Eugenio Paillet

Eugenio Paillet

La reunión de esta mañana del gabinete de coordinación en el despacho presidencial sirvió entre otras cosas para reafirmar un concepto: no hacer olas hasta el próximo domingo, no responder agravios ni agresiones ni salir a desmentir el país catastrófico y al borde del abismo que plantea Cristina en cada mensaje. Y machacar con la idea fuerza: el cambio vino para quedarse y lo que se ve es recién el arranque, que falta mucho tiempo.

 

El Gobierno vía Rogelio Frigerio ya empezó a trajinar el celular para convocar a todos los gobernadores a una reunión amplia el 27 de octubre.

 

"Cristina se sigue equivocando, Mauricio no la quiere en un cohete rumbo a la luna, la quiere aquí, hablando todos los días". Un asesor habitual del presidente en materia de Comunicación respondió con esa ironía cuando fue consultado sobre una de las frases de la exmandataria durante la conferencia de prensa que ofreció en el Instituto Patria.

 

Un plano más amplio permite ver que el poder real, tal vez por primera vez desde que asumió hace dos años, está en manos del presidente.

 

El rabino Sergio Bergman acaba de sufrir un nuevo recorte a su poder de gestión dentro del ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable. Y ahora son cada vez más los confidentes del gobierno que refuerzan la impresión de que a la cartera que conduce el particular funcionario le queda corta vida.

 

Con esta pulseada sobre Nisman y Maldonado, Macri y Cristina logran mantener viva la polarización que les sirvió para las PASO de agosto.

 

Mauricio Macri arengó esta mañana a casi mil funcionarios, legisladores, intendentes y gobernadores de Cambiemos, durante la reunión ampliada del gabinete nacional en el Centro Cultural Kirchner.

 

La impresión de algunos analistas y consultores, que corroboran fuentes del Gobierno, es que al borde del inicio formal de la campaña hacia las elecciones del 22 de octubre se ha iniciado una suerte de partida de naipes en la que se juega a todo o nada. El que gana se queda con el pozo y el que pierde iniciará de seguro un calvario de impredecibles consecuencias futuras.

 

Hace apenas una semana el gobierno había recibido casi como una tragedia la mala noticia que le llegaba desde el sur, en medio de sus afanes por esclarecer el caso del desaparecido artesano Santiago Maldonado.

 

Podría no ser la política pura y dura. En plan “clintoneano”, el Gobierno en general apuesta a que, de un modo tal vez impensado, la economía y su recuperación incipiente en varios sectores puede ser el factor que influya para conseguir los dos grandes objetivos que tiene en octubre: ampliar la victoria nacional conseguida en las PASO de agosto pasado, y hasta dar algún batacazo en provincias que fueron esquivas y -más relevante aún- ganarle la estratégica provincia de Buenos Aires al kirchnerismo.

 

La posición del Gobierno en torno a la desaparición de Santiago Maldonado dio un vuelco en las últimas 24 horas y se centró en un discurso unívoco: no hay que descartar ninguna hipótesis en torno a lo que pudo haber ocurrido con el artesano y tatuador del que se carece de todo rastro desde el primero de agosto pasado.

 

"Fue un mensaje para todos, sin nombre y apellido".
"Al que le quepa el sayo que se lo ponga".
"Fue un elogio para Nicolás".

 

Los analistas del Gobierno hacen hincapié en ese escenario en el que el presidente sale a enfrentarse directamente con el aparato sindical en pleno.

 

El presidente Mauricio Macri ya vino desde su descanso de fin de semana largo en Villa La Angostura con la decisión tomada: ponerse al frente con dichos y gestos de la respuesta del gobierno a la marcha de protesta de la CGT y los movimientos sociales en Plaza de Mayo para reclamar cambios en la política económica.

 

Hay gestos. Uno de ellos, mundano pero no tanto. “Tómense el finde largo, se lo han ganado”, le dijo Macri a Peña, y el Jefe de Gabinete transmitió la dispensa hacia abajo, mientras él mismo preparaba las valijas para instalase en la cabaña de su amigo Nicolás Caputo, en Villa La Angostura.

 

Hubo un sereno festejo esta mañana en la residencia de Olivos durante la primera reunión del gabinete de Coordinación que encabezó el presidente Mauricio Macri. Sin estridencias, hubo sonrisas de satisfacción en varias direcciones.

 

Cambiemos resolvió más que favorablemente la foto que tanto lo obsesionaba, y que se expresa en dos datos puntuales: el amplísimo triunfo de la coalición que gobierna bajo el liderazgo de Mauricio Macri a nivel nacional, con hitos en algunos casos impensados como los triunfos en Córdoba, Santa Cruz, Santa Fe, San Luis, Entre Ríos y la histórica paliza que Elisa Carrió le propinó a sus rivales de turno en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

El Gobierno recibió con inocultable satisfacción dos noticias ocurridas en los días que marcan la recta final hacia las PASO del 13 de agosto.

