Miércoles, 26 Octubre 2016 11:40

La clase política

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Lo que una mayoría de la sociedad votó hace un año fue no sólo el repudio a Cristina Fernández, Aníbal Fernández y siguen las firmas, sino a la dirigencia que ha provocado una ruina general con 32% de pobres, una inflación delirante y un estancamiento económico que ya dura años, pero que nunca perdió sus propios privilegios; que usó el gobierno para enriquecerse hasta el punto de que tiene problemas a la hora de presentar la declaración de su patrimonio.

  

 

Una de las múltiples enseñanzas que dejó el triunfo de Mauricio Macri el año pasado fue que la crisis de representación política es real. Un partido nuevo, vecinal, liderado por un empresario y prácticamente sin "cuadros" se impuso a la estructura política más grande del país, integrada por decenas de miles de dirigentes enclavados en las administraciones nacionales, provinciales y municipales y alimentadas con dinero público.

 

Lo que una mayoría de la sociedad votó hace un año fue no sólo el repudio a Cristina Fernández, Aníbal Fernández y siguen las firmas, sino a la dirigencia que ha provocado una ruina general con 32% de pobres, una inflación delirante y un estancamiento económico que ya dura años, pero que nunca perdió sus propios privilegios; que usó el gobierno para enriquecerse hasta el punto de que tiene problemas a la hora de presentar la declaración de su patrimonio.

 

Una dirigencia que creó una burocracia clientelar que le permite eternizarse en el poder y que llenó los cargos del estado con hijos, nueras, sobrinos, cuñados, etcétera.

 

El mensaje de los votantes contra los políticos convertidos en una casta no llegó, sin embargo, a los políticos que siguen encerrados en su propio mundo, ocupados en sus intereses de grupo. Dos ejemplos de los últimos días.

 

La Cámara de Senadores aprobó la semana pasada una ley de "paridad de género" que obliga a integrar las listas de diputados nacionales con igual cantidad de varones y mujeres en forma alternada.

 

La aprobación se hizo el mismo día de la marcha de protesta por la violencia contra las mujeres y quienes asistieron al debate pudieron comprobar cómo esa noble causa era usada por senadoras peronistas para justificar el acceso a más cargos legislativos. Se mezclaron ambas cosas sin inocencia ni decoro.

 

Como la llamada "corrección política" se ha vuelto endémica, nadie en el recinto se atrevió a señalar ese lamentable desacierto y el proyecto tuvo sólo dos votos en contra: el de los macristas Federico Pinedo y Ernesto Martínez. Este último definió la iniciativa como corporativa y con "olor fascista".

 

Razonó correctamente que pueden demandar cupo otros sectores considerándose también discriminados. Por ejemplo, los pueblos "originarios", las minorías sexuales, los jubilados o los sindicalistas.

 

Otro ejemplo de la preocupación de los políticos por continuar en el control del mecanismo que les permite reproducirse y mantenerse en el poder es lo ocurrido con la boleta electrónica. El mecanismo apunta a reducir las posibilidades de fraude y, si se convierte en ley, sería un golpe para el punterismo, el robo de boletas y el voto en cadena.

 

Hay, sin embargo, oposición a este cambio que le permite competir en verdadera igualdad de condiciones a los partidos con pocos fiscales. ¿De quién? Del peronismo. El problema está en el "chip" incluido en la boleta, ya que el escrutinio se realizaría de manera más rápida y en las mesas en que no hay fiscales de todos los partidos reduce la posibilidad de fraude.

 

Eso desvela a los legisladores que festejan el triunfo de la democracia con Hipólito Yrigoyen en 1916, pero que un siglo más tarde quieren seguir votando con sistemas caducos y vulnerables porque pueden sacar ventaja. 

 

Sergio Crivelli

Visto 314 veces Modificado por última vez en Miércoles, 08 Marzo 2017 00:51

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