Viernes, 25 Noviembre 2016 14:00

París bien vale una misa y el éxito electoral, un poco más de populismo

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Pasó el invierno, se está yendo la primavera y los brotes verdes de los que viene hablando el Gobierno siguen demorando su aparición.

 

 

La obra pública no termina de arrancar, la inversión productiva privada continúa remoloneando y el consumo no ve una recuperación. Los efluvios mágicos que prometía el célebre segundo semestre fueron sólo una ilusión. Hay un ostensible nerviosismo en algunos funcionarios y dirigentes del oficialismo, aunque no hasta el extremo de caer en la desesperación, en tanto imaginan que alcanzará que la postergada reactivación económica comience a advertirse a partir del segundo trimestre de 2017 para llegar en buenas condiciones a las elecciones. El problema es que nadie puede asegurar hoy que la economía arranque definitivamente y con fuerza para esa fecha.

 

Hay fastidio entre los macristas frente a la pereza inversora. En contrapartida, los inversores y los empresarios, especialmente en el exterior, son especialmente cautelosos ante el gobierno nacional. Porque saben que Mauricio Macri es el quinto presidente no peronista en los últimos 70 años de historia argentina y que los cuatro anteriores no concluyeron su mandato.

 

Otros hombres de negocios se angustian al advertir que el gobierno macrista no sólo no se ha alejado de la senda populista, sino que por momentos la profundiza, de la mano de las concesiones a organizaciones piqueteras, del compromiso de que no habrá despidos hasta marzo y de un déficit fiscal que creció el 183% en octubre respecto de igual mes del año anterior. Y, por si fuera poco, escuchan al presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, llamando a ahondar acuerdos con el peronismo.

 

Hay una realidad política derivada de una difícil relación de fuerzas capaz de hacer que las políticas de Macri terminen no siendo las soñadas. El peligro es que, para evitar una crisis política, se esté retrasando demasiado la salida de la crisis económica y esto genere aún más problemas políticos.

 

La respuesta del macrismo es que, para salir del atolladero, hay que ganar las elecciones. Y si para Enrique IV París bien valía una misa con tal de llegar al trono, para algunos funcionarios el éxito electoral bien valdría un poco más de populismo. 

 

Fernando Laborda

Visto 399 veces Modificado por última vez en Lunes, 13 Febrero 2017 22:12

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