Luis Alberto Romero

Luis Alberto Romero

Largos años de prácticas viciadas fueron modificando nuestra cultura, germen que nos impide avanzar y que pone al Gobierno en una encrucijada.

 

Construir el Estado se vio desde 1816 como una tarea colosal. A fines del XIX y hasta mediados del XX, la Argentina se dio bases para el ascenso social de buena parte de su población. No puede afirmarse lo mismo de los últimos cuarenta años: el Estado parece más un botín sujeto a saqueo antes que la malla de protección de los vulnerables.

Muchas voces públicas se preguntan hoy por qué el gobierno comete errores. Pero gobernar implica equivocarse, y frecuentemente. La pregunta importante es otra: ¿qué debe hacer un gobierno democrático cuando se equivoca? ¿Persistir en el error, o admitirlo y corregirlo?

 

Para construir la democracia se hace necesario romper el enfrentamiento entre el deber de “memoria” y el de la “verdad”.

 

Lo de José López impresiona sobre todo por la escenificación. Nada de lo visto y oído hasta ahora puede compararse con este cambalache discepoleano que, a la sombra de un convento, mezcla al funcionario con sus partenaires: el empresario prebendado, el juez remolón, el monseñor avariento y las monjitas inocentes, que también juegan su parte en la farsa.

 

El modelo de gobierno que nació en 1983 fue una innovación histórica, con raíces en 1916 y memoria de inclusiones y fracasos

Enrique IV tuvo que peregrinar y realizar actos de penitencia para obtener el perdón papal. El autor parangona aquel hecho histórico con la realidad argentina.

Semanas atrás, Cristina Kirchner lanzó la propuesta de un frente social que integrara a todos los grupos dispuestos a oponerse al gobierno de Macri.

Después de doce años de una narrativa avasallante y engañosa, necesitamos una épica de objetivos modestos, como ser un país normal, con buenas instituciones, respeto por la ley y capacidad para planear el largo plazo

La sociedad debe impulsar la renovación de las elites políticas, empresarias y sindicales, tan hábiles en la defensa de sus intereses sectoriales y corporativos, para que sea posible encauzar los esfuerzos en un camino común

 

Limitados durante una década, sindicatos, empresarios y piqueteros han comenzado a presionar a la nueva gestión de gobierno.

 

Nuestro sistema federal necesita cambios que no se relacionan con el origen que pueda tener un mandatario. Nuestra historia nacional lo prueba.

 

La relación de Jorge Bergoglio con Mauricio Macri, y su centralidad en la vida política argentina se inscriben en la tradición del clericalismo que marcó la historia del país

 

Hay mucho por hacer para reconstruir el Estado y sacarlo de su lamentable situación actual. Los abogados del Estado tienen mucho trabajo.

 

La manera en que se desarrollaron los juicios en curso por crímenes de lesa humanidad, reabiertos en 2005, y el trato que se dio a los condenados y a los procesados sin condena, afectan dos principios básicos de nuestra democracia: el Estado de Derecho y los Derechos Humanos.

 

La acción del Gobierno requiere de una sociedad activa y creativa, como la que hubo en aquel año difícil

 

La crisis de 2001 llevó a la gente a descreer de todos. Pero en su necesidad de creer en algo, Néstor Kirchner le armó un paquete convincente.

 

Fundado el 4 de agosto de 2003

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