Miércoles, 06 Mayo 2020 00:00

La encrucijada de Alberto Fernández para definir cómo sigue la cuarentena y las dudas de Cristina - Por Eduardo van der Kooy

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El Presidente toma nota de la fatiga social y la parálisis del sistema productivo. Hay una lista de 20 actividades para flexibilizar. La vicepresidente y la mirada en el conurbano.

 

Llega el momento de una decisión crucial para Alberto Fernández. ¿Cuál? Cómo continuar la cuarentena​ por la pandemia de coronavirus​ a partir de la semana que viene. La cuarentena seguirá, con certeza, en el ámbito Metropolitano (Ciudad y conurbano) y las grandes ciudades. Pero se vislumbran dos situaciones insoslayables: la fatiga social y una parálisis del sistema productivo (con una capacidad de ocupación del 20%; en la crisis del 2001 fue del 40%) que tornará mucho más difícil cualquier futuro intento de recuperación económica.

La fatiga está reflejada en la cantidad de personas que, por razones valederas o no tanto, han aparecido esta semana en las calles de muchas ciudades. Abandonando por un rato el encierro. El otro asunto es precedente a la pandemia, pero sigue propalando alarmas inquietantes. Otro informe de la Unión Industrial Argentina (UIA), con base en consulta a 1.300 empresas, revela estadísticas lapidarias. El 71% de las empresas registra caída en las ventas superiores al 60%. Sólo el 2% no tuvo caída en ventas. Entre estas, básicamente dedicadas a la alimentación, existe sin embargo algo que aquel informe no detalla. El mantenimiento comercial está sostenido por los insumos elementales. Un gran crecimiento, por caso, en el consumo de fideos y arroz. Aunque también un derrumbe en productos ahora valorados suntuarios. Que casi nunca lo fueron.

Con ese panorama delante, el Presidente tiene abierta la negociación con los gobernadores. No querría repetir la mala experiencia de la última prolongación de la cuarentena. Cuando dio vía libre a un supuesto permiso para que mayores y niños pudieran pasear un ratito por día. Nueve provincias lo impugnaron. Entre ellas, Buenos Aires, la Ciudad, Córdoba y Santa Fe.

Alberto tiene ya sobre su escritorio de Olivos el protocolo para flexibilizar no menos de 20 actividades. También alguna licencia cotidiana para la gente común. Las estuvo chequeando el lunes con los dirigentes empresarios y sindicales que recibió. Dialogó sobre el mismo tópico –entre varios- con Cristina Fernández. La vicepresidenta tendría más dudas sobre la flexibilización.

En el deseo presidencial inciden aquella fatiga y el derrumbe de la economía. También la impresión íntima –verificada en las encuestas- que su luna de miel con la sociedad mágicamente instalada por la pandemia empezaría a diluirse. Estaría obligado a buscar variantes dentro de la misma política sanitaria que puso en marcha el 20 de marzo.

Para lograrlo debe atravesar varios obstáculos. Todavía no tiene el veredicto final del equipo de infectólogos. Que marcó siempre su rumbo. Sigue encontrando resistencia de los gobernadores de distritos grandes. Axel Kicillof, Horacio Rodríguez Larreta, Omar Perotti y Juan Schiaretti​. Ellos volverán a ser protagonistas en la próxima etapa de la cuarentena más elástica.

El gobernador de Buenos Aires y el jefe de la Ciudad comparten el mismo problema. El incremento de los contagios del virus en los sectores carenciados. La vicegobernadora, Verónica Magario, hizo en las últimas horas un discreto pase de factura. Dijo que el incremento de contagio en el conurbano estaría ligado a aquel desborde de abril, cuando los jubilados se agolparon en la puerta de los bancos para poder cobrar los haberes. Alejandro Vanoli, titular de la ANSeS, ya no está en el equipo de gobierno. Aunque, como corresponde a la clase dirigente, tiene otro conchabo dependiente de las arcas estatales.

Rodríguez Larreta se muestra espantado por el incremento de los casos en las villas. En especial, la 31 y la del Bajo Flores, donde se realizaron este martes operativos de desinfección. Resulta imposible aislar esos asentamientos que lindan, además, con barrios importantes. Retiro y Recoleta, por ejemplo. También Flores, golpeado por el coronavirus y el dengue.

Schiaretti y Perotti temen por motivos similares. En la ciudad capital cordobesa y en Rosario existe un perímetro de barrios muy carenciados. Rosario hace ocho días que no registra ningún caso, pero ni Perotti ni el intendente, Pablo Javkin, se fían por ello.

Hay otra amenaza en el horizonte que no convierte en válidas las comparaciones lineales que algunos realizan con las aperturas que, pese a las tragedias que viven, ensayan España e Italia. Allá se aproxima el verano. Aquí el invierno. Las estaciones no están ligadas necesariamente al coronavirus cuya mutación no para de sorprender a los especialistas. Aunque sí a la proliferación de otras enfermedades (gripe común severa, neumonías u otras patologías respiratorias) que podrían saturar el sistema sanitario.

En ese terreno la Argentina estaría en una situación de cierta comodidad. El sistema de terapia intensiva por casos de coronavirus tiene ahora una ocupación que apenas roza el 3%. De allí que no se estaría frente al riesgo de colapso sanitario. Ni siquiera por los adicionales que brinde la inclemencia del tiempo.

El Presidente repitió en varias oportunidades que había apostado por el cuidado de la vida antes que por el padecer económico. La cuarentena tan rígida habría empezado casi a equiparar ambas cosas. Alberto tiene conciencia de eso y se apresta a poner en marcha una flexibilización más amplia. También reiteró que la economía, a diferencia de la vida, se puede recuperar. Nunca hasta ahora dijo cómo. Con la mochila, por otra parte, que representa la deuda gigantesca.


Eduardo van der Kooy

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