Miércoles, 24 Junio 2020 00:00

Alberto Fernández prepara la vuelta atrás de la cuarentena en el peor momento político y social - Por Eduardo van der Kooy

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Si bien comparte la mirada con Kicillof y Rodríguez Larreta, la medida perdió consenso, hay confusión en los mensajes que salen desde el poder y se agrava el cuadro económico.

 

El gobierno de Alberto Fernández supone que se está asomando al peor momento de la pandemia. Ocurre cuando se consumieron 95 días de cuarentena. Esa mirada es compartida por otros responsables de la administración de la crisis regional: Axel Kicillof, gobernador de Buenos Aires, y Horacio Rodríguez Larreta, jefe de la Ciudad. El llamado AMBA significa el gran problema. La unanimidad podría extenderse también a un plano cualitativo: aquel peor momento estaría por llegar cuando las condiciones objetivas generales desmejoraron mucho. Llovido sobre mojado.

¿Cuáles serían aquellas condiciones? Podrían contemplarse cuatro tópicos. El resquebrajamiento del consenso político y social que marcó el primer tramo de un encierro exitoso. Un estado de confusión ostensible en los mensajes que surgen desde los poderes nacionales y distritales. La indisimulable fatiga popular -se advierte en las calles trajinadas de la Ciudad y el Conurbano- después de la larga restricción vivida. Un alarmante agravamiento del cuadro económico y social.

Sobre esa realidad y una fotografía de contagios del virus que en el AMBA crece de manera acelerada desde finales de la semana pasada, el Presidente, Kicillof y Rodríguez Larreta preparan un plan para reeditar el encierro decretado el 20 de marzo. Existen matices en esa confección: el gobernador de Buenos Aires sueña con una gigantesca cárcel conurbana para las dos semanas que vienen; el jefe porteño desea preservar ciertas licencias que fueron ganando los habitantes porteños. Por caso, los paseos de los padres con sus hijos.

Claro que la esperanza de Rodríguez Larreta también tiene sus límites. La Ciudad ha empezado a tener, desde el lunes, cerca de mil casos por día. Apenas por debajo de Buenos Aires. La ocupación de las camas de cuidados intensivos está bajo control. Orilla el 50%. Pero no puede olvidarse algo: si ocurre la saturación sanitaria en el conurbano, un 30% de los afectados derivará naturalmente (es una estadística constante, al margen del coronavirus) en establecimientos de salud porteños.

El resquebrajamiento político está a la vista. Alberto continúa sus deliberaciones con Kicillof y Larreta como si nada pasara. Hay algo de simulación. El kirchnerismo se encargó de tender un cerco sobre Rodríguez Larreta con jugadas que involucran a Mauricio Macri y a toda esa oposición. La denuncia sobre la supuesta red de espionaje de le época macrista es sólo una muestra. Tiene la impronta de Cristina Fernández. Incide en la incomodidad del jefe porteño mucho más tal ardid que las discusiones con el gobernador. En las cuales, según sus confesiones, hay diferencias, pero son francas. Tampoco le hace demasiado ruido el empecinamiento del Presidente con la gente que disfruta de correr. Quizá responda a su incomprensión por la vida sedentaria que ejercita con empeño.

Por otro andarivel, figuran las intrigas en el Frente de Todos. El ministro de Seguridad, Sergio Berni​, irrumpe como francotirador. Hace semanas dijo que su vinculación política responde a la líder del espacio, Cristina. En las últimas horas declaró que todo el gran esfuerzo de la cuarentena “ha tenido resultados pobres”. No aclaró cuáles.

¿Se trata de un cuestionamiento a la política global para dar batalla a la pandemia? ¿Envuelve el Presidente y a su ministro de Salud, Ginés González García? Difícil descifrarlo. Podría tomarse como indicio un dato. Jamás sus declaraciones resultan refutadas. Ni por Alberto ni por Kicillof. Sorprende la autonomía política de que disfruta el ministro.

Berni propone retrotraer la situación a una “fase cero”. Incluso sin transporte público que vincule al AMBA. Aunque también confiesa ser consciente de su inviabilidad por una razón: se ha perdido el consenso social y político del inicio de la cuarentena. Su descripción es correcta. No debería desatender su propia responsabilidad.

El relajamiento de la cuarentena también incidió, a lo mejor, en el enrarecimiento de los mensajes oficiales. Frases arrojadas al aire sin la debida explicación. El viceministro de Salud de Buenos Aires, Nicolás Kreplak no sólo propuso otro cierre abrupto. Dijo que si la cuarentena se extiende hasta el 15 de septiembre (tres meses más) estaría muy conforme. Frente a semejante tremendismo, González García sostuvo este martes que hay solo 393 camas de cuidados intensivos ocupadas de las 11.500 disponibles. ¿Dónde estaría entonces el problema? Refirió, sin aclararlo, a todo el país. La discusión está circunscripta al AMBA. La omisión no sería menor.

El repliegue que consideran Alberto, Kicillof y Rodríguez Larreta chocaría con otro obstáculo. La posibilidad de la rebeldía social. Parece reflejada en varios aspectos de un trabajo de opinión pública realizado por la consultora ARESCO. Allí se recoge un dato clave: ya el 43% de los consultados del AMBA asegura no tenerle miedo al coronavirus. El 26% dice no haberle temido nunca. El 17% afirma que se lo perdió. Derivación, tal vez, de una cosa: desde marzo la gente aguardó un alud de contagios y de fallecidos. En ese tiempo abundaban las imágenes trágicas de Italia y España. Más de tres meses después nada de eso sucede por fortuna aquí. En buena medida por la estrategia sanitaria ultradefensiva.

Las opiniones sobre la cuarentena también fueron mutando. Al comienzo las manifestaciones de disconformidad resultaban mínimas. Ahora el 81% en el AMBA, siempre según ARESCO, no desea nuevas restricciones. El 44% dice estar conforme con el presente. El 37% demanda mayores libertades. El 16% se pronuncia por un levantamiento total de la cuarentena.

¿Cómo hará el Gobierno para intentar recuperar la férrea disciplina? ¿Cómo, sin un horizonte negro de la pandemia y con una economía que sigue en derrumbe franco? En los dos primeros meses de la cuarentena se registró el cierre de 14.900 PYME. Son cifras de la Cámara del sector. El desempleo en el primer trimestre trepó al 10.4%. Según las Naciones Unidas, la pobreza en la Argentina luego del coronavirus podría llegar al 58%.

La sobreactuación, en este caso, tampoco ayuda. El Presidente difundió un video mostrando alguna reactivación económica en el interior que salió del encierro. Aunque el AMBA representa entre el 48% y 50% del PBI. Aquí existe el parate. Aquí tendrá que comunicarse a la población que deberá refugiarse otra vez por dos semanas.

¿Y después qué? Tampoco hay aún una respuesta del Gobierno para ese angustioso interrogante.


Eduardo van der Kooy

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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