Viernes, 10 Julio 2020 00:00

Sin cuarentena no se puede, con cuarentena no alcanza - Por Jorge Raventos

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La fuerza potencial de Fernández reside en que puede encabezar una coalición más allá del sector con el que llegó a la Casa Rosada.

 

La irrupción del Covid 19 cambió la agenda del país y, paralelamente, elevó a Alberto Fernández a altos niveles de aprobación pública por su manejo de la cuestión sanitaria en compañía, particularmente, de la principal figura gobernante de la oposición, Horacio Rodríguez Larreta. Por momentos, uno y otro exhibieron inéditas performances en las encuestas. Hoy siguen arriba en los estudios demoscópicos, encarnando un centro de competidores cooperativos, muy por encima de figuras que simbolizan los extremos confrontativos de sus respectivas coaliciones, Mauricio Macri y Cristina Kirchner. Pero sus porcentajes han decaído.

Los estrategia antipandemia, virtuosa en desplazar hacia adelante los riesgos de contagio, dar tiempo a la estructura sanitaria para prepararse ante mayores exigencias y mantener notablemente baja la tasa de letalidad del virus, demandó un esfuerzo temprano y prolongado que, como contrapartida, deja resultados negativos en otros aspectos sin que todavía se haya traspasado el temido pico de la epidemia, un punto que los expertos, con las crecientes cifras de contagio a la vista, estiman próximo en el ámbito metropolitano.

LA GOBERNABILIDAD Y EL PRINCIPITO

"Hoy la cuarentena estricta parece indispensable -admitió esta semana el ex ministro de gobierno de María Eugenia Vidal, Joaquín De la Torre- pero ocurre que es un instrumento desgastado por su uso extendido". Las encuestas indican acatamiento de las mayorías, pero la calle empieza a mostrar el hastío de una minoría creciente.

El cuadro se complica por la situación económica y social. De la Torre, un hombre experimentado en el conurbano -antes de ser ministro provincial fue intendente de San Miguel-, coincidió en el diagnóstico de la situación que hizo unos días antes el intendente de José C. Paz, Mario Ishi ante Jorge Fontevecchia, de Perfil: "En verdad, la gente no aguanta más. Se están fundiendo. Quiebran las empresas. La cesación de pagos se generaliza." La mirada de Ishi lo impulsa al pronóstico: " Hay que decir que aún no se llegó al pico máximo; no llegó lo peor. Para fines de agosto vamos a estar como en 2001 aproximadamente. Viví dos saqueos y pienso que la gente va a volver a 2001. (...) Desgraciadamente la gente sale porque está enojada... bronca de la gente que está sin trabajar".

Las autoridades se encuentran frente a un dilema político ante el cual pueden encontrar consejo, si no en El Príncipe de Maquiavelo, al menos en El Principito de Saint Exupery: "Sólo hay que pedir a cada uno, lo que cada uno puede dar. La autoridad se apoya antes que nada en la razón. Si ordenas a tu pueblo que se tire al mar, el pueblo hará la revolución".

De pronto, más allá de que las encuestas sigan entregando reflejos plausibles de la acción de las administraciones, empiezan a filtrarse imágenes más inquietantes, que sugieren situaciones de ingobernabilidad.

VICENTIN Y DESPUES

Que a esa idea aporten con entusiasmo los adversarios del gobierno no es algo que deba sorprender: los adversarios son fuertes y hacen su juego. En rigor, si hoy Fernández es presidente no se debe sólo al hecho de que la señora de Kirchner impulsó su candidatura en el Frente de Todos, sino también a que se había consolidado una atmósfera de rechazo (tanto ajena o adversa al peronismo como interna de este movimiento y de fuerzas tradicionalmente aliadas) a la idea de un nuevo gobierno de ella o determinado por su signo ideológico y su estilo que convenció a la ex mandataria de dar un paso atrás. Esos fantasmas se reaniman cada vez que algún hecho sugiere que es la vicepresidente que la que tiene la batuta del gobierno.

El argumento ha sido ensayado una y otra vez. Forma parte de la lógica política que los adversarios aprovechen las debilidades o los problemas de los gobiernos. Y el ala más dura de la oposición se empeña en que el rostro del gobierno sea la ex presidente y no Fernández.

