Domingo, 07 Junio 2020 00:00

Alberto Fernández y la vuelta a la moderación - Por Sergio Berensztein

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El presidente retomó el tono conciliador que quiere imprimirle a su gestión: federalizó su agenda y busca acercarse a los empresarios para reconstruir la economía.

 

Como es sabido, el último jueves en conferencia de prensa el presidente Alberto Fernández, acompañado por el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof y el jefe de gobierno de la CABA, Horacio Rodríguez Larreta, anunció que se mantendrá por 3 semanas más, hasta el 28 de junio, el aislamiento social, preventivo y obligatorio en las áreas más afectadas por la pandemia de COVID-19 y en donde se da más circulación comunitaria: el AMBA, Gran Chaco, Gran Córdoba y Trelew.

Los datos que justifican la medida es que la Argentina ya superó los 20 mil contagiados: al 4 de junio registra 20.184 casos confirmados de COVID-19, 608 muertes, además de que el 90% de los nuevos casos que se conocen a diario corresponden al AMBA.

El resto del país entrará en la fase 5 o de distanciamiento social, preventivo y obligatorio, donde podrán “circular, trabajar y realizar sus actividades siempre que guarden dos metros de distancia”. Estas medidas tendientes a “oxigenar” la cuarentena cuentan con el apoyo unánime por parte de los gobernadores, que fueron previamente consultados por el presidente.

Si bien este anuncio repitió el formato de los anteriores, la novedad fue no solo la extensión por 21 días y no por 15 como nos tenía acostumbrados, sino que la conferencia de prensa transcurrió sin comparaciones antojadizas o erróneas con otros países y sobre todo sin chicanas políticas inútiles. Vimos a un presidente decidido a retomar el tono conciliador y moderado que busca imprimirle a su gestión y que allanó el camino para el triunfo del Frente de Todos, constituido por 24 partidos, en las urnas en 2019.

Este viraje hacia la moderación ya se había insinuado con las visitas a los distintos gobernadores en la gira que iniciaría el presidente el 21 de mayo, comenzado por las provincias del norte, Santiago del Estero, Tucumán, Formosa y Misiones, cuyos mandatarios se encuentran en el centro o centroderecha y que continuó ayer con La Pampa y Neuquén. Haciendo un paralelismo con el mundo empresarial, lo que está denotando Fernández es una alianza con múltiples “stakeholders” o partes interesadas: es un CEO o gerente general que responde a un directorio muy fragmentado, complejo y exigente. La accionista que tiene más peso, al menos en plano electoral, es CFK. Pero el resto reclama espacio y atención: gobernadores, intendentes, sindicalistas, movimientos sociales y otros grupos de poder (empresarios, religiosos y algunas organizaciones de la sociedad civil, en especial de derechos humanos y cuestiones de género).

Así, la decisión de “oxigenar” la cuarentena pone el foco en su presidencia, por eso trata de abrir bien la agenda para mostrarse más federal y dejar de estar atrapado en la temática específica del AMBA, donde lo arrastran, por un lado, los sectores más radicalizados encabezados por su vicepresidenta y La Cámpora, y por el otro, la dinámica misma de la pandemia.

Este giro, que es al mismo tiempo táctico y estratégico, incluye también encuentros con algunos de los principales empresarios del país, entre los que se encontraban el titular de la UIA Miguel Acevedo (Aceitera Deheza); Javier Madanes Quintanilla (Aluar), Luis Pagani (Arcor), Luis Pérez Companc (Molinos) Marcos Bulgheroni (Axion Energy) y Daniel Herrero (Toyota), entre otros.

Las plantas de Toyota en Zárate y Axion en Campana fueron visitadas recientemente por el presidente Fernández. En la primera supervisó el protocolo especial por la pandemia de COVID-19 que habilita a que se retome la producción con solo un turno de empleados. En la segunda inauguró una destilería que permitirá que el país deje de importar diésel, lo que implica un importante ahorro en términos de divisas.

Por su parte, el objetivo de la convocatoria organizada por el gobierno nacional y realizada el último miércoles en Olivos fue el de conocer los problemas que tienen las empresas tanto en el plano nacional como internacional y de que se sumen “de manera más decidida” al esfuerzo de reconstrucción de la economía que está realizando el Estado.

