Lunes, 09 Mayo 2016 12:54

El momento de la catarsis de Mauricio

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Tarde pero seguro, porque el mérito está en reconocer y corregir, en el gobierno van descubriendo que algunas cosas no les salen del todo bien. O no todo lo bien que Mauricio Macri pretendería.

Se anotician de lo obvio, que es que la luna de miel con la sociedad terminó al cabo de 150 días (a otros presidentes no les daban ni cien), aunque como premio consuelo quedan las encuestas que sostienen que así y todo el presidente conserva una elevada imagen positiva, entre 50 y 60 puntos según quien lo mida. Pregonan día y noche que van por el buen camino, que vendrán tiempos mejores, que la inflación va a bajar, pero no consiguen que ese mensaje de prefelicidad que nos aguardaría hacia fines de año logre prender en el humor colectivo. Se buscan correcciones, y hasta ya hay quienes husmean si se necesitaran nuevos correctores en reemplazo de los actuales, mientras una feroz interna cruzada entre ministros y coordinadores de gabinete, que el presidente no puede o no quiere frenar, termina de complicar esa salida hacia horizontes mejores.


En medio de esas vicisitudes y de un empeño a toda prueba para dar una buena noticia por día para contrarrestar otra mala, los que pasaron han sido días de catarsis. En múltiples reuniones que se suceden en ministerios y secretarias, o en reductos gastronómicos de Palermo, y hasta en la renovada convocatoria de Macri a la mesa "súper chica" con la que suele consultar las profundidades de la gestión (Peña, Niki Caputo, Monzó y Carlos Grosso, no mucho más) ya hay cuestiones que casi no se discuten. Aquella idea de dividir al peronismo de los comienzos de la gestión no sólo fracasó, sino que la realidad estaría entregando pruebas de que puede resultar todo lo contrario. No importa si también al peronismo no lo una el amor sino el espanto (a un eventual renacimiento de Cristina). Se ha dicho en esos conciliábulos que el gobierno ha hecho un culto de la gestión desde que asumió. Y que se ha anotado hechos resonantes, como la salida del cepo, el acuerdo con los holdouts, la eliminación de las retenciones. Alguna amargura se deslizó por allí por cómo pagó José Luis Gioja la eliminación de ese tributo en la minería, el gran negocio de su provincia cuyana. Como si les costara entender que en la política no habitan las carmelitas descalzas.


Se lanzaron cinco o seis planes claves en materia social, se anunciaron cientos de obras públicas en casi todo el país. Ahora mismo el financiamiento de dos mil millones de la Corporación Andina de Fomento el Plan Belgrano que generará cientos de puestos de trabajo. Pero no hay caso: casi todo el espectro político y ciudadano, y hasta desde adentro mismo del espacio o del oficialismo y sus alrededores, les siguen facturando la falta de un plan contra la inflación, los despidos, el aumento de los precios, los ajustes.


Macri ha tenido que soportar en el medio chicanas como las de Sergio Massa y Hugo Moyano sobre su presunto precario conocimiento de los palotes de la política.


Hay una realidad que se palpa: el presidente reclama el compromiso de todos los sectores de trabajar juntos para sacar el país adelante luego del desmadre, pero los empresarios no lo escuchan y remarcan; los sindicalistas se endurecen porque no consiguen respuestas ya a sus reclamos; y el peronismo, al menos ahora mismo, en vez de desmembrarse se congrega.


En el gobierno ven como una de las estrategias claves del momento volver a las fuentes, que es un nuevo acuerdo de gobernabilidad con los gobernadores. Rogelio Frigerio los convocó para dentro de diez días y ahí el presidente apuesta buena parte de la idea de que todo vuelva a ser un poco más normal. El argumento es siempre el mismo: "si vos me das, yo te doy". Reactivar el siempre atractivo flujo de caja hacia las provincias, tan necesitadas de retomar obra pública y de pagarle a empleados y proveedores. Habrá que ver si sirve ahora para evitar que salga del Congreso la ley antidespidos o para que el gobierno encuentre un poco de paz, como sirvió aquella vez para convocarlos a darle el acuerdo en el Congreso a las leyes que permitieron pagarle a los fondos buitre y recuperar el crédito a tasa razonable como ha comenzado a ocurrir.


Ya se vio que esa estrategia en el Senado no sirvió. Y en Diputados, el peronismo busca pararse en la vereda opuesta de aquellos planes: mostrarse todos juntos contra el gobierno, hasta cuentan con el coqueteo de Massa y Diego Bossio, y sueñan con la foto de familia que incluya a las cinco centrales sindicales. Un ejercicio de peronismo básico cuando ha perdido el poder y busca recuperarlo.


Dos conclusiones a la salida de aquella catarsis: reflotar el rol de los gobernadores, volver a aquellas fuentes, y de una vez por todas lanzar un programa antiinflacionario como le reclaman hasta sus propios aliados. Vale la reflexión, amarga, de un macrista puro. Desgrana el hombre que el gobierno pregona que todo va a estar mejor, que vamos por el camino correcto, que suena bien que el presidente diga que le duele haber tomado las duras medidas de sinceramiento para reparar la herencia recibida, que los precios van a bajar y que hacia fines de año todos vamos a estar mejor. Pero la inflación de abril dio el 7 por ciento, y quedó más cerca del 40 para todo el año que del 25 que todavía pronostican Prat Gay y Frigerio.


Al gobierno le cae saludablemente bien que las encuestas sigan acompañando en materia de imagen, y que a la vez la corrupción pasada haya saltado al primer plano junto a la inflación en las mismas encuestas. La reafirmación de que Cristina Fernández no la va a pasar bien con la Justicia, la sumatoria de causas y la ruta del dinero K con Báez y compañía presos es un buen tema que no se baja de la tapa de los diarios. Aunque no haya sido la idea original del presidente, cuando se imaginaba a él y Cristina los dos solos sobre el ring mientras el peronismo por debajo se deshacía en varios pedazos.


Hoy la escena es bien distinta y ese por ahí es un faltante, un tema al que no le encuentran la vuelta. Porque el ministro Garavano ya ha dicho que el presidente no va a mover un dedo por la doctora, que el que tenga que ir que vaya preso. Justicia independiente, ellos no aprietan jueces, es el mensaje. Aunque por lo bajo igual le digan que una Cristina repuesta en la escena y peleándole cada baldosa de representación al peronismo que la desprecia por ahí era un escenario que resucitaría aquella estrategia, que tal vez ya no podrá ser.


Porque hay varios jueces que están intentando hacer bien los deberes, más precisamente cuatro de ellos la tienen a la doctora en la mira. Y se reafirma, para bien o para mal de Macri, que su futuro y el de su hijo Máximo probablemente quede más cerca de los despachos de Comodoro Py que de la trifulca con el peronismo que la dejó ostensiblemente afuera y quiere sumarla a los trastos viejos de la política. 


Eugenio Paillet

Visto 439 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 21:31

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