Viernes, 22 Mayo 2020 00:00

Alberto Fernández, el presidente chicle - Por Silvio Santamarina

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Cada vez más experimentado en la táctica de estirar plazos, el Gobierno busca acumular poder aprovechando el limbo generalizado.

 

Ya se volvió una costumbre nacional el vencimiento de plazos y el estiramiento de las fechas límites para resolver situaciones delicadas. Esta semana termina con otro de esos escenarios de alargue de los conflictos. Una vez más, el Gobierno confirma su argentinidad a la hora de enfrentar los dilemas del presente, pateando todo hacia adelante, con la esperanza de que el paso del tiempo aclare el panorama. Se trate de la deuda externa o de la cuarentena, siempre parece haber tiempo para un compás de espera extra. Los costos a futuro siguen lejos de la mesa donde se toman las decisiones. Más que nunca, vivimos en la Argentina chicle, y Alberto Fernández parece el administrador perfecto de este sueño eterno que siempre amenaza con volverse pesadilla.

No es casual que un Presidente tan tiempista goce de niveles récord de imagen positiva. Desde que ganó las PASO, en el país y el mundo le vienen pidiendo definiciones sobre cuál sería su plan para pagar -o no pagar- la enorme deuda que dejó Mauricio Macri. Fernández mostró una paciencia zen para ir ganando tiempo, esquivando los mojones históricos que lo presionaban a tomar una decisión contundente: pasaron las elecciones, la asunción, el verano, los primeros vencimientos... Nada lo hizo moverse de su postura no resolutiva, inmune a las críticas que denunciaban que se perdieron meses preciosos para negociar con los acreedores. El propio Gobierno explicaba que no podía lanzar un plan para sacar al país del pozo antes de resolver el problema del default virtual que heredó. Era una peligrosa versión del dilema del huevo o la gallina.

Pero la providencia le dio la razón al albertismo: la pandemia alineó los planetas creando condiciones de emergencia financiera global que vuelven más lógica la reticencia argentina a honrar todas sus deudas en tiempo y forma. El miedo al futuro no sólo atiende en Buenos Aires. Y todas las cifras de pobreza, recesión, apreciación del dólar y otros males quedan justificadas por el flagelo que contagia al mundo entero.

Con una euforia política sospechosa, Alberto Fernández tiene que salir a aclarar que no se enamoró de la cuarentena, mientras que su amigo Lula Da Silva pide disculpas por haberle agradecido a la naturaleza por este virus que obliga a los renegados a reconocer el valor del Estado muy presente. Más allá de las buenas intenciones, lo cierto es que el presidente argentino se dispone a prolongar un aislamiento obligatorio que ya lleva dos meses, y que pone en riesgo la economía futura y las vidas de aquellos que dependen del funcionamiento pleno de la vida social. Sin soluciones claras para tantos costos humanos y financieros que implica la parálisis extendida del país, el Gobierno apuesta a su management chicle, estirando el limbo de la cuarentena a la espera de otra sorpresa salvadora.

Mientras gana tiempo, el Presidente señala hacia otro lado. Si le preguntan por el default, contesta que la Argentina ya estaba en default virtual desde el año pasado. Si le preguntan por la salida de la cuarentena, dice que los plazos los definen los epidemiólogos, y no los economistas que reclama la oposición. Pero ni unos ni otros pueden ayudar más a un Gobierno estancado en una cuarentena que no se abre ni se cierra, a la espera de una vacuna que llegará demasiado tarde para las urgencias argentinas.

Hace falta ingeniería política y política ingenieril para rediseñar los hábitos de una sociedad que no puede darse el lujo de remplazar la producción concreta de bienes y servicios con emisión de papeles pintados. La tarea es tan compleja como urgente. Queda ver si el Presidente se arriesga a encararla, o si prefiere seguir apostando a estirar con paciencia y picardía el chicle de la gestión hasta que aparezca, de una vez por todas, la nueva normalidad.


Silvio Santamarina
Columnista de Noticias y Radio Perfil
Ilustración: Pablo Temes

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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