Viernes, 03 Enero 2020 00:00

Todavía faltan los pilares de la reconstrucción - Por Daniel Muchnik

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Si bien hay empresarios que hablan de la vocación productiva del Gobierno y lo elogian por ello, no se ve un cambio decisivo en el régimen económico

 

Han pasado algunas semanas desde que asumió la presidencia Alberto Fernández y ya se ponen en evidencia ciertos rasgos importantes de su gobierno.

Fernández quiere imprimir más rapidez a la gestión de lo que creen algunos, pero se enfrenta con imponderables que no puede eliminar de un día para el otro. Todos esperan que después del verano varias cuestiones puedan resolverse. El Presidente ya lo había advertido antes de jurar en el Congreso: la sociedad está a la expectativa, la crisis viene de arrastre. Amor y devoción de toda la sociedad no encontrará con rapidez.

Hay cuestiones de economía interna, la búsqueda de resolución de la deuda externa, atender los reclamos de distintos sectores y desarrollar –como se está haciendo– una nueva estrategia diplomática para encontrar oídos que escuchen en las grandes potencias. La reactivación está el horizonte, pero por el momento parece bastante lejos.

Se han tratado a las jubilaciones en tiempo exprés sin que se incendie una parte de Buenos Aires. Tampoco se incendió el campo con otra vuelta de rosca con las retenciones. La clase media ya entendió que el 2020 no tendrá diferencias con el 2019, pero sabe que se agregará mayor presión impositiva.

La vida cotidiana correrá detrás de los castigos para los presupuestos familiares: la salud seguirá aumentando, los combustibles no bajarán aunque por el momento se hayan paralizado los valores, el costo de las expensas inexorablemente continuarán incrementándose y se evitarán los gastos porque dinero no va a sobrar. Los límites serán rígidos.

La clase media continuará con las mismas presiones que ya las conoce desde hace dos años o más. Es sorprendente como los factores de poder se han ido acomodando de acuerdo a sus conveniencias.

Notable es el silencio o el giro de la Justicia. Un sólo ejemplo: de 49 presos por la causa de los Cuadernos sólo siguen detrás de rejas Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi (por una investigación conexa y, además, condenados por la Tragedia de Once). Es una Justicia que busca un nuevo techo para refugiarse de los ataques políticos o de los ánimos de revancha. Sólo una minoría escasa de jueces se mantiene incólume en sus juicios y decisiones.

Pese a los desvíos, bien se sabe que Fernández está agilizando la reforma judicial para quitarles el poder a los magistrados federales con oficinas en Comodoro Py. Aprovechará las sesiones extraordinarias del Parlamento para buscar esa reforma. Fernández sostiene que la Justicia fue arbitraria persiguiendo a los opositores.

Pero no es sólo la Justicia. Sus no tan lejanas definiciones sobre muchas cuestiones nada tienen que ver con el presente. Su actual relación con la vicepresidente Cristina Kirchner está en las antípodas de lo que declaraba sobre ella no hace mucho tiempo, no más de dos años atrás. Un ejemplo de esas mutaciones es su opinión sobre la muerte del fiscal Alberto Nisman, que se puso en evidencia con el estreno de la serie sobre el tema en una masiva plataforma digital.

En la serie, Fernández puso en duda que aquella situación dramática y también movilizante hubiera sido un suicidio. Ahora, ya presidente, asegura que las pruebas no dan lugar a creer que fue un asesinato.

Siempre fue ésta última afirmación la consigna de los militantes del cristinismo y de sus adláteres. Un diputado de pasado polémico y bastante saltimbanqui en sus principios políticos, como es Leopoldo Moreau, abusó de sus fueros para decir que la tesis de asesinato es una cuestión que maneja la Embajada de Israel, “las derechas norteamericanas” y las instituciones representativas de la comunidad judía en la Argentina. Una apreciación definitivamente antisemita. Lamentablemente, igual que Moreau piensan muchos.

Calificaron como demencial el asesinato de Nisman, de la misma manera que afirmaron que todos los juicios sobre la corrupción que se pusieron en marcha fueron mentiras, inventos o persecuciones políticas.

Alberto Fernández, además, tiene que justificar sus acciones ante sus aliados en ese extenso archipiélago que es el peronismo y que no tiene una rígida unidad de principios. Parte de su estrategia se asentó en funcionarios jóvenes, que seleccionó para que lo acompañaran en la durísima tarea de gestionar el Estado.

Si bien hay empresarios que en sus declaraciones afirman que hay decisión productiva en el Gobierno y lo elogian por ello, no hay un cambio decisivo en el régimen económico. Todavía no se conocen los pilares fundamentales de lo que podría denominarse un cambio decisivo frente a la producción, el empleo, la exportación y los nuevos mercados.

Si bien para algunos economistas es esperable que la inflación baje en los meses que vienen, como lo hizo en los dos últimos meses del 2019, nadie se arriesga a pronosticar un crecimiento que mejore los resultados finales del ciclo. Para el 2020 no hay todavía una estrategia oficial de productividad como no la tiene desde hace años.

El acuerdo de precios y salarios no es un proceso de mediano o largo plazo. Dependerá de la marcha de la economía y de los movimientos internacionales. Todos esperan en algún momento un arreglo de la deuda externa. La negociación no será tranquila, puede llevar más tiempo de lo esperado. Habrá que empezar el año con el pie derecho.

Daniel Muchnik
Twitter: @dmuchnik

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