Domingo, 12 Abril 2020 00:00

El modo virus no tiene plazos y la encrucijada de Alberto Fernández - Por Eduardo van der Kooy

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El Presidente hace consultas sobre el presente angustiante y también sobre el futuro. La actual etapa de la contención y cómo encarar luego la de la compensación.

 

El gobierno de Alberto Fernández​ parece estar siendo víctima del éxito inicial del combate contra la pandemia. Con la cuarentena rígida y la parálisis consecuente de la economía, administra el desarrollo de la curva de contagios y preserva al sistema sanitario de un colapso. Se trata, por ahora, de un bálsamo para la sociedad atemorizada.

Aquel control de la escena de la enfermedad evitaría una irrupción traumática del coronavirus. Pero dicha estrategia conlleva probablemente la necesidad de tiempo adicional. Por ahora hasta el domingo 26. Los especialistas estiman que el pico de contagio podría registrarse recién en la primera o segunda quincena de mayo. Si los pronósticos son correctos, ¿Cómo pensar en una flexibilización real de la cuarentena? La gente saldría de su encierro, en ese caso, en el peor momento. Sería hipotecar la apuesta a la prioridad sanitaria.

El Presidente analiza ese cuadro convertido en encrucijada. Conjetura los pasos venideros. Proyecta políticas en tiempos cortos. Este mes se consumirá con la cuarentena. Mechada con flexibilización mínima. Probablemente mayo, con matices, corra una suerte similar. La normalización podría esperarse para después de mitad de año. Atada a los vaivenes del clima. junio, julio y agosto suelen ser los meses más fríos. Caldo de cultivo para el virus que, según el diagnóstico de los científicos del Instituto Malbrán, tiene una sorprendente capacidad de mutación. Existe, por otra parte, una señal de alerta. Países que suponían tener controlada la pandemia sufren rebrotes. Japón, Singapur y Dinamarca son algunos de los casos.

Esta proyección dispara tres desafíos monumentales. La capacidad psíquica colectiva para tolerar el encierro. De hecho, la semana pasada en el ámbito metropolitano el Gobierno registró cierta relajación. El otro tópico atañe a la grave situación económico-social. ¿En qué momento se logrará poner en marcha el moribundo sistema productivo sin conspirar contra la estrategia sanitaria? La última duda radicaría en la capacidad política de la clase dirigente –con el Gobierno como responsable mayor- para evitar un desmadre general. En ese terreno es posible vislumbrar una fuerte tendencia a la centralidad. Alberto está parado en el eje del teatro nacional.

En la emergencia, haciendo comparaciones, no estaría del todo mal. Con un riesgo potencial: que, superado este momento, el Presidente se tiente de repetir un personalismo que, repasando la historia, ha resultado nocivo para una mejora estructural de nuestro país. Pero al menos, no se asiste a espectáculos dantescos como los de Brasil. Allí Jair Bolsonaro va y viene con sus decisiones. Está enfrentado con el vicepresidente, general (RE) Antonio Hamilton Mourao, con su ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta y con el Tribunal Superior de Justicia. Algo parecido sucede con Donald Trump​ en Estados Unidos, pulseando con los gobernadores de Nueva York y California.

La centralidad podría constituir quizás, a lo largo del camino, un simple ilusionismo. Por ahora va enlazada con la popularidad que el Presidente -pese a errores- mantiene en índices mucho más elevados que cuando inició la gestión. Sólo atrapado por la crisis económica. La situación sería, de todos modos, de muchísima volatilidad.

Ese fenómeno no significa una particularidad argentina. No hay registro que Trump haya ahora mismo perdido apoyo popular pese a sus desatinos para combatir la pandemia. Juega la reelección en noviembre. Habrá que aguardar el epilogo de la crisis sanitaria para conocer su destino político. Algo parecido ocurre con el premier de Italia, Giuseppe Conte. Su imagen está mejor que antes de la tragedia.

Un trabajo publicado en el diario digital español, El Confidencial, ensaya explicaciones atendibles sobre aquellos contrasentidos. Pablo Simón es politólogo y profesor de la Universidad Carlos III. Sostiene que en términos políticos la pandemia podría reconocer dos ciclos: el de la contención y el de la compensación. El corto y el largo plazo.

El primero -en marcha ahora- representa una excepcionalidad que, bien llevada, fortalecería las conducciones políticas. Tal fortalecimiento sería explicado también por un forzoso retroceso de la oposición. “No puede haber demasiadas críticas al que gobierna porque sería visto como oportunista por la sociedad”, explica.

A la oposición, según el especialista, podría llegarle el turno en la segunda etapa. Cuando el Gobierno deba hacerse cargo de tomar medidas para compensar a todos aquellos -que serán muchos- que saldrán perdiendo con la pandemia. Por la enfermedad misma y el derrumbe económico que se verifica.

