Rogelio Alaniz

Rogelio Alaniz

 

Me conmueven y me inquietan las ilusiones y las esperanzas que nos dominan a los argentinos a la hora de consumir buenas noticias. La política suele estar matizada por ese costado algo frívolo, ese esfuerzo de los gobiernos por intentar sostener el optimismo en sociedades democráticas donde el humor social suele ser decisivo para la gobernabilidad.

 

 

Por una mínima diferencia -mínima pero decisiva- la despenalización del aborto fue aprobada en la Cámara de Diputados. Hay indicios para pensar que también podría ser aprobaba en Senadores. Si el señor Pichetto declaró que esto puede ser posible, es porque sabe de lo que está hablando.

 

 

Los reformistas enseñaron que no se discrimina por raza, religión o condición económica. Pero, ¿corresponde hacerlo por el saber?

 

 

La pregunta por el millón que nos hacemos quienes seguimos de cerca los acontecimientos políticos, es acerca del futuro del gobierno, no su futuro lejano, sino el próximo. Dicho con otras palabras, en esta pregunta está siempre latente si el actual gobierno llega a 2019 o no; si se repite lo sucedido con Alfonsín o De la Rúa o si, por el contrario, se rompe con esa suerte de maleficio histórico.

 

 

“La patria está en peligro”, proclaman los kirchneristas y en particular los actores kirchneristas. Me expreso bien: lo proclaman, es decir, lanzan una proclama. Y hay que decirlo entonces sin eufemismos: a los muchachos les falta la gorra para ser milicos a tiempo completo. Todos los golpes de estado en la Argentina se hicieron a través de proclamas y afirmando que la patria estaba en peligro.

 

 

Alianzas, frentes y coaliciones permitieron ganar las elecciones en las últimas décadas. Pero, ¿cuáles son los alcances reales del acuerdo político que le dio vida a Cambiemos?

 

 

Mauricio Macri dio pelea. En el gobierno aseguran que se salió de la crisis. Tyson dijo que los mejores planes de combate duran hasta que llega la primera trompada en el rostro. Y en la Argentina no son pocos los que quieren noquear a este gobierno. Y lo quieren hacer como sea; jugando limpio o con golpes bajos.

 

 

Acordar con el FMI no es una tragedia, pero tampoco se lo puede presentar como una buena noticia. Los argumentos que brinda el gobierno para dar este paso son atendibles por la sencilla razón de que toda lógica de poder, toda decisión que se toma desde el poder, es habitualmente razonable.

 

 

Dicho con el humor del caso, muy bien podría pensarse que a los argentinos nos encanta jugar a ser argentinos. Por lo menos en los comportamientos cotidianos de la política, al adagio lo cumplimos al pie de la letra.

 

 

Lo decía mi tía vieja: acostumbrarse a las comodidades es fácil y placentero; renunciar a ellas es difícil y doloroso. Problemas de las sociedades consumistas. Y problemas de las personas que nos educamos en las sociedades consumistas.

 

 

Lula fue condenado en dos instancias. No lo olvidemos. Su detención no es preventiva, mucho menos arbitraria. Está fundada en sentencia.

 

 

A esta altura parece ser una verdad de Perogrullo decir que en nuestro país las reformas constitucionales han estado motivadas, en más del 90% de los casos por la cause sacrée de la reelección, una tentación a la que parecen sucumbir gobernadores y presidentes más allá de facciones políticas y de buenas o malas intenciones.

 

 

Las islas Malvinas no valen, no deben valer, una gota de sangre argentina. Si a este principio lo hubiéramos tenido en cuenta, hoy no estaríamos lamentando a los muchachos muertos, suicidados y despreciados.

 

 

La historia nos ayuda a salir de la ilusión maniquea en que nos encierra la memoria: buenos y malos, víctimas y verdugos, inocentes y culpables.   - Tzevan Todorov

Pese a la conflictividad de los días previos, el mensaje del Presidente volvió a apuntar al diálogo y a plantear los desafíos del futuro como un objetivo y un compromiso en común

 

 

La polarizacion de Moyano garantiza la presencia de Macri en la Rosada.

