James Neilson

James Neilson

La salida de la procuradora general fue festejada por el Gobierno.

 

El triunfo en las elecciones de medio término le dio nuevo impulso a Macri.

 

La gobernadora María Eugenia Vidal es la cara visible del anunciado triunfo del macrismo.

 

Hoy en día escasean partidarios de la “teoría del gran hombre”, una tesis que se puso de moda en el siglo XIX y que en los siguientes sería adoptada con entusiasmo por los decididos a hacer del culto a la personalidad del jefe máximo local una fuente de poder, prestigio y dinero.

 

Con rapidez sorprendente, está consolidándose la impresión de que los candidatos de Cambiemos podrían imponerse en las elecciones del 23 de octubre por márgenes muy superiores a los previstos en vísperas de las PASO de hace menos de cinco semanas.

 

La nota que Cristina le dio al periodista Luis Novaresio fue un manotazo de ahogado.

 

Antes de transformarse en un león herbívoro, Juan Domingo Perón creía que el movimiento que había puesto en marcha tendría que ser tan amplio que incluiría a todos salvo, claro está, a oligarcas y otros malevos reacios a subordinar sus propios intereses a los suyos.

 

A los ojos del mundillo político y el poder económico, el mandatario ya no es una mera figura de transición sino un presidente de verdad.

 

El triunfo de Cambiemos en las PASO le da nuevo aire al proyecto de Macri.

 

Para sorpresa no sólo de los que vaticinaban que los votantes, hartos de sufrir un ajuste que los candidatos opositores decían era insoportable, darían una cachetada muy fuerte al gobierno de Mauricio Macri, sino también de sus propios integrantes y quienes lo apoyan, las PASO sirvieron para despejar un horizonte que, hasta caer la noche del domingo pasado, le parecía ominosamente nublado.

 

Los alarmados por lo que está ocurriendo en el mundo dicen que los líderes actuales no les llegan ni a los tobillos a aquellos hombres carismáticos que, más de medio siglo atrás, tuvieron que enfrentar situaciones terriblemente difíciles.

 

Un triunfo de CFK podría significar una marcha atrás en el programa de Macri.

 

El resultado de las elecciones de octubre dependerá de la capacidad de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal para convencer a los habitantes del paupérrimo conurbano bonaerense de que no son los tecnócratas gélidos de la caricatura opositora sino personas muy pero muy sensibles acostumbradas a compartir el dolor ajeno.

 

Que el oficialismo prefiera a la expresidente como adversaria no siempre puede salir bien, como ya se vio en otros países.

 

El estratega macrista Jaime Durán Barba molestó a muchos cuando dijo que “más de la mitad de quienes son fanáticos de Cristina creen que era corrupta. Y les parece muy bien”.

 

Los desplantes y las denuncias de Carrió están terminando con la paciencia del Presidente.

 

Muchos violadores, ladrones y asesinos comunes beneficiados por el “dos por uno” no tardarán en reincidir, pero es casi nula la posibilidad de que lo hicieran los militares encarcelados por crímenes de lesa humanidad que quisieran aprovechar un fallo reciente de la Corte Suprema que los pondría en pie de igualdad con los demás delincuentes.

 

La gobernadora María Eugenia Vidal será la cabeza de la campaña PRO de este año.

 

A diferencia de los populistas e izquierdistas que atribuyen los reveses que sufren a la patria financiera, a lo que en otros tiempos algunos llamaban la sinarquía o a las maquinaciones de imperialistas antiargentinos con su cuartel general en Londres o Nueva York, los macristas se preocupan por las actividades de personajes que raramente figuran en las listas negras de sus adversarios políticos.

 

El Presidente atraviesa su peor momento desde que llegó a la Casa Rosada.

 

Los sindicatos docentes están celebrando el fin de las vacaciones de verano con las ya tradicionales andanadas de anuncios belicosos con los cuales suelen anticipar el comienzo del año lectivo.

 

La orden de Sergio Massa de tratar a Macri como un clon de De la Rúa insinúa que los peronistas quieren reeditar lo de fines de 2001.

 

Aunque los años últimos han sido crueles para los guerreros anticapitalistas, ya que para su frustración no han logrado aprovechar las sucesivas crisis “terminales” que ha sufrido el sistema que dicen odiar y contra el cual luchan con los medios a su alcance, puede que pronto tengan más suerte.

 

Extraño destino el de la Argentina. Luego de décadas de brindar la impresión de ser un país resuelto a depauperarse por razones que fronteras afuera nadie entendía, se ha dotado de un gobierno comprometido con un ideal que es llamativamente prosaico: la normalidad.

 

Cuando la Corte Suprema optó por torpedear la política energética del Gobierno, asestándole un golpe feroz que a larga podría tener repercusiones económicas sumamente negativas para el país, y por lo tanto a los pasajeramente beneficiados por el fallo, casi todos atribuyeron el revés a la ineptitud política de Mauricio Macri, Juan José Aranguren y otros funcionarios.

