Eugenio Paillet

Eugenio Paillet

María Eugenia Vidal acaba de negar de manera tajante que piense en ser candidata a presidente en 2019. "¡No es no!", le respondió a un periodista cuando la repreguntó sobre una posibilidad que hacia el interior de Cambiemos en general y del macrismo en particular suele comentarse en voz baja.

 

Un funcionario que frecuenta el área restringida del primer piso de la Casa Rosada le ha escuchado decir al presidente que a veces le cuesta, o le impresiona, comparar sus fotos de ahora con las de aquel rozagante bailarín de balcones que asumió hace ya larguísimos 18 meses.

 

Hay lecturas políticas para todos los gustos, dentro y fuera del Gobierno. Los "laboratorios" y las mesas de arena -siempre tan certeras en la suposición de lo que va a pasar, pero muchas veces distanciadas de la realidad una vez que se producen los hechos- abundan a un lado y otro de la grieta.

 

Mauricio Macri siempre aspiró a contar con una "pata peronista" en PRO, y luego en Cambiemos. Es obvio que no lo ha conseguido, al menos hasta ahora.

 

En despachos del gabinete había raptos de euforia luego del regreso de Macri desde los Estados Unidos. Un impredecible Donald Trump, que hoy recibe críticas cerradas tanto fuera como dentro de su propio país, y suele decirse que nadie sabe para dónde va a salir disparado (que lo digan Merkel o Peña Nieto), llenó de elogios al presidente argentino y hasta le dio chapa de líder regional al proponerle que se ponga al frente de una cruzada para frenar los abusos de poder de Nicolás Maduro y volver a una Venezuela democrática.

 

Mauricio Macri viaja esta noche a Estados Unidos para una visita oficial de apenas 48 horas en las que se verá por primera vez cara a cara con su par norteamericano Donald Trump desde que el magnate asumió el 20 de enero.

 

En el plano de la estrategia ahora apenas disimulada por el presidente y sus estrategas de polarizar al extremo con Cristina Fernández y el ultracristinismo de cara a las elecciones de octubre, Mauricio Macri no pierde oportunidad de sumar puntos para esa carrera en la que se juega una suerte de "ella o yo", como ya ha sentenciado en la intimidad de los diálogos con la mesa chica y según refleja una alta fuente que lo ha escuchado.

 

La expectativa no es patrimonio exclusivo de Cambiemos, pero lo cierto es que en la coalición que llevó a Mauricio Macri a la Casa Rosada cunde la preocupación y hay más dudas que certezas respecto de un tema que en materia de plazos ya ha comenzado a correr: quiénes serán los candidatos en las elecciones de octubre.

Jaime Durán Barba le acercó unos números a Mauricio Macri, que también leyó otros que aportó el diputado Emilio Monzó. En general esas encuestas muestran que el presidente recuperó tres o cuatro puntos de los diez que había perdido a comienzos de año con los errores no forzados, que se consolidaron después durante el marzo infernal.

 

El presidente analizó con sus ministros las dificultades para movilizarse por la adhesión del gremio del transporte a la medida de fuerza.

 

El Gobierno sabe que la batalla electoral contra quienes quieren derrotarlo en octubre -y peor todavía, de ser posible forzarlo a que se vaya de la Casa Rosada antes de cumplir su mandato- recién comienza.

 

"Fue un bonus inesperado, el tema siempre está, pero no en esta dimensión", se ilusionaron en la comitiva que acompaña al presidente Mauricio Macri luego del rotundo espaldarazo que recibió ayer en La Haya el reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas.

 

Difícilmente un funcionario, o un político, se ponga en la tarea de desmentir un rumor, por muy fuerte que sea, si no tiene detrás alguna sustancia que lo haga algo más que un dato proveniente de la mera especulación periodística.

 

Hay un dato que valdría la pena reiterar antes de avanzar en el conteo de otra semana complicada: en el Gobierno no todos se postran ante la biblia de Durán Barba, ese decálogo de estrategias, posturas y discursos que, por lo general, Mauricio Macri aprueba. Y ejecutan con precisión de orfebres el séquito más poderoso de la administración que componen Peña, Quintana y Lopetegui. Al pasar, conviene recordar que el trío ya se cargó a Prat Gay, Melconian, Costantini, Regazzoni y Conte Grand, el segundo del ministro Garavano.

 

El gobierno suma en las últimas horas datos y testimonios que lo conducen siempre a la misma conclusión: hay un intento "serio" de desestabilizar al presidente Mauricio Macri de parte de sectores "duros" del kirchnerismo, de organizaciones sociales que hasta el año pasado se habían mostrado condescendientes con la administración, más el aporte callejero y en las redes de los tradicionales partidos de izquierda y la tropa de tuiteros a disposición de las causas de turno.