Aprovechó la ocasión para reiterar el rechazo al polémico proyecto impulsado por la diputada Fernanda Vallejos que disponía que el Estado tome acciones de las empresas que habían recibido ayuda para el pago de salarios en el marco de la pandemia (programa ATP). “No estamos acá para hacer locuras”, dijo Alberto Fernández como una forma de mitigar el daño causado por las declaraciones de la legisladora ultra kirchnerista.

Asimismo, pretendió brindar cierto grado de garantías y llevar algo de tranquilidad frente a las quejas por los serios inconvenientes que genera el “súper cepo” impuesto por el Banco Central, que obstaculiza tanto la operatoria del comercio exterior como el pago de deudas. El presidente se encargó de aclarar que se trata de medidas transitorias derivadas de las dificultades en la negociación con los bonistas, que se prolongaron mucho más de lo que estaba originalmente previsto (vale la pena recordar, esto es responsabilidad del propio gobierno, pues el ministro Martín Guzmán se negó a establecer un diálogo constructivo con la contraparte, cosa que finalmente ocurrió luego del estrepitoso fracaso de su primera oferta, aceptada por menos del 15% de los tenedores de deuda).

En efecto, este vuelco a la moderación se manifiesta fundamentalmente en el plano de la deuda, donde el gobierno nacional viene mostrando una fuerte vocación acuerdista y pretende arribar a un entendimiento con los bonistas. Recordemos que Argentina el 22 de mayo entró en default, lo que disparó los seguros que algunos precavidos bonistas habían adquirido (esto no tiene consecuencias para el país pues se trata de un contrato entre privados). El gobierno lo quiso presentar como algo “técnico”, “light” o controlado, pero el incumplimiento legal existió y se evitó un daño aún mayor justamente por el hecho de mostrarse más abierto a negociar con “buena voluntad”, descartando maniobras de comunicación infantiles como filtraciones a la prensa de detalles del proceso y, sobre todo, las declaraciones de apoyo de académicos, intelectuales y artistas.

Esta semana que viene será crucial, pero las claras señales del primer mandatario acerca de querer evitar un default generalizado (a fin de mes hay nuevos vencimientos) son percibidas por el mercado con cierto optimismo: el índice de Riesgo País elaborado por JP Morgan cayó 1000 puntos básicos en un mes, pasando de 3565 (2 de mayo) a 2579 (2 de junio). Y también hubo una fuerte recuperación de las acciones.

Mirando el proceso en perspectiva, es evidente como Alberto Fernández cumple cada vez con mayor nitidez su rol de árbitro tanto al interior de su heterogénea coalición, el Frente de Todos, como entre oficialismo y oposición. Esto último se verifica por ejemplo cuando desde la provincia de Buenos Aires se cuestionaron las flexibilizaciones en CABA dispuestas por el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta. Es que cuando alguno de los actores rompe la armonía, interviene el presidente para restaurar el equilibrio y promover la cooperación en el marco de la pandemia de coronavirus, encauzándolo hacia una postura conciliadora y moderada. Postura elogiada hasta por los segmentos más radicalizados de la coalición Frente de Todos, por ejemplo, Gabriel Mariotto, en el sentido que fue el principal atributo que les permitió al peronismo regresar a la Casa Rosada.

Sin embargo, a medida que se profundizan las urgencias económicas derivadas de la pandemia, se escuchan cuestionamientos de esos mismos sectores más duros. El propio Mariotto, parlamentario del Mercosur y exvicegobernador de Daniel Scioli, declaró: “Si Alberto no hubiera sido moderado no ganábamos, pero ahora hay que terminar con la moderación”. "Si en el Frente de Todos nos moderamos, deja de tener fogosidad; yo no me quiero moderar", añadió. ¿Hasta cuándo el presidente podrá sostener este equilibrio, que tarde o temprano puede romperse ya que es juez y parte al mismo tiempo?

Al presidente no pareció importarle demasiado ese cuestionamiento. Al contrario, pegó un claro volantazo hacia el centro y se dispone a continuar por la “ancha avenida del medio”, como definió alguna vez Sergio Massa. Su encuentro con Roberto Lavagna se inscribe en el mismo sentido. Y su visita al Gobernador Gutiérrez en Neuquén, donde volvió a alabar el potencial de Vaca Muerta, también.


Sergio Berensztein

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