Viernes, 07 Febrero 2020 00:00

El Papa, la gira de Alberto y el bluff creativo de Axel - Por Jorge Raventos

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De vuelta de una gira de resultados excelentes (pero, ojo, hay que esperar el paso de las palabras a los hechos), Alberto Fernández tiene que empezar abrir un poco más su juego.

Consiguió el respaldo de cuatro gobiernos europeos (entre ellos, pesos pesados como Emmanuel Macron y Angela Merkel) pero ahora se inicia otra etapa. El prometió tener despejado el paisaje de la deuda para fines de marzo y el calendario no se detiene. Se aproximan dos compromisos exigentes para el ministro de Economía Martín Guzmán: tendrá la visita de los técnicos del FMI (lo que implica traducir en números las comprensivas palabras que encontró en Kristalina Georgieva, la directora general del organismo) y deberá enfrentar al Congreso y mostrar también allí detalles de su programa de acción.

"Tenemos un plan, pero no queremos mostrarlo por ahora", explicó el presidente en París. Pues bien, empieza el tiempo en que hay que mostrar. Tanto a los ajenos como a los propios.

LA APERTURA KICILLOF

El país superó, entretanto, el episodio bonaerense, donde la principal jurisdicción subnacional tenía que afrontar un vencimiento pequeño pero inoportuno.

Contra lo que pretendía el gobernador Axel Kicillof, después de prorrogar con reiteración el plazo de vencimiento establecido para que los acreedores aceptaran sus ofertas de renegociación de la deuda de 250 millones de dólares vencida a principios de febrero, los bonistas no aceptaron sus condiciones

Contra lo que vaticinaban analistas de mal agüero, la provincia no entró en default, ya que Kicillof encontró el dinero que se necesitaba para pagar esa obligación. El gobierno nacional cumplió con su palabra: el Tesoro no aportó para sacar del apuro a la provincia de Buenos Aires, que tuvo que conseguir recursos en su propio distrito (por ejemplo: aportes de algunos municipios y retrasos en incrementos salariales de los docentes).

Toda estrategia se mide por sus resultados: la del gobernador, de hacer pata ancha y proponer una negociación dura a los acreedores, fue una estrategia fracasada. Debió ablandar sus condiciones en dos oportunidades y no fue suficiente: los bonistas más avezados le habían tomado el tiempo y sabían que Kicillof no podía arruinar la negociación nacional de la deuda declarando un default por 250 millones. Sabían que el pago saldría de algún bolsillo.

El gobierno nacional bancó la estrategia de Kicillof mientras se desarrollaba: si hubiera conseguido resultados (un cambio de plazos, por ejemplo) la habrían aplaudido. Lo que siempre estuvo claro para las dos jurisdicciones fue que el ballet de la provincia no contaría con fondos nacionales y no podía concluir con un default. En rigor, el propio gobernador lo había adelantado: "no pensamos ni queremos el default".

RESPONSABILIDAD

Con los hechos consumados, Santiago Cafiero, jefe de gabinete de Fernández, resumió lo ocurrido: "El gobernador estaba definiendo las limitaciones y mejores condiciones para encontrar un sendero de deuda sustentable y sostenible en el tiempo, y se topó con una visión totalmente distinta de lo que proponemos como gobierno nacional y provincial. Finalmente tuvo que hacer el pago y no era lo deseable, pero actuó con responsabilidad".

¿Es razonable pensar que la estrategia de Kicillof (o, si se quiere, su dureza inicial) respondió a un estilo impregnado de ideología o estuvo dictada por el Instituto Patria? Esa es la interpretación favorita de los analistas opositores, que encuentran hasta en la sopa "contradicciones" entre el kirchnerismo de Cristina y la Casa Rosada. No hace falta esquivar el hecho de que las formas, procedimientos y talantes que impulsa el Presidente son diferentes de los que imperaron bajo las presidencias (particularmente la segunda) de la señora de Kirchner, pero rebuscar divergencias permanentemente termina siendo un ejercicio estéril, que desgasta más bien a quienes lo practican. No todas las diferencias de estilo responden a esa matriz. Por otra parte, la señora de Kirchner no es hoy aquella presidenta, sino esta vicepresidenta. "Es dueña de los votos", se suele argumentar. Y es cierto, pero ahora no hay elecciones hasta dentro de dos años.

Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires intentó jugar un bluff creativo para gambetear una zona de debilidad de su distrito. No tuvo éxito. En realidad, quedó más débil que antes, ante el poder nacional y ante los acreedores.

MAS PAPISTAS QUE EL PAPA

Una porción de analistas que no simpatiza con el gobierno de Fernández ha decidido hurgar allí donde observa o imagina conflictos y dificultades. Eso ocurrió, por caso, con el tema de la despenalización del aborto durante la visita a el Vaticano.

Ante el Papa el Presidente no se refirió al proyecto oficial sobre esa cuestión, pero el tema surgió posteriormente con el secretario de Estado del Vaticano, monseñor Pietro Parolín. Era inevitable que ocurriera. Como señalamos aquí una semana atrás: "El Presidente argumenta con franqueza los motivos por los que decidió respaldar la despenalización del aborto, que son, a sus ojos, de carácter sanitario y en modo alguno están ligados a ideologismos extremos de índole antirreligiosa. Fernández no viajó con esperanzas de recibir aprobación en este punto, pero sí comprensión." Un signo de comprensión de Francisco residió ya en derivar ese punto al tramo de la entrevista de Fernández con el secretario de Estado. Parolín reiteró la postura de la Iglesia: la protección de la vida desde la concepción.

Como Fernández declaró que el tema no había sido tratado con el Papa y un boletín de prensa de las conversaciones emitido por la Santa Sede consignó el concepto expuesto por Parolín, hubo quienes quisieron leer en el episodio un conflicto asordinado. El Papa ordenó de inmediato que la confusión se aclarara con un segundo comunicado de la Iglesia, que dejó asentado que, como había expuesto el Presidente, el tema no había sido tratado con el Pontífice.

Ni Fernández ni Bergoglio son personalidades que se ahoguen por tormentas en un vaso de agua. Los registradores de sonrisas papales

dedujeron que "hubo onda" entre ambos argentinos. Francisco no dejó dudas de su voluntad de ayudar tras su presencia en el encuentro de economistas organizado por la Academia de Ciencias del Vaticano, al que asistieron el ministro Martín Guzmán y la directora ejecutiva del FMI. Allí dijo: "Las deudas no se pueden pagar con sacrificios insoportables".

Unos días antes, durante su extensa charla con Fernández, el Papa le recomendó al Presidente que cultive y conserve el sentido del humor.

Un consejo apropiado para afrontar la ironía de estos tiempos en que reputados librepensadores parecen querer darle clases de religión al Papa y a punto están de exigirle que excomulgue al mandatario argentino, mientras distinguidos progresistas, que se sienten decepcionados por el Pontífice, descubren en monseñor Héctor Aguer, ex arzobispo de La Plata, el cruzado antialbertista que anhelan. No se trata de confusión teológica sino de desasosiego político. Tiene cierta lógica apuntar en estos momentos simultáneamente contra el Presidente y contra el Papa.

Jorge Raventos

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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