 

En los campamentos de campaña del macrismo creen que ya no queda tiempo, de aquí a las PASO que tendrán lugar dentro de 12 días, para torcer el rumbo de las cosas.

 

La llegada a nuestra ciudad del Jefe de Gabinete, Marcos Peña, es apenas la punta de lanza de una avanzada mucho más completa que se verá desde ahora en la campaña electoral hacia las PASO de agosto y las parlamentarias de octubre y que responde a una orden directa de Mauricio Macri.

 

Las razones objetivas, y hasta los condimentos del golpe de timón que acaba de pegar la nave gubernamental, están a la vista.

 

No se esperaban sorpresas y no las hubo. A lo sumo alguna incógnita sobre la dimensión del ajuste de gastos en ministerios y secretarías que quedó zanjado dentro de lo igualmente previsto.

 

Algunos vuelcos impensados ocurrieron esta semana que -por las imprevisibilidades de la política, siempre estrambótica en estas comarcas- podrían haberle dado una mano al Gobierno de Mauricio Macri.

 

Mauricio Macri no se anduvo con vueltas: delante de casi 2.000 funcionarios de los gobiernos nacional, de la Provincia y de la Ciudad reclamo "romperse el traste" (sic) para ganar las elecciones parlamentarias de octubre, que se han convertido en un eje clave de la gestión.

 

La conclusión de algunos estrategas oficiales sostiene que Mauricio Macri y María Eugenia Vidal están más que nunca obligados a "ser candidatos". En ese imaginario juego de roles, la gobernadora es la cabeza de listas en la provincia, mientras el presidente encabezaría las sábanas a nivel nacional, aunque la realidad lo obligue a volver una y otra vez al crucial territorio del primer distrito electoral del país.

 

El actual Ministerio de Comunicaciones será disuelto antes de fin de año, en el marco de una reforma del gabinete nacional mucho más amplia que llevará adelante el Gobierno con el propósito de realizar una drástica reducción del gasto público y readecuar al mismo tiempo el funcionamiento de la administración a los efectos de tornarla más eficiente.

 

Las encuestas terminaron de convencer a Macri: Bullrich le aseguraría a Cambiemos en la provincia un piso de 34/35 % de los votos contra cualquier peronista.

 

La orden bajó tanto hacia el retiro que realizó esta semana María Eugenia Vidal con sus equipos en Chapadmalal, como al resto del espacio y a todo el arco político de Cambiemos durante la última reunión de mesa chica en Olivos: los candidatos para las elecciones de agosto y octubre se conocerán a último minuto, antes del vencimiento del plazo, en la medianoche que va del viernes al sábado de esta semana.

 

Antes de ahondar, conviene detenerse en un dato que puede amargarle el desayuno a más de uno de los cientos de miles que hoy tienen dificultades de todo tipo, entre otras para conseguir empleo o llegar sin penurias a fin de mes: las PASO costarán $ 5 mil millones y casi no definirán candidatos, arreglados de antemano para evitar las internas, que fue justamente para el cometido que Cristina Fernández se vanaglorió de haberlas creado.

 

El presidente Mauricio Macri recibió hoy un nuevo respaldo para uno de los temas que se ha convertido casi en una obsesión de su política exterior: la firma de un acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea.

 

Por primera vez el gobierno reconoció que existe "preocupación" por la serie de atetados terroristas adjudicados al grupo ISIS en Europa y Australia y reveló que se están reforzando las medidas de seguridad para garantizar la tranquilidad de los ciudadanos y de los visitantes extranjeros que llegaran en los próximos días a Buenos Aires.

 

El Gobierno avanza hacia las elecciones de octubre en medio de un camino que -pese a los entusiasmos oficiales y a apuestas fuertes como llenar el país de obra pública para que la vea cada vecino desde la puerta de su casa- persiste en mostrarle baches a la vuelta de cada curva. Con luces y con sombras.

 

Foco de tensiones y alarmas innecesarias, en momentos en que hay otros temas urgentes que atender en la agenda, para el ala moderada del gabinete.

 

Probablemente nadie podría asegurar que se trató de un movimiento coordinado. Pero la realidad marca que la celebración de un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo sirvió de lanzamiento de la campaña electoral, de cara a las PASO de agosto y las elecciones de medio tiempo del 22 de octubre.

 

El Gobierno no disimula su intención de apurar todo lo que sea posible una dilucidación local del escándalo internacional por los millonarios pagos de coimas a funcionarios y legisladores que reconoció la empresa constructora Odebrecht.

