Viernes, 12 Junio 2020 00:00

Entre la presión de un borde y la construcción del centro - Por Jorge Raventos

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Seguramente este viernes el ministro Martín Guzmán formalizará la nueva propuesta del país para concluir un arreglo con los tenedores de deuda argentina bajo ley extranjera.

 

La enmienda a la oferta original será resultado de las conversaciones que han avanzado mucho, pero quizás no sea la estación final del acuerdo, que está cerca pero aún con detalles a refinar. En cualquier caso, el ministro dejó aclarado que el monto que se apresta a suscribir es definitivo: "No habrá un número mayor del que planeamos ofrecer en los próximos días", advirtió durante una entrevista con un diario especializado de San Pablo. Martín Guzmán reitera como un mantra que "cualquiera que sea el acuerdo, debe ser sostenible. Esa premisa no es negociable".

QUE OPORTUNIDAD

Las pretensiones de los bonistas se han reducido sensiblemente y la enmienda prevista por Guzmán ha mejorado su ofrecimiento original, pero ni una ni otra parte han encontrado aún el punto intermedio que sea satisfactorio para ambas.

Que precisamente en la semana en que se decide el penúltimo paso del tema default se haya precipitado la iniciativa de expropiar la firma Vicentin, una de las principales empresas procesadoras y exportadoras de granos del país, no luce precisamente como el producto de una agenda gubernamental bien sincronizada. Los mercados venían reaccionando positivamente (mejora de bonos y acciones, caída del riesgo país) ante el curso sereno y encaminado de las negociaciones por la deuda, sumado a los gestos que produjo la semana última el Presidente (reuniones con la crema del empresariado y un publicitado mano a mano con Roberto Lavagna, cuya personalidad opera como acreditación del equilibrio que procura exhibir Fernández). Pero el anuncio del plan de expropiación de Vicentin, formulado por el mismo Presidente, modificó súbitamente esa atmósfera y rebotó negativamente tanto en los círculos económicos como en la opinión pública.

La iniciativa fue resistida en nutridas puebladas lugareñas, descolocó a un aliado del Presidente como Omar Perotti, el gobernador de Santa Fé (en cuyo distrito se centra la actividad de Vicentin) y, por reflejo, preocupó a Juan Schiaretti, gobernador de una provincia como Córdoba con un sector agrario muy activo y un buen número de productores que están comercialmente conectados con Vicentin.

UNA ESTRATEGIA

La firma santafesina se encontraba en picada y en convocatoria de acreedores, sobrelleva una deuda de poco menos de 100.000 millones de pesos, un veinte por ciento de esas obligaciones las tiene con el Banco de la Nación Argentina (que le facilitó la mayor parte de esa financiación en la etapa final del gobierno anterior) y otra proporción considerable a distintos organismos fiscales y aduaneros. Es decir: el estado, en distintas manifestaciones, es su acreedor más importante. Por otra parte, una cuarta parte de la deuda (más de 25.000 millones de pesos) corresponde a granos adquiridos (y no pagados) a miles de productores de la región (más de 500 son cordobeses). Es razonable que las autoridades -el gobierno nacional y el provincial- estuvieran atentos a una situación que golpea a una legión de productores agrarios y trabajadores directos e indirectos de una empresa que, además, es una pieza de importancia del complejo exportador argentino.

Menos razonables resultan el formato y la oportunidad de la iniciativa. El Poder Ejecutivo intervino la empresa al margen (y por encima) del juez actuante en la convocatoria, sin consultar a los gobernadores afectados, sin prever las reacciones de la sociedad y de las organizaciones empresariales. Tanta desprolijidad, tanto arrebato no lucen como rasgos de estilo del Presidente. La situación parece dar razón a quienes suponen que, en el marco de una inquietud oficial por la situación de Vicentin, Fernández fue apremiado por un ala del oficialismo que se referencia en la señora de Kirchner, que no sintoniza con la moderación que pretende el Presidente y que aspira a radicalizar el gobierno.

EL DILEMA DE FERNANDEZ

En esta columna se ha señalado reiteradamente que "el gobierno parece a veces desbordado por la presión de esos sectores, que el Presidente se esfuerza por contener incluso a costa de su propio capital político: cuando ellos adquieren algún protagonismo público la buena imagen del gobierno se resiente". Es un dilema que sólo puede ir dilucidando la acción política. Fernández necesita "contener" a los sectores más radicales porque él representa una minoría en el seno de su coalición; su prudencia se debe a que una fisura en ese frente puede equivaler a una caída en situación de ingobernabilidad. Sin embargo las situaciones de ingobernabilidad pueden surgir no por un exceso en las divergencias internas, sino por un esfuerzo en exceso en la contención que se transforme en una asimilación con el empuje de borde radicalizado.

