Martes, 13 Diciembre 2016 12:00

La trampa del Partido Justicialista

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El veto del proyecto de reforma del impuesto a las ganancias es claramente impopular, con la gravedad de que Macri, en su campaña, prometió directamente eliminar ganancias

 

 

El Gobierno de Mauricio Macri afronta una semana clave que podría redefinir la relación con el peronismo en sus distintas expresiones que el oficialismo supo administrar desde que llegó al poder, en diciembre de 2015, pero que en las últimas semanas se ha deteriorado peligrosamente.

 

Hasta el 24 de noviembre, el Gobierno, con minoría en ambas Cámaras, sobre todo en el Senado, había logrado el apoyo del peronismo a casi todas sus leyes claves del 2016, como el pago a los holdouts, el blanqueo, los nuevos miembros de la Corte Suprema, el acceso a la información, la ley de flagrancia, el arrepentido, etcétera. Incluso, el Presidente se había dado el lujo de vetar una ley antidespidos promovida por el Frente para la Victoria, que había sido apoyada por el massismo y otros bloques e impulsada por la Confederación General del Trabajo (CGT) de Hugo Moyano.

 

Sin embargo, ese 24 de noviembre, el peronismo, promovido por los gobernadores, rechazaron de plano la reforma electoral que llevaba a todo el país a votar con boletas electrónicas. Más allá del proyecto en sí mismo, era la primera luz roja que se encendía en la Casa Rosada.

 

Poco tiempo demoró en ratificarse esa tendencia. La foto de toda la oposición unida en rechazo del proyecto de modificación del impuesto a las ganancias del oficialismo, para proponer un proyecto consensuado en el antimacrismo, rememoró viejas épocas, cuando el gobierno de turno cometía el error de ser funcional a la unión de la oposición.

 

Detrás de la jugada de la media sanción del proyecto sobre ganancias estuvieron dos actores importantes: la CGT unificada y Sergio Massa. Días antes de la movida que sacudió el tablero político y enojó a Macri a punto de tildar a Massa como un "impostor", un lenguaje poco usual en el ambiente del PRO, el triunvirato de la CGT —Juan Carlos Schmid, Héctor Daer y Carlos Acuña— había cenado. Allí, el pedido de los sindicalistas a Massa y al cordobés José Manuel de la Sota fue muy claro: "Ustedes apoyen el mejor proyecto y articulen en el Senado después, que nosotros también vamos a trabajar con los senadores para que lo aprueben".

 

El primer intento de Massa con el todopoderoso Miguel Ángel Pichetto, jefe del bloque de senadores del Partido Justicialista, fracasó. El rionegrino sabe que Massa buscaba capitalizar la movida y tiene muy en claro que sólo recibe sugerencias de los gobernadores peronistas, hoy por hoy, los únicos dirigentes en el Partido Justicialista con poder territorial.

 

No obstante, la ambigüedad de los gobernadores peronistas de apoyar públicamente pero por lo bajo dar rienda suelta para votar contra el oficialismo tiene varias aristas. Por un lado, los mandatarios provinciales reclaman la demora en la llegada de algunos fondos prometidos. Pero, por otro lado, observan que con las leyes que aprobó un Congreso con mayoría peronista ya le pagaron al Gobierno los favores del caso y que ahora deben ir por el proyecto propio: regresar al poder en 2019.

 

Más allá del tinte demagógico que pueda tener el nuevo proyecto de impuesto a las ganancias, los gobernadores saben que la sociedad ve con buenos ojos que suban las escalas y que, por ejemplo, también empiecen a tributar los jueces o vuelvan al sistema de retenciones a las mineras.

 

Por eso consideran que es una oportunidad inmejorable para reubicar al "peronismo cerca de la gente" y empezar a sacarse de encima al kirchnerismo, a desandar la permanente vinculación del Partido Justicialista con hechos de corrupción de la "década ganada".

 

Macri no descarta el veto, pero el precio que pagaría sería altamente superior al veto de la ley antidespidos. El veto de este proyecto es claramente impopular, con la gravedad de que en su campaña prometió directamente eliminar ganancias.

 

Si el Gobierno logra desactivar la bomba, rechazar el proyecto con media sanción en Diputados y hacerlo regresar a la Cámara Baja, habrá postergado la resolución de un tema muy delicado, porque lo ubica más cerca del kirchnerismo que del cambio. Si en verdad el Presidente lo veta, habrá dado varios pasos atrás ante el electorado que lo votó en diciembre de 2015.

 

Walter Schmidt

Editor de Política de la Agencia Diarios y Noticias (DyN)

Visto 475 veces Modificado por última vez en Lunes, 13 Febrero 2017 21:34

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