Viernes, 25 Noviembre 2016 13:58

El giro “populista” para ganar tiempo

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Hay tres lecturas posibles de la vuelta en el aire que hizo el gobierno: aquietar las aguas con los movimientos sociales, que en verdad son movimientos políticos que se presentan como sociales, tratar de mover el consumo y, fundamentalmente, ganar tiempo pensando que el tiempo por venir será mejor.

 

 

El Indec puso la chapa: la actividad se derrumbó 3,7% en septiembre y ya lleva, bien medido, 2,4% desde enero. El dato tiene el valor político de no ser ocultado, pero su contundencia sobre la mala performance de la economía elocuente.

 

Frente a este panorama, la negociación política pasó a primer plano. La oposición de todo tipo tiene olfato para detectar el momento y apretó para sacar provecho pensando en el futuro próximo de las elecciones.

 

De paso, el PJ le bloqueó la reforma política a Macri. Lo hizo usando argumentos técnicos, que el oficialismo se obstinó en desconocer a pesar de que fueron presentados con amplitud, pero en verdad la defensa del sistema tradicional encierra también una defensa de otros métodos que nada tienen que ver con la transparencia del acto electoral. En ese caso, la boleta única habría sido una salida que podría haber satisfecho a muchos.

 

La discusión del Presupuesto 2017 había sido presentada como una muestra de racionalidad. ¿Cómo se compatibiliza esa apariencia con el nuevo escenario que debe nutrirse de los recursos que discutían y acordaban todos? El Gobierno se apresuró a aclarar que los 30 mil millones, en tres años, que insumiría la atención de la emergencia serán reasignados de otras partidas. No se sabe, todavía, quiénes perdieron en esta puja.

 

El déficit fiscal es una variable que se cubre con préstamos externos, pero ese recurso, ya está dicho, no se puede usar sin límites.

 

Macri quiso escuchar de Roberto Lavagna su opinión sobre la situación económica, tal como lo contó ayer Julio Blanck en Clarín. Por las declaraciones críticas posteriores del actual miembro del Frente Renovador, no hubo mucha empatía con las posiciones del Presidente. Más allá de ese detalle, es evidente que Macri está inquieto porque la coyuntura le consume su energía pero el corto plazo es lo que manda en la política argentina.

 

El Gobierno trata de hacer los deberes –bono de fin de año, arreglo con los sindicalistas sobre obras sociales– pero todavía no recoge frutos que les permita poner freno a la ofensiva.

 

Si esta negociación permitió aislar a los sectores minoritarios que apuestan a la salida prematura del Gobierno, eso se verá en diciembre.

 

En términos políticos, lo que debería en serio preocupar a Cambiemos es el descontento de la clase media que votó a Macri en la primera y segunda vuelta (con un aporte importante de los que apostaron por Sergio Massa en octubre del año pasado). Allí es donde el Gobierno deberá trabajar para mejorar las perspectivas.

 

Es prematuro, por supuesto, sacar conclusiones más o menos firmes sobre el futuro comportamiento electoral en el año próximo. Pero si se trata de medir la temperatura actual hay encuestas que muestran en la provincia de Buenos Aires que las posibles candidaturas oficialistas están sufriendo. Curiosamente, también se registra una baja de las preferencias por Cristina Kirchner.

 

Los crujidos del PRO son un índice de que la polémica interna recién está empezando. 

 

Ricardo Kirschbaum

Visto 504 veces Modificado por última vez en Lunes, 13 Febrero 2017 22:12

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