Miércoles, 03 Junio 2020 00:00

Cuarentena doble sin salida a la vista - Por Ricardo Roa

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Ya no da para más la discusión cuarentena o muerte, pero sí da para insensateces.

 

Ya llevamos 76 días: estamos ahí de la cuarentena doble. Y a punto de ganarle a Wuhan, la ciudad china donde arrancó la pandemia y que vivió la misma cantidad de días de confinamiento: 76. En casi todos lados discuten cómo abren. Acá discutimos si volvemos a cerrar. Evidente: hay algo que no encaja.

El foco del Covid-19 y de la discusión de si se abre o se vuelve a cerrar están en un mismo lugar: el área metropolitana. El Gobierno de la Ciudad, que viene de meter la marcha atrás, quiere volver al lugar donde estaba hace 10 días. Del otro lado, el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires dice que si se levanta la cuarentena vamos a ver las imágenes de Nueva York con cadáveres apilándose en cámaras frigoríficas. En 2015, cuando Daniel Gollán​ era ministro de Cristina, dijo que si ganaba Macri ganaba el cáncer. Es el ministro del terror.

¿Y quién es el árbitro ante semejante antagonismo?: Alberto Fernández​, que ha dicho que la cuarentena durará lo que tenga que durar. La última prórroga la estiró hasta este domingo. Pero todo el mundo sabe que en el mejor de los casos será la penúltima.

Y si algo le faltaba a esta película, es la opinión del gobernador de La Pampa, Sergio Ziliotto​. Dijo: a la Argentina que trabaja le sobran muchos porteños. ¿Qué quiso decir? ¿Qué los porteños son vagos? ¿O que viven a costa de los que trabajan en el interior?

Si el problema con los porteños es porque los porteños quieren relajar la cuarentena y pasar a la fase 4, Ziliotto empezó en La Pampa la fase 5, que entre cosas permite abrir restoranes, bares, peluquerías, gimnasios y hacer actividades deportivas al aire libre. Justo lo que tienen prohibido hacer los porteños. Parafraseando a Ziliotto, uno podría decir que, si hay vagos, están en La Pampa.

El coronavirus da para estas insensateces del gobernador Ziliotto y para las insensateces más graves del gobernador Alberto Rodríguez Saá​, que mandó a la policía de San Luis a levantar un terraplén para cortar el paso de los cordobeses que viven en un pueblo pegado a Merlo.

Ya era serio que hubiera puesto vallas para impedir que vecinos de Córdoba eventualmente contagiados o no se metieran a su provincia. Pero encima lo hizo a lo bestia: con una montaña de tierra. Lo que era una insensatez se convirtió en una tragedia.

Pasó que un cordobés que trabajaba en Merlo y había ido a visitar los hijos, murió al volver tratando de cruzar el terraplén. Y pasó también que una persona que vivía del otro lado del terraplén y tenía un ACV no pudo atenderse en Merlo: murió camino a otro hospital en Córdoba, mucho más lejos. Eso sí, nadie puede decir que los mató el virus.

Fin del dislate de Rodríguez Saá: los mismos vecinos de Merlo rompieron el talud para comunicarse con sus vecinos cordobeses. Finalmente son habitantes de pueblos limítrofes que tienen mucho más que ver entre sí que con los de sus propias provincias.

El nuevo récord de 904 contagios, más del 90% de ellos en Buenos Aires y la Ciudad, es una cifra fuerte que cae justo en la discusión sobre cómo seguir con la cuarentena y cuando llevamos 76 días de cuarentena.

Y pone de nuevo sobre la mesa una pregunta que hace rato repiquetea: ¿cuál es el plan de salida? El encierro no es un método eterno y para salir se necesita una estrategia que proteja a la gente de los contagios. Y se necesita otra cosa: que la discusión sobre la cuarentena no se convierta en una discusión sobre la vida y la muerte. Lo opuesto a la vida no siempre es la muerte sino no vivir la vida.

Ricardo Roa

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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