Luis Arroyo, especialista en comunicación, refuerza la teoría sobre el ciclo de contención. “Hay en estas circunstancias una suerte de cierre de filas patriótico que refuerza la autoridad”. Pone como un ejemplo lo que le ocurrió a George Bush en el 2001, después del ataque terrorista a las Torres Gemelas.

Simón añade una reflexión clave. “La credibilidad y el crédito obtenidos por los gobiernos durante la primera fase (contención) será clave para afrontar la segunda (compensación)”, afirma. Y arriesga: “Si dentro de un año el coronavirus ha desaparecido pero la economía se paralizó, el que gobierno enfrentará problemas”.

De la descripción de los especialistas se podrían extraer varias aplicaciones para el caso argentino. El Presidente exhibe hoy un buen caudal de apoyo popular. Pero algunos errores de gestión en la emergencia podrían debilitarlo cuando llegue la hora de la reconstrucción. Alberto supo consolidar la autoridad con un mensaje cauto y armonioso. Sin fundamentos se apartó varias veces de esa hoja de ruta. Sostiene que la cuarentena es el único medio fiable para combatir la pandemia. Pero la impericia llevó a exponer a cientos de miles de personas de edad avanzada en las puertas de los bancos para percibir sus jubilaciones pobres.

Colocó en el foco de sus críticas a los empresarios por el aumento de precios en los alimentos. Apeló a un recurso anacrónico: conceder facultad de control a los intendentes, que carecen de herramientas para eso. Salvo la arbitrariedad. En este contexto, el Estado pagó incomprensible y vergonzosamente enormes sobreprecios para comprar comida que reparte entre los sectores humildes y marginales.

Los desacoples discursivos, de gestión y políticos quedaron a la vista. La reacción del Gobierno fue rápida, aunque no terminó por despejar las dudas. Resultaron cesanteados 15 funcionarios. El principal, el Secretario de Asistencia Crítica, Gonzalo Calvo. Llamó la atención la permanencia, entre otros, de Cecilia Lavot, secretaria de Gestión Administrativa. Tal vez, se entienda por qué: es arropada por Alicia Kirchner, a través de Carlos Castagneto, un ex arquero de Gimnasia en los 80, lobbista político desde siempre en Desarrollo Social. Incluso durante el macrismo.

El conflicto expuso un Talón de Aquiles del Gobierno. El loteo de los ministerios –no únicamente Desarrollo Social- con la idea de compensar la heterogeneidad del Frente de Todos. El sistema complica la gestión, la transparencia y detona internas. Daniel Arroyo​, el ministro, había designado a Calvo en acuerdo con los intendentes del conurbano. Era su soporte político interno. El resto de la pirámide está ocupada por representantes de los movimientos sociales y el kirchnerismo rancio. Líquido siempre en combustión.

Juan Grabois, el jefe de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), posee un representante de rango menor en aquel ministerio. Se siente postergado respecto del Movimiento Evita o Barrios de Pie. Fue quien más severamente cuestionó aquella compra de alimentos y reclamó que rodaran cabezas. Nada para sorprenderse. En cambio, un fogonazo brotó en el poder cuando la titular del Consejo Federal de Políticas Sociales, Victoria Tolosa Paz, se solidarizó con Grabois.

El Presidente pegó un salto en su silla ni bien Santiago Cafiero, el jefe de Gabinete, le arrimó la novedad. Personalmente se ocupó de hacerle llegar a la mujer funcionaria este mensaje: “Si tenés ganás de tirar piedras, ándate a la vereda de enfrente. Esto no es macrismo”. Tolosa Paz es la pareja de José Albistur, amigo de Alberto.

Tal vez el Presidente, en esta actualidad martirizante, esté pensando que no habrá salida posible luego de la pandemia si no sucedieran dos cosas. El disciplinamiento sin fisuras de la fuerza oficialistas. Muy improbable. El tendido de puentes con sectores de la oposición. Tampoco sencillo.

Alberto habló largo la semana pasada con Carlos Melconian. Habla con frecuencia. Quiso conocer su opinión sobre los efectos que tendrá la inevitable emisión monetaria por la crisis del coronavirus. Repite la buena sintonía laboral que posee con Horacio Rodríguez Larreta​. Siempre tiene propuestas para los problemas. La semana pasada buscó y dialogó con Mario Negri. Lo hizo luego de una intervención en TV del radical jefe del interbloque.

Negri cuestionó en esa ocasión la indisposición de Alberto con los gobernadores radicales por decisiones sobre la pandemia. El Presidente le aclaró que de ningún modo sería así. Tuvo dos gestos posteriores para convencer al radical: evitó criticar a Gerardo Morales​ por un desprolijo traslado desde Jujuy de ciudadanos extranjeros; le dio prioridad para que explicara su mirada sobre la realidad en el interior durante la teleconferencia con gobernadores.

Alberto invitó a Negri a una reunión. El diputado está en Córdoba cumpliendo la cuarentena. Habrá que ver qué sucede cuando se afloje el encierro.

Eduardo van der Kooy

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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