 

María Eugenia Vidal acaba de negar de manera tajante que piense en ser candidata a presidente en 2019. "¡No es no!", le respondió a un periodista cuando la repreguntó sobre una posibilidad que hacia el interior de Cambiemos en general y del macrismo en particular suele comentarse en voz baja.

 

Un funcionario que frecuenta el área restringida del primer piso de la Casa Rosada le ha escuchado decir al presidente que a veces le cuesta, o le impresiona, comparar sus fotos de ahora con las de aquel rozagante bailarín de balcones que asumió hace ya larguísimos 18 meses.

 

Hay lecturas políticas para todos los gustos, dentro y fuera del Gobierno. Los "laboratorios" y las mesas de arena -siempre tan certeras en la suposición de lo que va a pasar, pero muchas veces distanciadas de la realidad una vez que se producen los hechos- abundan a un lado y otro de la grieta.

 

Mauricio Macri siempre aspiró a contar con una "pata peronista" en PRO, y luego en Cambiemos. Es obvio que no lo ha conseguido, al menos hasta ahora.

 

En despachos del gabinete había raptos de euforia luego del regreso de Macri desde los Estados Unidos. Un impredecible Donald Trump, que hoy recibe críticas cerradas tanto fuera como dentro de su propio país, y suele decirse que nadie sabe para dónde va a salir disparado (que lo digan Merkel o Peña Nieto), llenó de elogios al presidente argentino y hasta le dio chapa de líder regional al proponerle que se ponga al frente de una cruzada para frenar los abusos de poder de Nicolás Maduro y volver a una Venezuela democrática.

 

Mauricio Macri viaja esta noche a Estados Unidos para una visita oficial de apenas 48 horas en las que se verá por primera vez cara a cara con su par norteamericano Donald Trump desde que el magnate asumió el 20 de enero.

 

En el plano de la estrategia ahora apenas disimulada por el presidente y sus estrategas de polarizar al extremo con Cristina Fernández y el ultracristinismo de cara a las elecciones de octubre, Mauricio Macri no pierde oportunidad de sumar puntos para esa carrera en la que se juega una suerte de "ella o yo", como ya ha sentenciado en la intimidad de los diálogos con la mesa chica y según refleja una alta fuente que lo ha escuchado.

 

La expectativa no es patrimonio exclusivo de Cambiemos, pero lo cierto es que en la coalición que llevó a Mauricio Macri a la Casa Rosada cunde la preocupación y hay más dudas que certezas respecto de un tema que en materia de plazos ya ha comenzado a correr: quiénes serán los candidatos en las elecciones de octubre.

Jaime Durán Barba le acercó unos números a Mauricio Macri, que también leyó otros que aportó el diputado Emilio Monzó. En general esas encuestas muestran que el presidente recuperó tres o cuatro puntos de los diez que había perdido a comienzos de año con los errores no forzados, que se consolidaron después durante el marzo infernal.

 

El presidente analizó con sus ministros las dificultades para movilizarse por la adhesión del gremio del transporte a la medida de fuerza.

 

El Gobierno sabe que la batalla electoral contra quienes quieren derrotarlo en octubre -y peor todavía, de ser posible forzarlo a que se vaya de la Casa Rosada antes de cumplir su mandato- recién comienza.

 

"Fue un bonus inesperado, el tema siempre está, pero no en esta dimensión", se ilusionaron en la comitiva que acompaña al presidente Mauricio Macri luego del rotundo espaldarazo que recibió ayer en La Haya el reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas.

 

Difícilmente un funcionario, o un político, se ponga en la tarea de desmentir un rumor, por muy fuerte que sea, si no tiene detrás alguna sustancia que lo haga algo más que un dato proveniente de la mera especulación periodística.

 

Hay un dato que valdría la pena reiterar antes de avanzar en el conteo de otra semana complicada: en el Gobierno no todos se postran ante la biblia de Durán Barba, ese decálogo de estrategias, posturas y discursos que, por lo general, Mauricio Macri aprueba. Y ejecutan con precisión de orfebres el séquito más poderoso de la administración que componen Peña, Quintana y Lopetegui. Al pasar, conviene recordar que el trío ya se cargó a Prat Gay, Melconian, Costantini, Regazzoni y Conte Grand, el segundo del ministro Garavano.

 

El gobierno suma en las últimas horas datos y testimonios que lo conducen siempre a la misma conclusión: hay un intento "serio" de desestabilizar al presidente Mauricio Macri de parte de sectores "duros" del kirchnerismo, de organizaciones sociales que hasta el año pasado se habían mostrado condescendientes con la administración, más el aporte callejero y en las redes de los tradicionales partidos de izquierda y la tropa de tuiteros a disposición de las causas de turno.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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