Miércoles, 19 Febrero 2020 00:00

Un caramelo envenenado de Maduro - Por Ricardo Kirschbaum

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Ni tan cerca de Maduro ni tan lejos, esa es la posición que es lo más cercano a la indefinición.

 

Hasta anoche, la Cancillería no había recibido ninguna comunicación del régimen venezolano de participar en un proceso de mediación con la oposición.

El autócrata Nicolás Maduro había expresado el viernes pasado sus esperanzas de que el “presidente argentino Alberto Fernández ​nos ayude con eso”. “Eso” es, según Maduro, diálogo con la oposición para lograr un Consejo Nacional Electoral “de consenso” y que sea la Asamblea Nacional (que reconoce Maduro), dirigida por un opositor, Luis Parra, que saltó la tapia y pactó con el chavismo. Subsidiariamente, Maduro pretendería que este grupo de países -España, Panamá, México y Rusia- también pidieran el cese de las sanciones de Estados Unidos al régimen venezolano.

La invitación de Maduro es un problema para la diplomacia argentina. La sola denominación de “países amigos” para este nuevo grupo de contacto es darle a la gestión un sesgo favorable desde el inicio a los planes del gobierno de Maduro.

En segundo lugar, la iniciativa se anticipó a la reunión del Grupo de Lima, del que formalmente participa la Argentina, que se celebra en Ottawa, Canadá, en la que se incrementa más la presión contra Maduro. El Gobierno ha mandado al vicecanciller Pablo Tettamanti a esas deliberaciones, que tienen el auspicio del gobierno de Estados Unidos.

En tercer lugar, la búsqueda de legitimidad de la Asamblea Nacional paralela que sostiene Maduro significa la descalificación de la que encabeza Juan Guaidó, presidente interino que es reconocido por más de 50 países, entre ellos Estados Unidos. Guaidó fue aplaudido de pié por los legisladores de ambas Cámaras norteamericanas cuando Trump dio su discurso de la Unión. Al regresar a Caracas, Guaidó fue agredido por simpatizantes de Maduro en el aeropuerto de Maiquetía. Un pariente del legislador venezolano fue detenido y acusado de tener explosivos plásticos. La empresa portuguesa TAP, que lo trasladó desde Panamá, fue suspendida. La defensa del detenido argumenta que los explosivos fueron “plantados” por la inteligencia bolivariana para complicar a Guaidó. TAP, por su parte, protestó por la sanción arbitraria que le aplicó el régimen. Desde la asunción de Alberto Fernández, su gobierno viene buscando una posición distinta a la militancia de Mauricio Macri contra Maduro. Tomó distancias de Guaidó, le quitó credenciales a la embajadora designada que había sido reconocida por el anterior gobierno, amagó salir del Grupo de Lima, donde finalmente se quedó.

El principal problema que tiene Alberto Fernández es la deuda y en la negociación necesita del apoyo de Donald Trump. La permanencia en el Grupo de Lima puede ser considerada como un gesto hacia Washington. Trump, en este año electoral, debe tener en cuenta el electorado de Florida, donde el anticastrismo cubano y el antichavismo tienen influencia. Argentina tampoco puede avalar las presiones y acciones directas contra la Asamblea Nacional que preside Guaidó, pero no quiere quedar integrando el bloque más furioso contra Maduro. Ya ha percibido en directo la sorpresa por los cambios de la diplomacia española, que ha pasado de un antichavismo activo a uno más moderado por, dicen, influencia del nuevo vicepresidente Pablo Iglesias, cuyas simpatías bolivarianas han sido evidentes.

En esta encrucijada, aceptar el convite de Maduro es tragarse un caramelo envenenado.

Ricardo Kirschbaum

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