 

 

Los errores y torpezas de Triaca permitieron abrir un debate acerca de las calamidades públicas del nepotismo. Se tomaron algunas decisiones, se dictaron algunos decretos, se insistió una vez más en que el nepotismo en una república es un grave vicio político y, como consecuencia de todo esto, algunos familiares de funcionarios debieron renunciar a sus cargos con el consabido operativo publicitario.

 

 

 

A más de 100 años de su muerte, sus ideas sobre el Estado, la ley, los ciudadanos, los derechos y la libertad están presentes en nuestros debates públicos

 

 

Sospecho que de la palabra “grieta” como concepto político es más lo que presentimos que lo que sabemos.

 

La noticia acerca del señor Marcelo Balcedo nos entretiene pero no nos asombra. De alguna manera el personaje y la situación son previsibles, abrumadoramente previsibles.

 

Este gobierno no es perfecto y sospecho que no pretende serlo. A los argentinos -dicho sea de paso- no nos ha ido bien con gobiernos que se presentan como perfectos.

 

Valgan estas consideraciones para intentar elaborar una interpretación adecuada sobre lo sucedido el jueves pasado.

 

La imputación de Bonadío no es moco de pavo: traición a la patria, que, según el artículo 214 del Código Penal, significa, entre otras cosas, unirse a sus enemigos o prestarle cualquier ayuda o socorro. Es exactamente lo que hicieron, según los fundamentos del juez los que dinamitaron la AMIA.

 

La muerte de Rafael Huala, su adhesión a la RAM y el trasfondo político.

 

Es muy probable que los tripulantes del submarino hayan muerto. Si esto es así, nada de lo que se diga o se haga consolará a los familiares. Ni la solidaridad, ni los pésames, ni las oraciones. Ni siquiera los reconocimientos oficiales o las pensiones consuelan. La tragedia porta su propia emotividad y hasta ahora no se ha inventado nada que pueda atenuar el dolor de quienes perdieron a sus seres queridos.

 

Pensar el pasado 22 de octubre desde una perspectiva histórica y una proyección al futuro; de eso se trata. Relacionar, con los interrogantes y las inevitables incertidumbres del caso, un resultado electoral con la suma de mediaciones entre geografía y economía, política y poder.

 

No estoy seguro de que sea justo alegrarse porque alguien vaya preso. De lo que sí estoy seguro es que como ciudadanos nos asiste el derecho de manifestar nuestra satisfacción porque aquellos poderosos que corrompieron lo que tocaron con la impunidad de quienes creían que ni en el cielo ni en la tierra los iban a molestar, hoy estén entre rejas.

 

A decir verdad, Julio de Vido debería haber estado preso mucho tiempo antes. Los kirchneristas lanzan sapos y culebras contra los jueces, cuando en realidad deberían estar agradecidos por la “paciencia” que le tuvieron y le tienen a sus jefes. La injusticia no es que De Vido esté preso, la injusticia es que Cristina siga en libertad. ¿O alguien supone que las trapisondas que armó el ex ministro pudo hacerlas sin el visto bueno de la Señora?

 

La peor de las noticias, políticamente hablando, se confirmó: Santiago Maldonado está muerto. No fue una noticia sorpresiva. A decir verdad, todos suponíamos, con un estrechísimo margen de error, que el cuerpo encontrado en el río Chubut el pasado martes era el del infortunado artesano.

 

Cristina, el kirchnerismo y sus errores fueron decisivos a la hora de instalar a Macri y a Cambiemos como una fuerza política nacional.

 

 “Meter la mano en la lata”. La corrupción como sistema, como cleptocracia, destruye la república, empobrece y mata.

 

Cristina Kirchner corre el riesgo cada vez más visible de ser algo así como la Herminio Iglesias del peronismo. O, utilizando la jerga de los “compañeros”: la mariscal de las derrotas. El problema es que en tiempos de Herminio Iglesias el peronismo contaba como alternativa de cambio con un Cafiero y con un Menem. Nada parecido se avizora hoy en el horizonte.

