Jueves, 05 Diciembre 2019 00:00

Ni plan ni equipo - Por Vicente Massot

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Sólo el curso ulterior de los acontecimientos pondrá al descubierto quién llevaba razón y quién se equivocaba en la controversia que hoy late en todos los análisis políticos y se reduce, básicamente, a esto: si entre Alberto Fernández y la viuda de Néstor Kirchner existen diferencias -inclusive de bulto- que al final del día no pasan a mayores en razón de que a ninguno de los dos le convendría pelearse a brazo partido, en medio de una crisis como la que deberán enfrentar a partir del próximo 10 de diciembre, o si se hallan destinados a dirimir supremacías desde el inicio de la gestión, aunque ello dinamite la administración de la que forman parte.

 

El tema ha dado lugar a un sin fin de comentarios y se han tejido alrededor del mismo innumerables conjeturas. Pero de lo que no hay dudas es acerca de los efectos contraproducentes que ha generado. Como nadie sabe a qué atenerse, parece lógico que la consigna de la hora sea desensillar hasta que aclare. Lo dicho vale -sobre todo- para los mercados en general y para los inversores en particular.

Convengamos que el kirchnerismo no genera demasiada confianza en el mundo de las finanzas. Arrastra un track récord que le mete miedo al capital y, si bien está claro que personajes de la traza de Guillermo Moreno y Luis D’Elía no volverán a tener la participación que en su momento acreditaron, con el respaldo y beneplácito del matrimonio santacruceño- las incertidumbres respecto de que un doble comando en el manejo de los asuntos públicos termine mal comienzan a jugarle en contra a una administración que todavía no se instaló en Balcarce 50.

La sensación que -al menos, de momento- ofrece el presidente electo es que le falta no sólo un plan económico consistente sino también un equipo sólido para llevarlo adelante. Supongamos que el primero está guardado bajo siete llaves y sólo sea conocido por su autor y por el propio Alberto Fernández, quien lo dará a publicidad cuando asuma. Sería difícil de creer en un país donde todo se sabe, pero no improbable. En cambio, resultaría imposible esconder a un equipo entero si acaso existiese y estuviese trabajando en conjunto.

Es cierto que en la Argentina los gobiernos recién estrenados que trajeron bajo el brazo un plan económico pueden contarse con los dedos de la mano. En general, la norma ha sido asumir con unas cuantas medidas que se han puesto en práctica desde el primer día y -a la corta o a larga- han fracasado. En cuanto a los elencos, excepción hecha del frigerismo, durante la presidencia de Arturo Frondizi, y del que desembarcó a órdenes de Domingo Cavallo, en la época de Carlos Menem, todos los demás gobiernos improvisaron sobre la marcha y conformaron gabinetes nacionales en los cuales la Biblia y el calefón convivían como si tal cosa.

Claro que así fueron los resultados.

En la materia, lo que se viene posee todos los visos de estar cerca de la regla.

Por un lado, habrá medidas y no un plan; por el otro, acompañarán a Alberto Fernández hombres y mujeres de distintas observancias y diferentes niveles de idoneidad. Los que ya han trascendido y todo hace suponer que serán confirmados -Santiago Cafiero, Felipe Solá, Gines González García, Vilma Ibarra, Mercedes Marco del Pont, Miguel Pesce, Marcela Losardo, Alejandro Vanoli, Agustín Rossi y María Eugenia Bielsa- no mueven el amperímetro. No porque carezcan de antecedentes en las carteras que ocuparán -salvo Felipe Solá- sino en razón de que -por muchas que sean sus capacidades- serán actores de reparto. En cuanto a los actores estelares -los futuros funcionarios del área económica- siguen siendo un misterio. A diario circulan nombres que a esta altura conocemos de memoria, sin que a ciencia cierta alguien sepa quién será el titular de la cartera más importante.

Mientras tanto, a la falta de certezas de si habrá o no dos poderes enfrentados dentro del propio gobierno, se le suman las declaraciones del presidente electo sobre temas que van desde la deuda externa a los que él denomina “presos políticos”, y desde el pacto social -que piensa instrumentar como medida coyuntural, por espacio de seis meses- hasta su crítica al periodista de La Nación, Hugo Alconada. De los tópicos mencionados, el de la relación con el Fondo Monetario Internacional ha sido sin duda de los menos felices.

Básicamente, en virtud de que de alguna manera echa leña al fuego en forma innecesaria.

Néstor Kirchner, del que Fernández fue su jefe de gabinete, pudo hacer lo que hizo de cara al FMI, no porque acreditase condiciones de guapo. Contaba con la soja a U$ 600 la tonelada y ello le dio un margen de maniobra extraordinario, que supo utilizar en provecho propio. Transcurridos desde entonces más de doce años, las cosas son hoy día harto diferentes y sería un error de apreciación fatídico el que el próximo presidente confundiese la relación de fuerzas vigente.

Anunciar urbi et orbe que el suyo no será un gobierno dispuesto a realizar ajustes se entendería si considerase necesario ganar una elección como la de octubre y las encuestas mostrasen un virtual empate entre los contendientes. Como no es el caso, en las circunstancias presentes decirlo así lo que deja trasparentar es su voluntad de continuar con el presente nivel de gasto público. Algo que -a semejanza del anuncio de que no le pagará al FMI en tiempo y forma- pone al descubierto una osadía discursiva gratuita.

Hay fundadas razones para suponer que no se han hecho públicas -siquiera fuese en líneas generales- algunas de las medidas que el gobierno del Frente de Todos piensa implementar dentro de una semana -poco más o menos- y que tampoco se han dado a conocer los nombres de los integrantes del futuro gabinete económico no porque se haya querido preservar el secreto y evitar que se generasen más expectativas de las ya existentes. El motivo principal ha sido, por un lado, los tires y aflojes habidos entre Alberto Fernández y su compañera de fórmula. Por el otro, la dificultad de hallar economistas de primera línea que deseasen comprometerse con la función pública.

Como quedó expresado antes, la falta de un plan y de un equipo no son portentos nunca vistos en estas tierras. Por el contrario, representan la regla. Sólo que, dada la situación por la que atraviesa el país, que no haya un conjunto de funcionarios preparado con la debida antelación para asumir tamañas responsabilidades trasparenta las limitaciones de esta inédita cohabitación de poderes que asumirá el control del Estado el 10 de diciembre.

Vicente Massot

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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