Minoría en su propia coalición frente al liderazgo directo e indirecto de la señora de Kirchner, Fernández adquiere en cambio un poder mayor cuando supera esos límites y puede actuar como Presidente apoyado en un frente más amplio que el que lo llevó a la Casa Rosada. Porque sigue siendo que él es Presidente porque la señora de Kirchner aún siendo recaudadora de la mayor porción electoral del país, no podía gobernar (y no puede) ya que no tiene capacidad para integrar al arco de sus respaldos a sectores ajenos, mientras Fernández pudo hacerlo. Y puede, cuando ensaya ese equilibrio que fastidia a sus críticos internos y externos.

Las críticas de Lavagna al proyecto expropiador, la censura de los sectores empresarios, las quejas de los gobernadores involucrados y las reflexiones preocupadas de muchos hombres de su equipo más próximo le indican al Presidente que, además del ala interna que intenta apurarlo en una dirección, hay otra plataforma que se mueve con fuerza para permitirle recuperar el equilibrio, que es el principio de su arte.

INSTITUCIONES Y ACCION POLITICA

El mecanismo de check and balance que en otras sociedades cumple el sistema institucional, en Argentina -donde las instituciones son débiles- lo cumplen la acción (y la reacción) política. Las instituciones son consecuencia de la acción política, no a la inversa. Cuando la acción política funciona, los desvíos en un sentido pueden ser corregidos.

El gobierno puede tutelar las acreencias del Estado, los intereses de los trabajadores de la empresa afectada, los de los proveedores que esperan cobrar por la producción que entregaron y el importante rol de la firma en el complejo agrario exportador nacional y puede atender a la preocupación de la región y las provincias afectadas sin necesidad de atropellar principios jurídicos que tienen todo tipo de percusiones. El impulso reformista puede mantenerse dentro de esos límites, sin desbordar hacia la revolución imaginaria. La política del desborde lleva, en rigor, a un debilitamiento. Y, seguramente, a una batalla estéril (quizás una derrota) en el Legislativo, donde el oficialismo debe contar los votos de a uno. Y necesita aliados para este tema como para muchos otros que están en la agenda.

Ya han surgido, dentro y fuera del gobierno (en sectores del gabinete, en el lavagnismo y en propuestas de la oposición "antigrieta", caso del diputado santafesino Luis Contigiani) propuestas que, tras aceptar la ya dispuesta intervención transitoria de la empresa, eluden la problemática idea de la expropiación, mantienen el papel principal del Estado, y proponen una participación importante de sectores privados y cooperativos y de la provincia de Santa Fé en una política de salvataje y promoción de la empresa quebrada.

CONSTRUIR EL CENTRO

Como quedó demostrado en las convergencias para enfrentar el coronavirus, el gobierno encuentra su camino cuando se pone en marcha la acción política. El sistema político necesita encontrarse civilizadamente en el centro. Lo que neutraliza a un extremo también da respuesta a otro, ese que demoniza cualquier intento de emplear activamente el Estado ante situaciones críticas o alimenta sinuosamente las denuncias cruzadas sobre espionaje político.

Una cosa es criticar diagonales prepotentes que saltean los procedimientos establecidos y otra distinta es gritar "¡¡Venezuela!!" ante la mera mención de una actitud protagónica del Estado.

¿Venezuela? La Comisión Europea dio luz verde a los Estados miembros para salir al rescate de las empresas, sea con préstamos, recapitalizaciones con dinero público, la toma de una participación accionaria o con la nacionalización si es necesario.

El gobierno italiano piensa convertir a la actual Alitalia en una nueva sociedad totalmente controlada por el ministerio de Economía y Finanzas. El estado alemán se ha convertido en accionista principal de Luthansa, el ministro francés de Economía, Bruno Le Maire, se declaró dispuesto a utilizar "todos los medios", sin excluir la nacionalización, para "proteger" a las empresas francesas amenazadas".

Se trata de construir un centro sensato y operativo. Aunque sea a los tumbos.

Jorge Raventos

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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