Viernes, 30 Septiembre 2016 11:32

Los comicios legislativos de 2017 y el estigma de la ingobernabilidad

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Macri enfrentará un escenario complejo y novedoso, por ser un presidente que no pertenece a los partidos tradicionales con experiencia en el poder y por encabezar un gobierno de minoría, que necesita de alianzas con la oposición para sacar leyes. El PJ dividido lo favorece y los expertos creen que aunque no sume bancas, no se afectará la gobernabilidad.

 

 

Los resultados de los comicios de medio término no condicionan de la misma forma a los mandatarios de turno ni anticipan lo que vendrá. La derrota de Alfonsín en 1987 influyó en su salida anticipada. En cambio, CFK se recuperó del mazazo de 2009 y arrasó en 2011.

 

La política está llena de máximas concluyentes, de esas plagadas de prejuicios, muchas veces erróneas, que quedan en el imaginario colectivo a fuerza de repetición mediática.

 

Sucede a diario con el análisis de las elecciones legislativas que se harán en 2017, las primeras para el gobierno de Mauricio Macri. Se escucha o se lee que esos comicios "serán un plebiscito de la gestión presidencial"; "que sellarán la suerte política del mandatario"; y hasta "que serán un termómetro de lo que vendrá".

 

Menos dramático y más certero sería analizar el contexto puntual en el que se desarrollarán esas legislativas, así como el capital electoral que tiene el Gobierno en cuestión. Es que la historia, con sus matices caprichosos, ya demostró que los resultados de los comicios de medio término no condicionan de la misma forma a los mandatarios de turno ni anticipan lo que sucederá en las próximas presidenciales. Basta repasar los casos más emblemáticos para comprobarlo:

 

* Raúl Alfonsín triunfó en los comicios legislativos de 1985 pero sufrió una derrota en 1987 frente al peronismo por la que perdió el control del Congreso y que, en gran medida, condicionó la suerte de su gobierno, acorralado por la crisis económica. El final es conocido: adelanto de las elecciones presidenciales y entrega de poder anticipado al PJ en 1989.

 

* Cristina Kirchner recibió un mazazo en 2009, cuando perdió la mayoría legislativa en Diputados -aunque mantuvo el control del Senado- y pese a eso arrasó en 2011. En este caso, los comicios de medio término fueron un llamado de atención para el Gobierno, pero no lo perjudicaron debido a los enormes recursos económicos y políticos institucionales con los que contaba el kirchnerismo.

 

Por lo novedoso, el caso de Macri es aún más complejo: se trata de un presidente que no pertenece a los partidos tradicionales con experiencia en el poder como el peronismo o el radicalismo y encabeza, además, un gobierno de minoría, que necesita de las alianzas con la oposición para sacar leyes en el Parlamento.

 

En el macrismo minimizan, hacia afuera, esta situación de vulnerabilidad política. "La gente votó a Mauricio y a María Eugenia por cuatro años. En el medio hay elecciones. ¿Queremos ganar? Sí, y vamos a hacer todo lo posible. Pero no depende de eso la gobernabilidad", sostuvo hace unos días el ministro de Gobierno bonaerense, Federico Salvai.

 

Para lograrlo, esperan que en esa fecha se haya podido reactivar el consumo y bajar la inflación. Confían en que el peronismo dividido entre el kirchnerismo residual, el massismo y el sector de los gobernadores liderado por Juan Manuel Urtubey, le facilitará el camino.

 

Pero hay quienes no pueden sentir menos que pánico de sólo pensar en una derrota estrepitosa. ¿Qué pasaría, en ese caso, con la voracidad del PJ y los gremios, que pese a sus internas, no duda en disciplinarse cuando huelen sangre ajena? ¿Podría en este caso ponerse en juego la gobernabilidad?

