Miércoles, 08 Abril 2020 00:00

El juez que dice no y a los diez días dice sí - Por Ricardo Roa

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Giró 180 grados y mandó a Amado Boudou, ícono de la corrupción, a casa. No fue por el virus como dijo.

 

El mismo juez que hace diez días no encontró razones para que Amado Boudou​ se fuera a su casa, de repente encontró razones para que Boudou se vaya a casa. Salvo que está diez días más viejo, Boudou no cambió nada. Y tampoco cambió el informe del Servicio Penitenciario que el juez usó para dejarlo en la cárcel. El que cambió fue el juez Daniel Obligado. Y cambió de punta a punta. Algo pasó en estos diez días para hacerlo cambiar. ¿Quién o qué lo hizo cambiar?

Boudou no es, no era habría que decir, un preso común. Es el primer vicepresidente en la historia condenado y condenado por corrupción. Acumula media docena de causas por delitos con los que se enriqueció y se despidió de la política.

Está condenado a cinco años y diez meses por la compra trucha de la imprenta Ciccone. No cualquier imprenta: la privada que fabricaba billetes. Otro capítulo de esa historia judicial sigue abierto. Investiga quiénes financiaron esa operación y cómo la financiaron. Las dos causas, la compra y la ruta del dinero, prueban que Ciccone fue un enorme negociado y también una forma de hacer política y de acumular poder del kirchnerismo.

Menos escandaloso, pero más obsceno fue el contrato con Formosa. Boudou era ministro de Economía y Formosa le debía plata a la Nación. Asombrosamente, el gobernador Gildo Insfrán contrató una empresa para que negociara la deuda y le pagó por esa gestión casi dos millones de dólares. ¿A quién le cayó el regalo? A The Old Fund, la misma de Ciccone y que manejaba el monotributista Vanderbroele, el inquilino de Boudou en Puerto Madero.

Otro asunto chico de dinero y grande por la bajeza: falsificar los papeles de un auto para no darle la mitad del dinero a su ex mujer. Boudou le explicó a los jueces que fue por culpa de los gestores. No pudo encontrar ni una explicación de por qué truchó los domicilios en sus documentos. En uno llegó a poner un médano de San Bernardo. Las dos cosas dicen la clase de persona que es.

El Tribunal Oral 4 fue el que lo condenó por Ciccone y la condena fue confirmada por Casación, que rechazó un recurso extraordinario de Boudou, que luego fue en queja ante la Corte. Este recurso está pendiente.

Con el coronavirus, los abogados hicieron fila para que sus defendidos pasaran a prisión domiciliaria. Los de Boudou fracasaron en el primer intento, pero el juez Obligado cambió súbitamente de opinión. Dijo que la sentencia no está firme y como la esposa de Boudou la está pasando mal por la cuarentena, él tiene que estar con ella. ¿Qué harán los demás jueces con los presos mayores de 65 años, los de más riesgo, que siguen presos?

Hace años que la Corte dice que las sentencias quedan firmes cuando no existe ningún recurso pendiente. La de Boudou no está firme. Pero una cosa es la sentencia y otra es la ejecución de la sentencia. Boudou está condenado por dos tribunales y el recurso de queja que presentó en la Corte no suspende la ejecución de la condena. Debe seguir cumpliéndola hasta que la Corte decida.

El juez Obligado concedió a Boudou el beneficio que le negó a Lázaro Báez, a pesar de que Báez no está condenado. ¿Por qué hizo esta diferencia y qué lo hizo cambiar en 10 días? Una explicación se llama Diego Molea, rector de la Universidad de Lomas, miembro de la Magistratura y que lo apadrinó como juez. Pero el verdadero nombre de la explicación puede llamarse Aníbal Fernández​, amigo íntimo de Molea. Epidemias sin cura.

Ricardo Roa

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