Martes, 10 Mayo 2016 10:44

El Gobierno y la oposición en un enredo que no suma

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La política argentina está enredada. El gobierno quedó encerrado en el debate por los despidos, en buena medida porque anticipó el veto a una ley que todavía no existe.

Y la oposición que no encuentra el camino para abroquelarse en torno a un mismo proyecto, porque en el fondo lo que empieza a estar en juego es el liderazgo del variopinto arco político peronista.


Llamativa postura la del PJ que, ahora, acicatea un proyecto similar al que tiempo atrás la propia Cristina Kirchner se encargó de bombardear como Presidenta.


Con ese panorama comienza una semana en la que todo puede pasar. Y esa es tal vez la peor noticia para la certidumbre económica que pretende generar la administración de Mauricio Macri. “Eso que están haciendo espanta las inversiones y genera inquietud”, dijo en reserva uno de los funcionarios más importantes del gobierno en referencia a la “ley antidespidos”.


En la vereda de enfrente, los opositores replican que las inversiones no van a corporizarse nunca en un país cuya tasa de interés se plantó en un elevadísimo 38% anual. Pero en la Casa Rosada sostienen que la acción del Banco Central es clave para bajar la inflación. Y empiezan a fijar la idea de un “pacto por el empleo” que apuntaría a comprometer a los empresarios.


Esto es, que los hombres de negocios firmen un documento en el cual accedan a no despedir trabajadores por un plazo determinado, ni suban los precios de sus productos, especialmente los destinados al mercado interno. Las organizaciones empresarias más importantes estarían dispuestas a apoyar esa iniciativa, si es que el gobierno logra frenar la “doble indemnización”.


La fotografía del momento que atraviesa el país va quedando clara: el presidente Mauricio Macri necesita poner de su lado a los empresarios para terminar con el alza de los precios, mientras que los distintos sectores de la oposición buscan el concurso de las centrales obreras. No es una tarea sencilla para nadie, ya que son grupos de poder acostumbrados a hacer su propio juego, más allá de la política.


DISCURSO ANTI-K


El Presidente, que el martes irá a La Pampa a lanzar un plan que establece la construcción de tres mil jardines de infantes, se siente cómodo con un discurso que marca diferencias con el kirchnerismo. Por eso ayer, en Quilmes, dijo que “se terminó la época en que la obra pública sólo estaba ligada a la corrupción”. De fondo, hay una estrategia diseñada en esa dirección.


La cuenta que hacen en la Casa Rosada es simple: si la ex presidenta Cristina Kirchner conserva un apoyo de entre el 25% y el 30% del electorado, Macri no hace más que hablarle a la porción mayoritaria, que es la que por otra parte lo puso en el sillón de Rivadavia. Así, el gobierno ni siquiera fomenta la polarización, sino un juego en el cual no corre riesgo alguno de perder.


Pero los problemas se le presentan a la administración macrista a la hora de comunicar la gestión. Las críticas fueron puestas sobre la mesa por sus aliados radicales y por Elisa Carrió, pero el ideólogo gubernamental Marcos Peña se planta en sus trece: “No hace falta hacer cadenas todos los días, la gente la tiene clara. Creemos en una comunicación horizontal”. Peña, tal vez, debería evaluar al menos, la posibilidad de replantear la calidad de lo que se comunica.


No obstante, la catarata de cuestionamientos que suele recibir el ministro de Energía, Juan José Aranguren, cada vez que intenta explicar una medida de su cartera, debería hacerle replantear al gobierno algún aspecto de su comunicación. Aunque puertas adentro, ya hubo reprimendas para algunos funcionarios, como el titular del PAMI, Carlos Regazzoni.


En ese caso fueron los propios Macri y Peña los que regañaron al titular del organismo de los jubilados cuando trascendió que se estaban quitando remedios del vademécum de la entidad. Regazzoni parece haber aprendido aquella lección, porque antes de ir a dar explicaciones al Congreso, hizo difundir imágenes escandalosas sobre la ineficacia de la gestión anterior.


