Miércoles, 03 Junio 2020 00:00

Cóctel coronavirus: tensiones políticas, curva con forma de serrucho y la encerrona de la cuarentena - Por Eduardo van der Kooy

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El aislamiento en el área metropolitana es un dilema que el Gobierno no puede resolver. La evolución de los casos en la Ciudad y la Provincia y otras crisis que esconde la pandemia.

 

El ámbito metropolitano (AMBA) está encerrado en la cuarentena. Constituye un dilema en varios planos que el Gobierno no logra resolver. Se aúnan la política sanitaria, la fatiga social, el desastre económico y las tensiones naturales que derivan de la cohabitación oficialismo-oposición en los dos distritos más importantes de la Argentina.

Es cierto que esa realidad, al menos en alguno de sus planos, no se replica en el resto del país donde, salvo en Chaco, se empieza a ver una luz en el fondo del túnel. Es verdad también que lo que acontece en el AMBA termina concentrando la atención. Cubriéndolo casi todo. Por la densidad poblacional y, además, porque en términos económicos la región representa el 48% del PBI.

Alberto Fernández se quejó porque existe una visión demasiado porteña de la realidad. Que incidiría sobre la visión generalizada del encierro. Existe una dosis de razón en aquella queja. Se omiten otras cosas. Es desde el propio Gobierno, por ejemplo, con sede en la Plaza de Mayo u Olivos, que no se termina de atender la grave crisis del transporte público en el interior. Virtualmente en situación de quiebra. La cuestión no estalla porque, pese a la flexibilización, ninguna actividad es plena. La pandemia actúa como amortiguador.

El ministro de Transporte, Mario Meoni​, tuvo los primeros planteos de parte de los intendentes de Bahía Blanca y Mar del Plata. Los alcaldes de Córdoba, Santa Fe, Rosario y Bariloche mantuvieron los últimos días una teleconferencia para abordar el conflicto común. Rosario cumplió 23 días sin transporte urbano por la falta del pago de salarios de abril. Los sistemas funcionan con alrededor del 60% al 70% de subsidios que ahora las autoridades locales no pueden aportar. Las gestiones en Buenos Aires todavía no dan resultados.

En el AMBA otros problemas y otras incertidumbres también siguen sin respuesta. Sin certezas. Los infectólogos, incluso el equipo que asesora el Presidente, fueron corriendo el tiempo del pico de contagio. La semana pasada, cuando se registró un salto importante en la cantidad de casos, se pronosticó la víspera del peor momento. Pero desde el domingo hubo un declive luego de los 795 casos de hace cuatro días hasta la jornada de este martes que se batió el récord con 904 contagios.

Muchos especialistas empiezan a conjeturar que, tal vez, el pico tan aguardado pueda expresarse no de manera culminante. Sería a través de una línea imaginaria con forma de serrucho. Cuya prolongación resulta difícil estimar. Porque se avecinan los meses tradicionalmente más duros del invierno. Ese fenómeno en el AMBA complicaría la toma de decisiones en torno a la cuarentena.

También estarían empezando a invertirse las necesidades en la Ciudad y el Conurbano. Incluso se advierten matices dentro del mayor conglomerado nacional. En la Ciudad, los casos se han multiplicado y no están circunscriptos solo a las villas. Allí radica el gran foco -ahora estable- pero no hay barrio que no tenga coronavirus. La ocupación de camas de terapia intensiva ronda el 33%.

El incremento resulta muy superior en el Conurbano. Al margen del aislamiento a que fue sometida Villa Azul. Hasta ahora la provincia tiene alrededor de la mitad de las camas ocupadas de cuidados intensivos. No únicamente con casos del virus. Pero ante la progresión de los últimos 20 días el viceministro de Salud, Nicolás Kreplak, alarmó sobre la posibilidad de un colapso del sistema sanitario.

Tampoco la situación es simétrica en todo el conurbano. El Sur y el Oeste asoman como las zonas sensibles. En el Norte, donde arrancaron los contagios, se detecta otro comportamiento. Que induce a algunos alcaldes de la zona (Jorge Macri, de Vicente López, Gustavo Posse, de San Isidro) a plantear la chance de alguna flexibilización a Axel Kicillof​. Macri, incluso, elevó un protocolo referido a la habilitación de rubros que, en estos momentos, son cubiertos por los hipermercados.

En esas zonas las demandas sociales han aumentado al compás del decrecimiento objetivo del miedo. Fue posible observarlo en Tigre, con las dos masivas marchas en automóvil de los vecinos del distrito. La demanda casi unánime fue el derecho a trabajar. El intendente Julio Zamora no afloja por la dependencia política que tiene con el kirchnerismo.

Una situación similar atraviesa Horacio Rodríguez Larreta. El jefe porteño enfrenta una encrucijada. También espera todavía el peor momento. Pero no puede impedir la flexibilización de hecho que impone buena parte de la sociedad. Que cumplió a rajatabla las primeras etapas de la cuarentena. Las restricciones a la circulación pudieron haber disminuido la presencia de vehículos. Pero una notable cantidad mayor de gente anda por la calle. También en los barrios donde en la última prolongación de la cuarentena se prohibió la actividad comercial.

Si no hubiera un pico abrupto e intimidante, Rodríguez Larreta se inclinaría por habilitar nuevos permisos sociales. A Kicillof la audacia lo atemoriza. Pretende, si fuera posible -no lo es- evitar la circulación entre la Ciudad y el Conurbano.

Esas tensiones se harán visibles cuando deba definirse la nueva cuarentena que, en el AMBA, se prolongará. Habrá que observar con que matices. Aquellas tensiones se mezclan con las oscuridades de una enfermedad que los especialistas siguen sólo a tientas. Por esa razón condicionan las decisiones políticas.

Eduardo van der Kooy

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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