Lunes, 09 Mayo 2016 12:36

Para un ajuste fiscal hay que utilizar políticos, no gerentes

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Aumentaron la conflictividad y las movilizaciones porque no hay respuesta del gobierno a la hostilidad político-sindical. El problema no es más grave porque el peronismo está sin conducción.

Mauricio Macri está sufriendo la lluvia ácida del ajuste fiscal. Un ajuste insoslayable para evitar un colapso y poder resetear la economía, pero por el que está pagando un costo mayor al necesario por al menos dos razones: varios integrantes de su equipo ignoran lo que se llama solidaridad política y él no se los explica y actúa en consecuencia.


Ejemplo transparente de esta situación fue el de la presidenta de Aerolíneas Argentinas, Isela Constantini. Ex CEO de una automotriz norteamericana, le encargaron la tarea de sanear la aerolínea de bandera que es uno de los exponentes más acabados de corrupción y clientelismo de la "década ganada".


Llegó la hora de recortar las brutales pérdidas de la empresa y la gerente devenida funcionaria descubrió que "ir de lo privado a lo público es más complejo de lo que parece y de lo que uno quiere".


Hizo esa confesión en un almuerzo con hombres de negocios que asistieron atónitos a apelaciones a la realidad del tipo "entre los empresarios falta asimilar que los gremios existen y seguirán existiendo" o "el día que los empleados no me quieran voy a ser la primera en irme". En pocas palabras: el ajuste me lo manda a hacer el presidente Mauricio Macri, pero si la resistencia sindical me incomoda, me voy.


¿Cuál fue la respuesta del presidente Mauricio Macri o del ministro del área, Guillermo Dietrich? Ninguna pública. En el momento de mayor presión inflacionaria, cuando la consigna de las centrales sindicales es caos y movilización, cuando el peronismo presiona en el Congreso y los caciques gremiales amenazan con paros generales, desde lo más alto del gobierno se admite la preservación personal de los funcionarios y no hay un discurso oficial unificado. Peor aún, lo que se detecta claramente es la falta de conducción, porque los funcionarios se dedican a la libre difusión de sus ideas personales cuando nadie desde la presidencia o la jefatura de gabinete los encuadra.


En este marco lo grave no es que los CEO"s no tengan "cintura" política, sino que copian lo peor de los políticos: desentenderse de las responsabilidades que vienen con el puesto que se les concedió; no se hacen cargo. La lógica empresaria y la lógica política son distintas y se presume que el presidente debería aclarar esa diferencia a los miembros de su gabinete.


A lo que hay que añadir que la actitud de la presidenta de Aerolíneas no es la única entre los colaboradores del presidente ni se limita a los funcionarios que provienen del sector privado. Está cada vez más extendida entre los políticos que inicialmente habían sido considerados aliados o directamente miembros de la coalición oficialista.


Decisivo para probar quiénes acompañan al gobierno y quiénes no ha sido el proyecto para "prohibir" despidos, impulsado por el kirchnerismo y Hugo Moyano.


A la iniciativa fueron plegándose distintos sectores ante la inmovilidad del macrismo. En primer lugar el de Sergio Massa, que tiene mucha mayor difusión en los medios que poder real en la Cámara de Diputados.


El diputado quedó en la incómoda posición de haberse convertidos en aliado de los "K" y trató de modificar el proyecto votado por el Senado, pero no pudo. El presidente del bloque del Frente para la Victoria, Miguel Pichetto, le dijo que no en la cara y en el gobierno no lo atienden. Quiso quedar bien con Dios y con el diablo y planteó cambios que a nadie le interesan. Al kirchnerismo porque quiere ver rápidamente convertida en ley la sanción del Senado y al macrismo porque no quieren ni la prohibición de despidos ni la indemnización doble. Además Massa no controla su bloque, ni Héctor Recalde el suyo. El peronismo está en estado de deliberación y cada cual actúa como le parece.


En lugar de sacar provecho de esa atomización, Macri hace -asombrosamente- lo posible para unificar a los opositores.

Anticipó que vetará la iniciativa si llega a convertirse en ley, algo que todavía no ocurrió. Se generó anticipadamente un problema que podría haber evitado, quedó comprometido en una posición de la cual no podrá retroceder sin costo y les dio una bandera a sus adversarios tras la cual encolumnarse. Difícil cometer más errores respecto de una sola cuestión.


Pese a tanta indigencia política, sigue contando con una ventaja sólida: por ahora sigue siendo él o Cristina Kirchner, Moyano, Recalde, la Cámpora o el resbaloso Sergio Massa. 


Sergio Crivelli

Visto 441 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 21:31

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