 

Una simple mirada a vuelo de pájaro de la escena política de estos días -en modo puntual la que involucra al Gobierno y a su, a veces, errática alianza con los socios de Cambiemos- permitiría sugerir sin demasiado margen de error que Mauricio Macri ha conseguido sus mejores logros afuera de ese colectivo.

 

Esta semana había un optimismo apenas disimulable entre estrategas del gobierno que se quedaron en Buenos Aires mientras Macri buscaba en Madrid los oropeles que tanto se le niegan tierra adentro. Como solía pontificar Raúl Alfonsín, “es fácil ser toro en rodeo ajeno”.

 

La pregunta sigue siendo la misma entre analistas y observadores. A los que se suman ahora hasta aliados de Cambiemos o funcionarios del propio Gobierno que no aprueban a libro cerrado ni el sentido de la oportunidad de algunas decisiones que se han tomado, ni la chapucería aplicada para llevarlas adelante.

 

Una primera mirada de superficie que campeaba al cierre de la semana entre no pocos integrantes de la cúpula del macrismo podría sostener la idea de que los planetas han comenzado a alinearse para el gobierno. Y que lo que vendrá será claramente mejor que lo que pasó en un primer semestre para el olvido.

 

En medio del paso por la Asamblea General de las Naciones Unidas que en el gobierno califican sin eufemismos de "rutilante", Mauricio Macri sorprendió con una afirmación a la distancia. Dijo estar "absolutamente convencido" de que el oficialismo ganará las elecciones legislativas del año que viene.

 

Un funcionario del ministerio del Interior que proviene del peronismo se preguntaba esta semana por qué la sociedad sigue acompañando al gobierno en las encuestas pese al problema de las tarifas, a promesas incumplidas y a un segundo semestre que directamente será por lo menos igual que el primero.

Hombres del gobierno se esmeraban en las últimas horas por remarcar algunas señales que ha dejado la política de estos días.

 

Hay que decir que el gobierno tiene a veces, cuando no todas las veces, un optimismo a prueba de balas. Lo cual no sería malo en sí mismo. El tema es que el peso de la realidad suele recorrer otros andariveles y se da de palos con ese ánimo de algunos funcionarios que machaca sobre un estado de bienestar que, por ahora, no aparece. No al menos en la dimensión que desearían el presidente y sus equipos.

 

Datos incontrastables de una semana caliente: el primero y muy elocuente es que Mauricio Macri ha decidido cargarse el gobierno al hombro y convertirse él mismo en su propio vocero, tal vez un poco agobiado por la falta de respuesta de sus grises equipos.

 

Las primeras espadas del gobierno insisten a rajatabla con un par de conceptos básicos de la estrategia para salir del mal momento del primer semestre y empezar a ver el horizonte, más cerca del año que viene que de la segunda mitad de 2016.

 

Cristina Fernández de Kirchner sigue siendo la mejor jefa de campaña de Mauricio Macri.

 

Por momentos, el gobierno parece un cómodo espectador de una pelea entre sus enemigos comunes y de la que, sin siquiera calzarse un guante, podría resultar beneficiado. Es, para decirlo en lenguaje de absoluta actualidad política, un cómodo espectador que asiste entre azorado y esperanzado al festival de kirchneristas desfilando por los juzgados o de inexorable futuro de banquillo ante los ahora veloces magistrados de Comodoro Py.

 

Un dato que circula por los principales despachos del gobierno, no por ser reiterativo, deja de tener vigencia: dicen esos confidentes que cada vez que Cristina Fernández vocifera en las redes sociales, cada vez que Aníbal Fernández abre la boca, o Fernando Esteche blanquea el plan, ahora frustrado, por su incontinencia verbal que armaban para ayudar a voltear al gobierno, da con creces para descorchar y brindar. Una línea que se reitera en todas las encuestas reafirma esa mirada del macrismo puro.

 

Mauricio Macri no ha descubierto la pólvora. Sabe como lo sabe todo el mundo en el gobierno y en los partidos de la oposición que su primera gran meta es ganar las elecciones legislativas de octubre del año que viene.

Mauricio Macri acaba de cumplir seis meses de gestión. Ingresa en el segundo semestre tan mentado casi como el de la panacea universal, que hasta encumbrados miembros de su staff ponen ahora entre signos de interrogación.

Después de tiempos duros en los que el gobierno pareció no encontrarle la vuelta a una situación económica difícil que además se aletargaba a la espera del famoso “segundo semestre”, Macri se encontró con su mejor semana desde que llegó al poder.