Cuando los sectores que invocan la inspiración de la señora adquieren algún protagonismo público la buena imagen del gobierno se resiente. Fernández ha perdido en esos trámites las tres cuartas partes del apoyo adicional que le había dado su manejo de la pandemia en abril.

El tema que marcó un punto de inflexión (entre otras cosas porque se produjo en el instante en que la estrategia de cuarentena empezó a desgastarse) fue la iniciativa sobre la empresa Vicentin. El anuncio del plan de expropiación rebotó negativamente tanto en los círculos económicos como en la opinión pública.

Si erró en la medida, el gobierno no se equivocaba al preocuparse por la situación de Vicentin. La firma santafesina se encontraba en convocatoria de acreedores, con deudas de casi 100.000 millones de pesos, principalmente con empresas y entidades del sector público, pero también miles de productores a los que compró granos para procesar y no les pagó.

El comportamiento del directorio del holding está bajo investigación penal. El fiscal federal Gerardo Pollicita - que instruye el caso de posibles de hechos de corrupción en el otorgamiento y destino de los multimillonarios créditos recibidos por el holding- les dictó la inhibición de bienes a sus integrantes (los mismos que el juez de la convocatoria repuso en sus cargos). Para el fiscal, está probada la "connivencia" de esos directivos con el ex presidente y ex funcionarios del Banco Nación y del Banco Central en las maniobras que investiga.

Pero el desborde de los elementos más radicalizados del oficialismo no sólo hizo retroceder a Fernández en su iniciativa sino también en las encuestas. De ese modo, debilitó su autoridad en un momento delicado, como el que describe desde su mirador conurbano el intendente Ishi.

EL BUMERAN DE LA INCONTINENCIA

La oposición huele ese debilitamiento relativo y busca aprovecharlo inclusive en la calle. Conviene mirar el tema con el equilibrio con el que lo miran los intendentes del conurbano: no hay que descartar que, si algunos toman la calle, todos tomen la calle. Y los últimos no necesariamente con los mismos fines que los primeros. Jugar a la ingobernabilidad puede ser jugar a la anarquía.

Cebada por las dificultades del gobierno, la oposición política y mediática más confrontativa juega con juego y se quema por su propia incontinencia. Un ejemplo fue el intento de aprovechar facciosamente la muerte violenta de un ex secretario de la señora de Kirchner, adjudicándole carácter político (insinuando culpas del gobierno) y batiendo el parche sin ningún fundamento serio. Se trató de un tiro en el pie: los sectores duros de la coalición fueron enfrentados por el ala moderada (Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Jorge Macri, Cristian Ritondo, Rogelio Frigerio) que subordinó a la presidenta del Pro a la autoridad de una comisión de acción política en la que está en minoría.

Salir de la crisis suplementariamente agravada por efectos de la pandemia demanda una autoridad fortalecida, la consolidación de una plataforma fuerte para ejercerla, la resolución firme de sacar al país del riesgo de default y formular una propuesta de reformas que permitan una recuperación económica sostenible en la era pospandemia que se abrirá. Se necesita que esa recuperación sea rápida, si bien, como advierte un informe de Merrill Lynch, "la crisis económica ha bajado al sótano en ascensor, pero la recuperación subirá por las escaleras".

En ese sentido, evitar el default es indispensable para no destruir a priori los peldaños de esa escalera. Es imperativo un acuerdo que le permita al país estar dentro de los movimientos de reconstrucción económica global que sobrevendrán para superar los efectos devastadores que ha provocado la pandemia en todo el mundo. No sería posible acceder a esos programas de ayuda ni, por cierto, obtener financiamiento de mercado, si Argentina queda nuevamente anclada en el default.

EL DEFAULT SE ALEJA

El ministro Guzmán ha formalizado la propuesta del país que muchos analistas influyentes consideran elogiosamente. Entre esos analistas está el ex ministro de finanzas de Mauricio Macri, Luis Toto Caputo. Su opinión es incidentalmente significativa dado su vínculo con uno de los principales fondos de inversión que aún no han acordado: Blackrock.

