Martes, 25 Febrero 2020 00:00

Los conspiradores de siempre - Por Carlos Salvador La Rosa

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La del lawfare (o guerra mediática) no es la primera conspiración que las fuerzas del mal encaran contra los justos y los inocentes, acusados de todas aquellas ignominias que jamás cometieron, pero a los que sus enemigos necesitan culpabilizar para llevar a cabo sus más oscuros designios.

 

La mejor literatura es la que ha sabido narrar con soltura esas burdas conspiraciones, como lo han hecho Ira Levin, Arturo Perez Reverte y Umberto Eco, entre cientos.

La semilla del diablo

En el libro “El Bebé de Rosemary”, Ira Levin describe la conspiración demoníaca que luego Roman Polanski llevaría al cine, en la que se inspiraría Charles Manson y sus chiflados para masacrar a la esposa de Polanski (Sharon Tate) y varios de sus amigos.

Allí una joven e inocente mujer es forzada a concebir el hijo del diablo mediante una conspiración en la que participan su marido, su doctor, sus vecinos y toda una secta formada por gente de apariencia respetable pero que en realidad son adoradores de satanás. Rosemary no recibe ayuda de nadie porque nadie le cree al acusar a gente tan prestigiosa, sobre la que es imposible sospechar su culto macabro.

El libro del demonio

En la novela “El Club Dumas”, Arturo Pérez-Reverte investiga otra conspiración, también llevada al cine por Polanski, titulada “La novena puerta”.

Allí un hombre dedicado a la compraventa de libros antiguos es contratado por un coleccionista millonario que le pide le consiga tres ejemplares de un mismo libro donde se encuentran tres láminas dibujadas por el demonio, que quien las posea podrá adquirir la vida eterna a través de un pacto con lucifer. Eso lleva a nuestro librero a mezclarse con una secta de adoradores del diablo donde se hallan famosos personajes del mundo, entre ellos varios presidentes. Durante la travesía es ayudado por una bella joven que resulta ser el mismo demonio. Es que no se puede creer en nadie, piensan los conspiradores, el diablo está hasta en los más pequeños detalles.

Los protocolos de Sión

El gran escritor Umberto Eco nos brindó en 2010 su novela “El cementerio de Praga”, sitio donde supuestamente se juntaron los rabinos más importantes del mundo para escribir “Los protocolos de los sabios de Sión”, el opúsculo donde los judíos expresan su adoración a satán y el deseo de dominar el mundo basándose en sus premisas. Cuenta Eco que los primeros cómplices de esa conspiración son (como todo el mundo sabe, sobre todo en la Argentina actual) los periodistas. Entonces narra cómo actúan los medios concentrados para dominar el mundo: “En cuanto a los periódicos, el propósito judaico prevé una libertad de prensa ficticia, que sirva para el mayor control de las opiniones. Dicen nuestros rabinos que habrá que acaparar el mayor número de periódicos, para que expresen opiniones aparentemente distintas, y de este modo den la impresión de una circulación libre de las ideas, mientras que, en realidad, todos reflejarán las ideas de los dominadores judaicos... comprar a los periodistas no será difícil porque constituyen una masonería”.

Los protocolos denuncian la complicidad en la conspiración mundial de judíos y masones. A esas dos patas sumen tres más (el Vaticano, el comunismo y la socialdemocracia) y se tendrá constituida la “sinarquía internacional” donde conspiran los cinco para seguir dominando el mundo desde siempre y hasta la eternidad. El demonio sobre la tierra con rostro humano.

En algún tiempo ciertos sectores del peronismo histórico sostuvieron la existencia de tal desmesura, de una conspiración sinárquica e imperialista contra los pueblos del mundo. El mal contra el bien.

