Miércoles, 08 Julio 2020 00:00

El macabro revoleo de cadáveres entre el Gobierno y Cambiemos - Por Eduardo van der Kooy

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El crimen de Fabián Gutiérrez abrió el fuego. Los dirigentes más duros de la oposición se apuraron a echar sombras sobre el brutal asesinato. Y Alberto Fernández se expuso en la respuesta.

 

La precaria unidad política que alumbró en los primeros tiempos de la cuarentena está empezando a naufragar. Las razones son diversas. Aunque podrían apuntarse dos. Al gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, y al jefe de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta se les haría cada día más difícil sostener la misma estrategia sanitaria en la región. La curva de contagios se ha bifurcado y la presión social, después de un prolongadísimo confinamiento, pareciera insostenible.

Por otra parte, el crimen de Fabián Gutiérrez, ex secretario de Cristina Fernández hasta 2010, sucedido en El Calafate, sirvió para abrir fuego entre el Gobierno de Alberto Fernández y la oposición de Cambiemos. O, mejor dicho, su sector más duro que simbólicamente representan la ex ministro macrista, Patricia Bullrich, y el titular del radicalismo, el mendocino Alfredo Cornejo​.

En esa confrontación pudieron advertirse errores simultáneos. Los dirigentes de la oposición se apresuraron a echar sombras sobre aquel brutal asesinato que tenía en shock al kirchnerismo. De la misma forma, resultó improcedente que Alberto haya sido el encargado de la réplica con calificaciones sin proporción. "Canallesco", opinó. Se trata del responsable de conducir la pandemia en su momento crítico. Se trata, por otra parte, de quien deberá conducir alguna salida para la Argentina en medio de una crisis económico-social sin precedentes. La máxima autoridad replicó a la jefa del PRO y el jefe del radicalismo. Ni a Mauricio Macri, Miguel Ángel Pichetto, María Eugenia Vidal​ ni Rodríguez Larreta. El aval expreso de ellos no figuró en el texto. Demasiada inversión política del Presidente, tal vez.

La premura de Cambiemos incluso pareció facilitarle algún escape al Gobierno en esos momentos aciagos del sábado pasado. Una mayor prudencia hubiese dejado al kirchnerismo en soledad ante la opinión pública para explicar uno de sus innúmeros lastres del pasado. Gutiérrez supo amasar una fortuna inexplicable en su paso por la función pública. Se presentó como arrepentido en la causa del escándalo de los cuadernos de las coimas y contó detalles valiosos, según los fiscales intervinientes, sobre la plata negra que terminó conformando un tesoro secreto de la época. Habló de bolsos y de bóvedas. Alimentó la realidad y la leyenda.

El comunicado de Cambiemos, sugiriendo que el asesinato no habría sido ajeno al Estado, le permitió al Gobierno y el Frente de Todos variar el eje de la confrontación. Dejó de lidiar con su propia y oscura historia. Subió el crimen de Gutiérrez al centro de la escena de una pelea política. En el segundo plano quedó la corrupción de la “década ganada”.

En ese contexto nació el que se podría llamar “revoleo de cadáveres”. Tradicionales muertos del placard. A las sospechas sobre Gutiérrez que desencajaron al Presidente, siguió el recuerdo de Bullrich sobre la campaña kirchnerista para convertir a Santiago Maldonado -el artesano que murió ahogado en 2017 en el Rio Chubut, al escapar de un desalojo de Gendarmería en la ruta 31- en víctima del macrismo. Lo que requerían los K para aludir a dictadura.

Ese intento continúa hoy con el proyecto de revisión de un tramo de aquella investigación. En la maniobra ocurrieron cosas de extrema gravedad que en la Argentina pasan con increíble indiferencia. El actual titular de la Oficina Anticorrupción, Félix Crous, se ocupó de fraguar testimonios de mapuches que dieron cuenta cómo Maldonado había sido supuestamente arrestado por gendarmes.

Aquel intercambio siniestro lo coronaron el diputado K Eduardo Valdés y el radical Cornejo. El peronista reprochó por televisión cuando en mayo del 2019 Bullrich, entonces funcionaria, adjudicó a mafias el insólito asesinato del diputado radical, Héctor Olivares y de su asesor, Miguel Yadón. Ocurrió de mañana frente al Congreso. El juez Mariano Iturralde corroboró que la matanza fue causada por dos personas alienadas simplemente por el placer y la locura. Los autores materiales tienen pedido de prisión perpetua. La causa fue elevada a juicio.

Aquel apuro de Cambiemos produjo otros efectos. Parece ahora importar más el debate surgido en la coalición opositora, entre sectores intransigentes y moderados, que otros vicios que, subrayados en tiempo y forma, hubieran adquirido otra envergadura pública. Por ejemplo, que la fiscal que interviene en el crimen de Gutiérrez sea Natalia Mercado. Sobrina de la vicepresidenta. Hija del matrimonio entre Armando Mercado y la gobernadora de Santa Cruz, Alicia Kirchner. Hermana del ex presidente fallecido en 2010. Nuera de Cristina.

La descripción podría provocar asombro. No en Santa Cruz donde desde los amaneceres del kirchnerismo, en la década de los 90, entrecruce de la familia y el poder resulta moneda común. Su tarea nunca fue objetada por los negocios familiares. Su marido, por ejemplo, estuvo vinculado a Hotesur. Una de las dos causas más importantes que involucran a la familia Kirchner por sospechas de lavado de dinero. La propia Natalia intervino cuando el fallecido juez Claudio Bonadío dispuso el allanamiento en el Hotel Alto Calafate. Esas cuestiones forman parte del sistema de poder provincial que, por lo visto, una parte considerable de la población convalida.

El Gobierno hubiera conseguido con muy poco un soplo de transparencia. ¿Por qué no decidir el apartamiento de la fiscal? ¿Por qué razón no hacerlo si, como sostiene el juez interviniente Carlos Narvarte, el crimen de Gutiérrez no tendría relación con su intervención como arrepentido en la causa de los cuadernos de las coimas?

Cristina ha guardado silencio desde el sábado. Hace lo mismo cada vez que alguna oscuridad de su trayectoria la merodea. Tampoco tendría nada para aportar ante el crimen de su ex secretario al cual tuvo por años “inmensa consideración y confianza”. Le delegaba cantidad de asuntos personales. Fue un mazazo emocional para ella cuando se enteró en 2018 sobre su condición de arrepentido.

Alberto tuvo que dar la cara para defender al Gobierno ante la insinuación de Cambiemos. Tuvo que darla, además, en defensa de la vicepresidenta. Cargando en sus espaldas con historias que no pareciera conocer del todo bien. Sería el precio que paga por estar donde está. A donde lo llevó Cristina.


Eduardo van der Kooy

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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