Varios fondos han expresado su ya su acuerdo con la propuesta y los mercados parecen ahora dar por sentado que las cosas terminarán bien. Son conjeturas, hay hasta entrado el mes próximo para que se tengan que formalizar las respuestas. Aún existen, por cierto, presiones de acreedores -Blackrock el principal- que pretenden que los acuerdos que se negocian dejen de lado cláusulas de acción colectiva que se han convertido en práctica dominante en el mundo en las negociaciones de deuda soberana. Guzmán ha resistido las presiones para eliminar esas cláusulas. Es difícil pensar que por esa causa fracasen las negociaciones. No es imposible suponer que retenerlas imponga algún precio suplementario.

Resolver el tema deuda sería una señal de autoridad de Alberto Fernández y -cierto o no- corroboraría que en un tema de tanta importancia su opinión prevaleció sobre la de la señora de Kirchner, habida cuenta de que la opinión convencional le asigna a ella una postura contraria a los acuerdos. En rigor, no se conocen posiciones expresas de la vicepresidente sobre el tema pero un observador experimentado como Domingo Cavallo considera que ella ha trabajado no en contra, sino a favor de un acuerdo.

En una nota reciente, el fino analista de La Nación Jorge Liotti citaba un comentario de alguien cercano al Presidente: "Alberto no toma decisiones, las construye". Una frase que parece indicar que el Presidente sólo da un paso importante cuando siente que ha establecido (o se ha establecido) una plataforma capaz de sostenerlo en el escalón siguiente.

Tal vez por ello, contra lo que pretenden muchas voces opositoras (y muchas de sus expresiones mediáticas), Fernández no quiere ni busca romper bruscamente con el ala izquierda de su coalición, que se referencia en la señora de Kirchner. La apuesta del Presidente parece residir hasta el momento en contener a esos sectores más radicales. En rigor, él representa una minoría en el seno de su propia coalición; su prudencia se debe a que teme que una fisura en ese frente equivalga a una caída en situación de ingobernabilidad. Tras el fracaso gubernamental de Cambiemos, el país quedaría sin alternativas

Sin embargo, las situaciones de ingobernabilidad pueden surgir no por extremar las divergencias internas, sino por un esfuerzo excesivo en contenerlas que se transforme en una asimilación de los contenidos y las formas del borde radicalizado.

MAS ALLA DE LA MAYORIA ELECTORAL

Pese a ser minoría en su propia coalición frente al liderazgo directo e indirecto de la señora de Kirchner, Fernández amplía su poder cuando supera esos límites y puede actuar apoyado en una composición de fuerzas más amplio que su propio frente electoral. La señora de Kirchner no podría gobernar, ya que no tiene capacidad para integrar al arco de sus respaldos a sectores ajenos, mientras Fernández pudo y puede hacerlo: en eso reside su fuerza potencial, en ir más allá del sector con el que llegó a la Casa Rosada, y encarar el programa de reformas que puede articular esa nueva composición de fuerzas, una nueva mayoría.

Por debajo de la Presidencia se mueven las columnas que le pueden dar sustentabilidad y dinámica a un gobierno que ponga proa a la recuperación y a la pospandemia. Esa plataforma la ofrecen ya los acuerdos (inclusive los acuerdos sobre los desacuerdos) que se construyen en la Cámara de Diputados y en los que participan líderes del oficialismo y de la oposición, en gobernadores e intendentes, en los sectores dialoguistas y constructivos de Juntos por el Cambio, en el empresariado y los dirigentes sindicales que ya trabajan en las ideas de la pospandemia y se muestran dispuestos a colaborar creativamente en la reconstrucción.

Ahora se trata de forjar los acuerdos para la salida del default, la recuperación económica y la consolidación de la gobernabilidad.

La incipiente articulación de corrientes distintas en el centro del escenario puede consolidarse, pese a la obstrucción de los extremos y la presión de los intereses que buscan dividir para reinar y quieren prosperar en la ingobernabilidad.

Concluir victoriosamente la guerra contra la pandemia y emprender la difícil reconstrucción de la posguerra vuelven indispensable una estrategia de unión nacional. Habrá que comprenderlo por la razón o por la fuerza de la realidad.

Jorge Raventos

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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