Un país de novela

El lawfare se inscribe claramente en esta tradición novelada, ¡qué duda cabe! Tiene las mismas características y su misma lógica conspirativa: una asociación secreta de jueces, políticos y periodistas destinada a perseguir, denunciar, condenar y aprisionar a todos aquellos que luchan por la liberación de los pueblos. Una internacional del infierno en la tierra a la cual las almas nobles deben oponerse, denunciando a todos aquellos que poseen en su carne o en su espíritu la marca del diablo.

Estos últimos días han sido pródigos en estas actitudes, tanto que si estuvieran por aquí, Levin, Pérez Reverte y Eco se harían una fiesta pudiendo escribir en pocos días, la segunda parte de sus libros.

Así, un grupo de senadoras propone que, si algún periodista escribe algo contra la presunción de inocencia de un político preso, este debe ser liberado por la sola opinión del comunicador sinárquico.

Otro senador pide una ley para intervenir el Poder Judicial de Jujuy y poner a sus jueces en comisión (eso sí, seguir pagándole los sueldos a fin de que no molesten) para “garantizar la forma republicana de gobierno” (sic). Aunque parece que también hay algún interés personal porque el senador K es cuñado del gobernador radical y todo indica que no está muy contento de que su hermana se haya casado con el radical sinárquico. Algo similar ocurría en la revolución francesa cuando algunos jacobinos aprovechaban, en el tumulto, para guillotinar, aparte de a los nobles, a quien pudiera haberle metido los cuernos con su esposa.

Julio De Vido, recibió en su idílica prisión domiciliaria una carta que lo conmovió hasta las lágrimas. Ella decía así: “Un saludo Julio, estamos aquí en la misma trinchera en que tú nos conociste, en batalla... muy pronto tu caso será resuelto, despejado, y la persecución política que Macri lanzó contra ti, y contra otros, quedará ya en el pasado... Te esperamos por aquí, agarra tu vuelo y ven para acá a visitarnos. Siempre estamos a la orden, somos amigos de verdad”. Esas maravillosas palabras de consuelo fueron pronunciadas por Nicolás Maduro, presidente más o menos de facto de Venezuela. Amigos son los amigos.

Pero quizá la figura más extraordinaria en lucha contra esta conspiración del lawfare sea Ricardo Jaime, que se robó todo y hasta lo confesó. Pero claro, ahora dice que lo apretaron para confesar. Según Jaime en la tragedia de Once: “se tiene que determinar al responsable material que para nosotros es Marcos Córdoba, el que chocó el tren, y también a los autores intelectuales que le dieron esa directiva a Córdoba para que chocara el tren y ocurriera la tragedia”. O sea que se trató de una directiva de gente oculta y maligna dada al chofer del tren para matar gente a propósito con el fin de acusar de ello.... ¡a Jaime! y otros liberadores de la patria. Parece increíble, pero lo dice. Por supuesto luego agrega que está preso por “un mecanismo extorsivo y de persecución a quienes abrazamos el proyecto de Néstor. Esto es lo que me tiene detenido”. Habrá que ver qué quiere decir con haber abrazado el proyecto de Néstor, pero eso se lo dejamos a los lectores.

En suma, la lista puede seguir varias páginas más, pero no tenemos más espacio y además todos los que sufren lawfare ya tienen su cita: el intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, propone una marcha masiva a Tribunales “porque si no pedimos por los presos algún día nos va a tocar a nosotros y ya va a ser tarde”. Hombre prevenido vale por dos. Pero lo más peculiar es el día que propone para la marcha: el 24 de marzo. Equiparando a Julio De Vido, Amado Boudou, José López, Luis D’Elía y Lázaro Báez con los asesinados y desaparecidos por la dictadura. Sin palabras.

En fin, que los límites entre ficción y realidad suelen ser muy delgados. Y en la Argentina peor aún. Pero lo que más cuesta entender es que mientras una parte del gobierno sufre la gota gorda peleando la deuda con el FMI y otros acreedores, algo que le importa a todo el país, otra parte del gobierno pierda el tiempo en estos delirios, algo que, además, sólo le importa a los implicados.


Carlos Salvador La Rosa
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