Viernes, 10 Julio 2020 00:00

Alberto Fernández cae en la trampa de la política extrema - Por Fernando González

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El Presidente apuesta a fortalecerse en la grieta, donde ya ganaron y perdieron Cristina Kirchner y Mauricio Macri.

 

Un día se cuelga de la bandera de los moderados. Pero por la noche toma el teléfono para incendiar las redes sociales jugando a las batallas estériles de Twitter. No serían más que escenas del dramatismo político de estos tiempos si no fuera el Presidente. La cuestión es que Alberto Fernández​ es la cabeza institucional de la Argentina. Las caravanas de protesta del 9 de Julio, como las del Día de la Bandera, demuestran que hay una demanda de un sector social dinámico que no tiene respuesta. Para ellos, por ahora, el único horizonte es la incertidumbre.

“Yo vine acá a terminar con los odiadores seriales”, dice el Presidente en su discurso de la fecha patria. No señala a nadie, pero todos saben que se refiere a Mauricio Macri​ y al sector más hostil de la oposición, que se referencia en el ex presidente. El acto por videollamada también le sirvió para referirse a Horacio Rodríguez Larreta como “mi amigo”, una exageración para la política argentina. Media hora después, el jefe de gobierno porteño era tendencia en las redes sociales porque las cuentas activas del ultra macrismo lo castigaban con una furia que sólo se les dedica a los peores enemigos. Cosas de la grieta.

Alberto se mete en un territorio que le es conocido. En la trampa de las frases agresivas y las apuestas fuertes. En los últimos años, fue un tuitero picante que le dedicó mensajes a Julio De Vido, a Amado Boudou y a Cristina Kirchner​ que hoy quisiera borrar. Pero todo queda en la memoria extensa del universo digital. Ahora no se anima a aquellas bravatas que incluían insultos. Igual prueba y reproduce los memes agresivos para el intercambio televisivo entre el periodista Diego Leuco y el dirigente Santiago Cafiero. El Jefe de Gabinete también transita los caminos ásperos donde se siente más cómodo el kirchnerismo. Quizás esté pensando en alguna candidatura a futuro.

Por eso, todo el Gobierno lo estaba esperando. Empezando por Alberto, la mayoría de los dirigentes del Frente de Todos aguardaba la reaparición pública de Macri porque consideran que una buena parte de la sociedad tiene un mal recuerdo del expresidente. Y que, por si fuera poco, su figura genera cortocircuitos en la interna irresuelta de Juntos por el Cambio. Algunos celebran la repercusión de la entrevista que le dio al periodista Alvaro Vargas Llosa para el diario chileno La Tercera. Y festejan mucho más que haya deslizado una crítica hacia el Gobierno cuando le adjudicó, en estos tiempos de pandemia, estar avanzando contra las libertades. Contra la sombra de Macri, el peronismo se siente seguro de poder ganar.

Algo parecido pensaba el consultor Jaime Durán Barba cuando era la estrella de la galaxia macrista. “Si sacás a la cancha a Cristina, tenés todo servido para vencer”, les decía a Macri y a Marcos Peña, quien se sentaba en el lugar donde hoy se envalentona el joven Cafiero. Y ellos le creían con fe religiosa. La trampa de la política extrema les alcanzó para derrotar a la expresidenta en la elección legislativa de 2017. Pero, poco después, explotó la economía y la estrategia de la grieta permanente se transformó en un tobogán. No se dieron cuenta hasta el último día.

Alberto ganó las elecciones y se convirtió en presidente porque una parte de sus votantes lo creyó moderado. Ahora juega un juego en el que Cristina y Macri ya ganaron y perdieron. Tal vez le convenga entender cómo es que la trampa de la grieta necesita tan poco tiempo para convertirse en tobogán.

Fernando González

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