 

Cuando, como sucede con frecuencia exasperante, la realidad se niega a obedecerles, algunos izquierdistas modifican sus propuestas; les importan más los resultados concretos que sus propias intenciones.

 

Hay que suponer que a Mauricio Macri le encantan las cumbres cosmopolitas que se celebran en lugares como Davos o, para la reunión más reciente del “Grupo de los 20”, en Hangzhou que, según Marco Polo, en su momento era “la ciudad más elegante del mundo” pero que en la actualidad es sólo otra megalópolis oriental que fue vaciada de una parte de sus 9 millones de habitantes para que los ilustres visitantes no tuvieran que enfrentar manifestaciones organizadas por luchadores sociales chinos que, por raro que parezca, a menudo provocan disturbios violentos.

 

Los desconcertados por el fracaso económico de naciones dotadas de recursos naturales abundantes, entre ellas la Argentina y Venezuela, suelen suponer que gobernarlas debería ser relativamente sencillo, ya que las autoridades siempre contarán con dinero suficiente para enfrentar problemas que de otro modo resultarían insuperables.

 

A Cristina siempre le ha encantado ocupar el centro del escenario. Aun cuando el papel sea el de la mala más mala de la gran película nacional, se esfuerza por desempeñarlo con profesionalismo.

La Argentina quiere volver al mundo, mientras el mundo está en crisis con sus reglas.

 

Se ha puesto de moda mofarse del “relato” kirchnerista. Es injusto. Durante años, la obra así calificada mantuvo fascinada a muchísima gente, de ahí el triunfo apoteótico de Cristina en las elecciones del 2011 en que obtuvo más del 54% de los votos.

 

El destape de la corrupción kirchnerista significa un punto final a la carrera política de CFK.

 

Para estupefacción del establishment o, para usar la expresión que fue popularizada por Mauricio Macri, el “círculo rojo” internacional, en casi todos los países occidentales la gente –el pueblo o las masas de tiempos ya idos– está rebelándose contra el statu quo.

Macri trata de encontrar un camino entre la realidad económica y las duras exigencias políticas.

Pronto sabremos la respuesta a una pregunta clave: ¿será capaz una clase política que está permeada por el populismo peronista de sacar al país del pozo que ella misma cavó?

Los resueltos a ver en el Papa Francisco, ex Jorge Bergoglio, la máxima autoridad moral del género humano, un prodigio de sabiduría preternatural, tienen buenos motivos para sentirse incómodos.

Uno no puede sino sentir cierta simpatía por aquellos militantes de La Cámpora que quieren convencerse o, cuando menos, convencer a los demás de que la avalancha de denuncias que está cayendo sobre la cabeza de su jefa idolatrada y personajes de su entorno es un invento de Mauricio Macri, que, como les aseguró el diputado Eduardo "Wado" de Pedro, sólo se trata de un "circo mediático" que el maligno tirano neoliberal ha montado para "esconder malas noticias".

Un análisis del escenario económico que viene en una Argentina muy conservadora y reacia al cambio.

Dijo una vez Cristina que su filósofo de cabecera es Georg Friedrich Hegel. Será porque le encantó la frase, es de esperar jocosa, que se atribuye al maestro alemán: “Si los hechos contradicen a mi teoría, tanto peor para los hechos”.

El gobierno enfrenta un escenario político y económico desafiante ante los intentos desestabilizantes de la oposición.

El problema de la pobreza, blanqueado por la administración de Macri, es un mal estructural de la democracia argentina.

 

En sociedades en las que las instituciones públicas son precarias conservan toda su importancia otras más básicas, en especial la familia, que pueden servir de fortalezas en un mundo peligroso.

 

Hoy es perfectamente normal que una mujer sea canciller, ministra o presidente y las posibilidades de Hillary Clinton de gobernar Estados Unidos aumentan.

 

El PJ se reestructura. Massa representa una de las vertientes del movimiento en el llano, mientras que Urtubey se adapta a los tiempos que corren.

 

La indagatoria a la ex presidenta y el desfile de sus funcionarios y socios por Comodoro Py volvió a enrarecer el clima político.

 

Lo de “que se vayan todos” no fue nada en comparación con la convulsión política que acaba de producirse en Estados Unidos.

 

En el Gobierno crece la impaciencia por las señales de reactivación que se demoran.

 

El distanciamiento entre Macri y Massa le suma un problema al Gobierno.

 

Los riesgos del presidente-ministro, el cambio de mentalidad cívica de la sociedad y los desafíos de un mundo que cambiará con la llegada de Trump.

 

Mientras que Macri aspira a ser el gran modernizador de la Argentina, el peronismo representa el pasado y las elecciones están a un paso.

 

Fundado el 4 de agosto de 2003

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