ROSCA LEGISLATIVA


En el Parlamento, justamente, se estaba cocinando una negociación que, por primera vez, sentó en una misma mesa a las distintas expresiones del peronismo, desde que Macri asumió el poder. Sergio Massa lo fue a ver primero a Miguel Pichetto, el jefe del bloque de senadores del FpV, y luego se reunió con José Luis Gioja, ya convalidado como el nuevo titular del PJ.


De ese encuentro, del que también participó el ex kirchnerista Diego Bossio, salió un principio de acuerdo para avanzar en la Cámara de Diputados con el tratamiento del proyecto de ley antidespidos que ya tiene sanción en el Senado. Pero el Frente Renovador -entre otros- pretende introducir modificaciones al texto original, con el objetivo de incluir beneficios impositivos a las pymes.


El kirchnerismo se opone a los cambios y apuesta a que a Massa se le parta el bloque entre los diputados de origen sindical y los de filiación empresaria, como “el vasco” De Mendiguren. Sin embargo, Gioja sería proclive a sacar un dictamen en conjunto que aísle a la alianza oficialista. La réplica no se hizo esperar: “Quieren desestabilizar al gobierno”, advirtió ayer “Lilita” Carrió.


A su vez, el jefe del interbloque Cambiemos, Mario Negri, dedicó a los diputados opositores una frase picante: “Acá en la Cámara tenemos un modo de trabajar que no vamos a abandonar por más zozobra que haya”. ¿Por qué utilizó el dirigente radical cordobés la palabra “zozobra”? Podría haberse referido a posturas del gobierno que incomodan a sus propios legisladores.


“En el Gabinete no hay discusiones, salvo los radicales…”, admitió uno de los ministros de Macri en “off the record”, dejando la frase inconclusa para no ahondar en la explicación de esas diferencias. El mismo funcionario había recibido minutos antes en su despacho de la Rosada al propio Negri y a otro referente histórico de la UCR, el chaqueño Ángel Rozas.


MENSAJE JUDICIAL


Mientras el Ejecutivo y el Legislativo afrontan un debate directo, la Justicia, tampoco se encuentra ajena al proceso político en marcha. Tanto es así, que ayer el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, admitió cierta “demora” en la investigación sobre las andanzas del contratista Lázaro Báez como presunto testaferro de la familia Kirchner.


Lorenzetti fue un poco más allá: “Los jueces no pueden depender del contexto político”, advirtió el jefe del supremo tribunal. El mensaje debería ser asimilado por el juez Sebastián Casanello, mientras que otros magistrados federales ya lo instrumentaron. Por caso, Julián Ercolini acaba de ordenar un megaperitaje sobre documentos de Hotesur.


Se trata de la sociedad de la familia Kirchner que administra sus hoteles en la Patagonia. Ercolini puso en la mira unas 200 cajas con documentación que permanecen arrumbadas en un galpón de la Prefectura, sin que el juez anterior de la causa, Daniel Rafecas, les otorgara importancia en el expediente. Ahora la investigación parece camino a reactivarse.


La Justicia venía de allanar departamentos de la firma “Los Sauces”, de Cristina y Máximo Kirchner, por orden del juez Claudio Bonadio. Aunque no pudo completar el trámite en propiedades del ex ministro Julio de Vido, quien se amparó en sus fueros de diputado. Así las cosas, la peregrinación judicial de la ex presidenta se avizora cada vez más extensa.


El gobierno aprovecha esa situación apremiante de la ex presidenta, mientras intenta enderezar el rumbo de la economía. Para ello, debe apelar a medidas en la que no cree –como el control de precios, con el programa “precios cuidados”- por su carácter intervencionista.

Mientras se pregunta cuál será, de acá en más, la mejor forma de lidiar con el peronismo. 


Mariano Spezzapria
Twitter: @mnspezzapria

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