 

El sociólogo e historiador Marcos Novaro cree que ese escenario extremo sólo se daría si el macrismo perdiera en la provincia de Buenos Aires y retrocediera en el número global de bancas. "Con ese resultado sería muy complicado sostener la gobernabilidad, porque desataría en el PJ una competencia -aún más intensa de la que existe hoy- por la candidatura presidencial. Es probable que el massismo o el peronismo más moderado de Urtubey y Diego Bossio tengan incentivos para alejarse del oficialismo y tratar así de evitar que crezca un competidor más opositor, más duro que cualquiera de ellos. Además, ese resultado repercutiría en las expectativas económicas y, por ende, en la inflación y en la inversión", explica.

 

Con todo, Novaro considera que las legislativas de 2017 no serán un plebiscito del oficialismo porque tendrán resultados muy variables en los distintos distritos, frente a una oposición que seguramente va a seguir fragmentada. "Sin duda será importante el porcentaje que obtenga el Gobierno y si amplía o no el número de bancas. Habrá que ver si se comparan los resultados con los porcentajes de Cambiemos de 2015 o se destacan los resultados distritales. Si el oficialismo retrocede en algunos distritos pero avanza en otros, puede presentar la situación como un relativo empate. Y si no suma votos y los de la oposición aparecen más descompuestos como mayoría nacional de los que obtuvo el FpV en octubre pasado, entonces el Gobierno va a poder decir que sigue siendo la primera minoría", explica el sociólogo.

 

El politólogo Enrique Zuleta Puceiro advierte que el 2017 ofrece al oficialismo un panorama difícil pero no riesgoso para la gobernabilidad. "Macri sabe y puede gobernar en minoría. Su esquema ha descartado iniciativas hegemónicas y, al menos por ahora, se limita a un reformismo gradualista que ha terminado por cooptar las voluntades de casi todos sus opositores. Por el momento, parece difícil que algún sector de la oposición logre desplazarlo del control de la agenda política", explica.

 

Y agrega: "Cuenta además con apoyos sociales de fondo, que difícilmente cambien de no mediar una pérdida de sustentación total de la política económica, extremo por ahora muy poco probable".

 

Para el abogado constitucionalista Felix Lonigro, "de ninguna manera debe considerarse que en una elección legislativa pueda ponerse en riesgo el futuro político de un presidente ni de un proyecto". "Ni la democracia ni la república debilitan gobiernos. Desde un punto de vista institucional debería considerarse normal que un gobierno en gestión pueda tener, en una elección de medio término, éxito o revés electoral, sin que esto último implique poner en riesgo la gobernabilidad ni el futuro político de ningún representante", señala.

 

Zuleta explica además las diferencias entre las derrotas de Alfonsín y Cristina Kirchner. "En 1987, el radical perdió el control de la mitad más importante de las provincias y de ambas cámaras. El contexto económico nacional e internacional era pésimo y la oposición se había reorganizado bajo la conducción de un grupo de gobernadores jóvenes, renovadores y decididos a recuperar el poder perdido. En el 2009, Cristina ganó las elecciones en todo el país, salvo en Buenos Aires. Enfrentaba a una oposición desmembrada, sin vínculos de ningún tipo, salvo el rechazo común al Gobierno. El kirchnerismo pudo así controlar la situación y relanzar una estrategia hegemónica que todavía contaba con apoyo de sectores importantes de las clase media urbana", recuerda.

 

Novaro, en tanto, cree que la situación para Macri se podría parecer un poco a la que vivió Alfonsín en 1987 con el peronismo y otro poco a la de Cristina en 2009 "porque la situación económica no sería tan grave y para nada ingobernable". "En todo caso -dice- si Cambiemos resultara derrotado, Macri podría cumplir finalmente dos de los objetivos importantes por los que fue electo: salir de una etapa de populismo sin estallido y completar el mandato, que para un gobierno no peronista sería toda una gloria".

 

Giselle Rumeau

Visto 263 veces Modificado por última vez en Miércoles, 08 Marzo 2017 00:08

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