos que cada uno tiene que ceder algo, pero cada uno de nosotros nos resistimos a hacerlo).

Un barbudo de Tréveris, de nombre Karl, dijo eso que ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella. Sin embargo, no hay nada automático que provoqué esa epifanía social salvífica en la decadencia.

Tenemos que sacarnos del pozo tirando de nuestro propio pelo, como el Baron Munchausen. Y aunque no sea garantía de éxito, trascender la Grieta y alcanzar consensos sustantivos es el mínimo común múltiplo al que tiene que comprometerse la fragmentada dirigencia argentina.

La crisis elimina ideologemas y voluntarismos al chocarnos con la realidad de manera inmediata. Sin reservas de fantasías, ni atajos. No se trata de reeditar el populismo contra el neoliberalismo (que finalmente son dos caras de la misma moneda, la de hacernos de los dólares que necesitamos, via manotear algo del excedente de commodities en alza, o bien, al utilizar angloparlantes well educated abroad para conseguir deuda. No se trata de que sigamos teniendo “gobiernos de oposición”, que en vez de gobernar constructivamente se la pasan denunciando y buscando culpables.

Simplemente ha llegado el momento en el que, de no ocuparnos de lo que es común a todos, lo de cada uno -incluso lo de los que siempre han ganado- está en riesgo.

Luis Tonelli

Visto 255 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…