La de Mauricio Macri ha sido una apuesta fuerte. Que, como toda apuesta, conlleva riesgos.

“Buscamos un punto de inflexión”. Esa debe haber sido la frase más repetida de los últimos días por los habituales voceros gubernamentales.

La multitudinaria marcha sindical y política de ayer no se agota en el dato, de todos modos significativo de ser la primera gran protesta de la oposición contra la política económica del gobierno, a casi 150 días de haber asumido la gestión de gobierno. Implica, por encima de ese dato del calendario, la toma de posiciones de varios sectores que hasta no hace poco tenían poco y nada en común.

Lo primero que debe tenerse en cuenta en esta especie de Causa Santa que todos, oficialismo y oposición, han hecho de la ley antidespidos, es que hay al menos dos aspectos que quedaron bien plantados a la luz del día.

En despachos del gobierno sopesaban sobre el cierre de la semana el balance de noticias buenas y malas que jalonaron la marcha de la gestión entre lunes y viernes.

 

Claramente en los últimos días ha habido señales que podrían emparentarse sin desentonar con el optimismo que reina en los principales despachos del gobierno respecto de un posible alineamiento, al fin, de los planetas que rodean al mundo Macri.

 

El propio gobierno reconoce que “los brotes” se verán con mucha suerte en diciembre, pero más probablemente en abril o mayo.

 

Hay funcionarios del gobierno que en las últimas horas hacían un control de daños y al mismo tiempo buscaban minimizar el alcance de los contratiempos de una semana verdaderamente negra.

 

Inusuales miradas conviven en el gobierno, repartidas entre análisis de mesas chicas, o muy chicas, y observadores del propio poder que suelen tomarse un par de minutos para reflexionar, antes de responder.

 

El gobierno sabe que la confianza de quienes lo votaron en 2015, los que lo hicieron porque apostaban a un cambio y aquellos que sin quererlo no deseaban una eventual continuidad del modelo vigente hasta ese momento, será puesta a prueba en los próximos meses.

 

La escena se conjuga casi a la perfección con un concepto extendido dentro y fuera del gobierno.

 

Acento en lo social, políticas de infraestructura y consolidación de un escenario de reglas claras para atraer inversiones. Son tres de las áreas que visualiza Mauricio Macri y su equipo para encarar un año electoral como 2017, donde los márgenes para encontrar la salida al parate económico, retener el favor del ciudadano de a pie en las encuestas y obtener encima, y todavía, un poco más de paciencia, son cada vez más estrechos.

 

Dice un hombre del gobierno, y por lo que se ha visto en la semana que pasó hace bien en decirlo, que las cartas están echadas. Y que todos, incluido el Gobierno, han mostrado su juego.

 

En medio de tanta mala praxis de uno y otro lado protagonizado por economistas que apenas si se miran el ombligo; de aprietes de senadores y sindicalistas a funcionarios; de funcionarios a gobernadores a los que les muestran el látigo y la billetera como si el tiempo no hubiese pasado; y con el protagonismo pírrico de ventajeros de ocasión que sólo piensan en su futuro electoral más que en la razonabilidad de proyectos para un país inviable así como está planteado, el gobierno busca salvar la ropa y cerrar un año con al menos un éxito como seria consensuar el proyecto de Ganancias para que sea votado el Día de los Inocentes.

 

El proyecto de ley sobre Ganancias aprobado finalmente en trámite récord por la Cámara de Diputados el jueves por la tarde restablece algo de racionalidad en la escena política de los últimos días del año.

 

Hay un comentario coincidente en estos últimos días de 2016 entre analistas y consultores. Sostiene, para empezar, la casi unanimidad de esas miradas respecto del factor claramente crucial que adquieren las elecciones de 2017.

 

Hay más de una mirada en el gobierno, que para ponerlo en claro se traduciría en que no solo abarca al oficialismo representado en el sello Cambiemos sino hacia dentro mismo del llamado "macrismo puro", sobre los daños que pueden hacerle al plan electoral para octubre casos como los que ya han ocurrido, la endeble y errática explicación del jefe de la AFI, Gustavo Arribas, para citar un ejemplo, o ahora el problemón surgido por el acuerdo con Franco Macri para condonarle la deuda del Correo Argentino.

 

Mauricio Macri pondrá todo el énfasis en el relanzamiento de la economía como una de las bases, sino la más relevante, para mantener la iniciativa política y ganar las elecciones de octubre.

 

Fue, o se le pareció bastante, un claro intento del gobierno por embretar al peronismo en una salida elegante al entuerto en torno al acuerdo por el Correo Argentino entre el Estado y Franco Macri.

 

Página 1 de 2

Fundado el 4 de agosto de 2003

<

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…