Lunes, 09 Diciembre 2019 00:00

Sobre definiciones y superficialidades - Por Carlos Berro Madero

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La calidad de una buena definición se basa en su claridad y exactitud.

 

Será clara si puede ser entendida hasta por quien ignore el sentido de las palabras con que se la expresa; y exacta si explica lo que se quiere decir de manera que no lleve a quien la oye a formarse una opinión equivocada.

Nada de eso parece tener en cuenta Alberto Fernández cuando deambula discursivamente sobre un repertorio inacabable de constantes “potenciales”, que no permiten saber si sus proposiciones son indefinidas debido a que se siente muy “ahogado” por Cristina Kirchner, su electora natural para el cargo que asumirá.

Esto se fue acentuando con el correr de los días y nadie podría asegurar hoy cuál será el procedimiento del que se valdrá para mantener en equilibrio el modesto chinchorro donde rema contra la corriente, con la secreta intención de que creamos que solo él es quien está al mando de lo que pretende presentarnos como una fragata veloz y bien artillada.

Que no haya habido casi contactos con el gobierno saliente, nos permite sospechar que la futura vicepresidente –de acuerdo con su estilo y carácter-, debe haber dado instrucciones de no hacerlo para poder denostar con mayor énfasis las supuestas irregularidades de Cambiemos que buscarán hasta debajo de las alfombras, porque su primer objetivo consistirá, con seguridad, en acusar a quienes dejan el gobierno de las conductas y herencias más aberrantes, PARA LICUAR SUS PROPIAS RESPONSABILIDADES.

El flamígero discurso de CFK ante los tribunales hace unos días -retórico y envenenado-, ha dado una pista de lo que nos espera. Y haberle oído decir a su “designado” compañero de fórmula que fue la defensa jurídica más brillante que pudiese cuadrar para acusaciones que no han podido desmentir hasta hoy, ha sido una evidente genuflexión de quien nos ha estado arrojando por la cabeza una y otra vez su título de abogado (¿otro “exitoso” quizás?), para poner de manifiesto lo que nosotros, quienes tenemos otras profesiones, jamás podremos comprender.

Aunque tengamos como aliado al sentido común.

La diferencia que media entre quien tiene la capacidad legítima y probada para ilustrar a un supuesto neófito, y el que abusando de dudosas virtudes que no están a la vista dice que sus juicios de valor están asentados en el hecho de haber recorrido el camino “otras veces antes de ahora” (sic), es lo que define la porción de falsía de lo que sostiene, al presentarse como si pudiese dominar de una ojeada todas las vertientes de una escarpada cordillera que los demás miramos desde abajo.

Es poner en claro un mensaje de enorme soberbia: “yo estoy en la cumbre y veo lo que la rodea sin posibilidad de equivocarme”. Un clásico de muchos charlistas de la política que “tantean” argumentos con los que pueden sostener una osadía interpretativa de la que suelen envanecerse.

Estamos convencidos que el gobierno de los Fernández será, -como fue antes el de Néstor y Cristina-, retórico, retorcido, ambulatorio (en el sentido de la ambigüedad) y “experimental”.

No han tenido, ni le han dedicado un minuto de su precioso tiempo a la “sustancia”, sino a “acomodar los palotes”, es decir, preocuparse por la designación de quienes desempeñarán los distintos cargos públicos, formando un gabinete heterogéneo, DONDE SOBRESALE “MÁS DE LO MISMO”.

No puede existir ninguna duda: Cristina le torció el brazo a Alberto, a pesar de que quienes escudriñan el interior de las intrigas palaciegas quisieron hacernos creer el valor del gran conocimiento del nuevo Presidente “quien conoce los resortes del poder como nadie” (sic).

¿De cuáles? ¿De aquellos con los que se armaron siempre las “roscas” políticas?

Un profesor de derecho puede explicar cumplidamente y de memoria los fundamentos de la patria potestad y/o las obligaciones que emanan de contratos que se firman entre partes para un mismo fin, pero eso no lo convierte en una persona que pueda sobresalir sobre los demás, porque en todo lo que no sea su materia específica puede tener una capacidad regular o simplemente insuficiente.

¿Habrá comprendido esto Alberto Fernández? ¿O continuará siendo un cultor impenitente del autobombo?

Porque de Cristina, ya está todo a la vista: viene por todo.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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