 

Así están las cosas. De Santiago Maldonado sabemos poco y nada, pero sospechamos lo peor. Y lo peor es que esté muerto. De Alberto Nisman sabemos lo peor, es decir, que está muerto.

 

Santiago Maldonado debe aparecer. Vivo o muerto. Y si aparece muerto sus asesinos deben ser detenidos y condenados. No importa si visten uniforme o ropas civiles.

 

Ahorremos adjetivos, descalificaciones e insultos. Digamos simplemente que el problema del kirchnerismo es que vive instalado en el error.

 

Dijo un analista político para referirse al resultado de las Paso: “Los kirchneristas querían una encuesta creíble, pues bueno, ya la tienen”. Efectivamente es así: Cambiemos en el orden nacional saca muchos más votos que la causa K. Donde gana, gana por paliza; donde pierde, pierde por la mínima diferencia.

 

Tal como lo señalan las cifras, la única victoria apabullante de Ella, el único Cristinazo que se vivió en provincia de Buenos Aires, tuvo lugar en las cárceles donde el setenta y cinco por ciento de los delincuentes votaron por la causa nacional y popular, o por lo que ellos entienden o le hicieron entender que es la causa nacional y popular.

 

Los recientes comicios han demostrado que el liderazgo de Cristina Fernández es real pero no absoluto. Conociendo los entresijos del peronismo, también podría decirse que ese liderazgo, para el peronismo, no es la solución sino el problema.

 

Este domingo se vota. Un trámite breve que periódicamente perfecciona la democracia que, hasta tanto alguien demuestre lo contrario, es el sistema político y -me atrevería a decir- de vida, que los argentinos hemos elegido.

 

Nunca fui devoto de las encuestas y si un consejo me estaría permitido darles a los políticos, les diría que no sucumban a ellas, que no se dejen seducir por sus fuegos de artificio o deprimir por sus redobles fúnebres.

 

Me resulta por lo menos gracioso, por no decir patético, oír a Diana Conti, a Carlos Kunkel, a Néstor Pitrola o a Héctor Recalde, invocar la Constitución Nacional para defender a Julio De Vido.

 

Equilibrio, mesura y apego a la ley es la demanda de la sociedad a sus dirigentes; parece algo sencillo, pero en la Argentina no lo es

 

En las elecciones previstas para el 22 de octubre se elegirán legisladores, pero todos sabemos que la decisión de fondo es si se está o no de acuerdo con este gobierno.

 

En las próximas elecciones se discutirá el pasado. El reciente pasado político se entiende. Imagino a algunos arrugando la frente o la nariz porque se supone que lo correcto es discutir el futuro y no el pasado. Pues bien, en este caso lo que está en el centro del debate será el pasado.

 

La primera y flamante aparición pública del kirchnerismo en esta campaña electoral estuvo a cargo de Fernanda Vallejos, una compañera que no disimula su orgullo por haberse iniciado en las lides políticas de la mano de Boudou, militancia que, dicho sea de paso fue retribuida con los clásicos beneficios que la causa nacional y popular premia a sus incondicionales retoños.

 

Jorge Castillo se defendió a escopetazos. Los que lo conocen dicen que es lo que mejor sabe hacer. También se dice que es un hombre inteligente y un empresario creativo y audaz. Es posible.

 

No sé qué resultados electorales le dará a Cristina su reciente estrategia. Puede que le vaya bien, regular o mal, pero de lo que sí estoy seguro es que su decisión se encuadra perfectamente en la cultura peronista.

 

La corrupción no es una fatalidad, sino una decisión, y la sociedad debe combatir la impunidad que la hace posible

 

Los populistas pueden llegar a admitir que la corrupción no es precisamente una virtud política, pero acto seguido agregan que es un tema menor o no es el problema fundamental, cuando no es un pretexto de los enemigos del pueblo para atacar a los gobiernos populares.

 

Es difícil, muy difícil, en las sociedades modernas conocer las motivaciones del electorado.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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